Me di una vuelta por el Bar Británico

Como para ir tomando impulso para las nuevas notas, a principios de semana al salir del laburo me fui a desayunar al Bar Británico, uno de los oasis de luz de la noche porteña, sobre cuya clientela nocturna escribí una nota el año pasado. 

No encontré a Osvaldo, el encargado nocturno que conocía, ni al dueño, Agustín Sousa. Charlé con Mauro, que usualmente está de día, pero esa vez cubría un franco de Marcelo, el nuevo encargado de la trasnoche.

Me contó cómo curiosamente se estratifica la concurrencia noctámbula por franjas horarias.

La primera tanda la integran los jóvenes que hacen la previa de los boliches, luego se mezclan los habitués con los que salen de laburar de los negocios de la plaza Dorrego, después llegan los que salen de la milonga del centro cultural “Torcuato Tasso”; más tarde se produce la salida de los boliches, y ya al alba empieza a aparecer la gente que desayuna antes de ir a trabajar o estudiar. 

Pero lo que realmente me dejó preocupado es que le aplicaron el derecho de admisión a Tony Trainor, pieza fundamental de la arquitectura humana de ese reducto. No sé que habrá pasado. Tengo que averiguar.

Mientras tanto, para los que quieran leer algo más, les transcribo mi nota del año pasado:

La vieja guardia bohemia anhela restaurar el espíritu del Británico

Buenos Aires, 23 de abril de 2007.- El Bar Británico, pasadas diez semanas de su reapertura tras la gesta que con 15.000 firmas desbarató el riesgo que que se convirtiera en un inexpresivo ciberquiosco, lucha ahora por restaurar su espíritu maltrecho en el San Telmo que mira al sur.

Abanderada de esa causa es la “Mesa de los Cincuentones Elegantes y Decadentes”, como se define a sí mismo el núcleo duro de parroquianos noctámbulos, custodios de la genética bohemia de las históricas 35 mesas en el vértice noroeste del Parque Lezama.

 “El escenario se salvó y viene mucha gente nueva pero el espíritu todavía está ausente”, confirma uno de sus miembros, el periodista Martín Malharro, integrante de una familia de artistas e intelectuales y vecino de enfrente.

“Hay un desfile de cazadores de trofeos que vienen a ver un Británico que ya no está”, añade este bisnieto de uno de los padres del impresionismo argentino, de su mismo nombre, que detesta la inclusión del bar en los circuitos de la curiosidad turística.

El Bar Británico reabrió el 7 de febrero pasado tras siete meses de cierre por cambio de firma, cuando el propietario decidió no renovarle el alquiler al trío de gallegos que lo explotó 45 años y así despertó un gigantesco reclamo en favor de su continuidad.

La vieja guardia incluye por ejemplo al ahora director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, que reunía allí a un grupo de estudio; al ex vicepresidente Chacho Álvarez, al poeta Enrique Symns y a la artista plástica Liliana Ferrari.

En opinión del dramaturgo Elio Gallípoli, también vecino y miembro de la Mesa, la expectativa de un éxito regenerativo se funda en una hipótesis sorprendentemente simple:

“Éste era un boliche de mierda cuyo mérito era estar abierto toda la noche y como sigue abierto las 24 horas, hay esperanzas”, dice este hombre nacido en Italia, con muchos años de residencia argentina y activa participación en el memorable Teatro Abierto.

“¿Sabés qué se perdió? A los melancólicos, y un bar sin melancólicos no es un bar, es una confitería”, explica con una mueca de desprecio, aunque lanza su convocatoria en otra dirección: “Lo que ahora necesitamos es que vengan las chicas. Que vayan menos a los clubes de solas y solos y vengan aquí”.

Sin embargo, Malharro interviene para aclarar que “esto nunca fue un lugar de levante como La Paz”.

“Es verdad, La Paz, el de antes, era otra cosa, pero lo asesinaron”, tercia Rubén Palmolella, de La Paternal, viejo concurrente del café de Corrientes y Montevideo cuando tenía manteles en las mesitas, y de asistencia intermitente a la Mesa porque vive parte del año en el exterior.

Horacio Boero, un arquitecto de La Boca , uno de los líderes del movimiento pro-preservación que involucró hasta al cantautor español Joaquín Sabina, concita la aprobación general de la Mesa cuando resume: “El Británico era como el living de nuestras casas”.

“Aquí no hacemos cita con nadie, nos encontramos. Antes, hasta había un televisor y veíamos las películas que elegíamos nosotros”, recuerda Malharro.

El periodista aporta que “el funcionamiento era celular: la mesa de los tacheros cerca del mostrador; los fateros en el reservado… “

Apunta que “ya no se ve gente leyendo libros ni escribiendo”, lo cual no es poca cosa para un lugar mencionado por Borges, Arlt y Girondo, y donde Ernesto Sábado redactó parte de Sobre Héroes y Tumbas, ambientada en el Lezama.

El que sí volvió es Tony Trainor, un periodista galés que “durante el cierre estuvo exiliado, porque ni siquiera se permitió, como otros, cruzar la calle al Hipopótamo”, dice la Mesa.

“Viene con la laptop, que cuidamos entre todos porque él se va cada rato a fumar a la vereda. También trae su guitarra y da clases de inglés aquí”, revela Malharro.

Gallípoli no tiene dudas: “Después que se cargaron San Juan y Boedo y el Café de los Angelitos y masacraron Corrientes, donde ya no están el Pernambuco ni el Ondine, la gente busca. Así que este lugar va a hacer otra historia”. (Raúl Queimaliños)

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4 Comments on “Me di una vuelta por el Bar Británico”

  1. Luciana Says:

    Raúl, lo prometido es deuda. Te felicito por tu blog, y me enorgullece mucho que esté presente el Británico. Martín, Ellio, Horacio… me emociona leer sus palabras de hace un año atrás, y contar con sus presencias y sus locuras de todos los días.
    Supongo que con “Osvaldo” te referías a Edgardo, quien lamentablemente tuvo que dejar de trabajar por orden médica a raíz de una patología psiquiátrica crónica que ya arrastraba de unos cuantos años atrás.
    Tony, por su parte, ya no deambula más por los bares de Defensa y Brasil. Dicen los que saben más que yo que un desengaño amoroso lo tiene a mal traer, y que por ello sus últimas borracheras británicas fueron tan violentas que quienes trabajan allí por las noches se hartaron y pidieron esa medida.
    Sé que significa una gran pérdida para muchos, pero a veces se olvida que quienes trabajan en el bar también son personas, con sus días y sus mundos, y por ello se decidió priorizar el derecho a un laburo digno al derecho de permanencia de un habitué.
    Por último, te agrego un dato que a más de uno le va a interesar; Martín Malharro ha publicado una novela de suspenso que transcurre en el bar, “Banco de Niebla”, de la Editorial de la Universidad de La Plata. Pronto, me dijo, estará en las calles una segunda parte de lo que, espera, conforme una trilogía.
    Me despido “Queima”, con un abrazo grande para vos y tus lectores!!

    Luciana

  2. Queima Says:

    Luciana, qué gusto. Muchas gracias por este comentario.
    Sí, recordaba mal: Edgardo, así que con problemas de salud. En fin, una pena.
    También lamentable por cierto lo de Tony Trainor. No llegué a conocerlo personalmente, pero me hablaron tanto de él que lo considero un miembro esencial de esta “fauna” noctámbula. Ojalá pronto supere él su malestar de espíritu y consiga su rehabilitación en el bar. Al margen, comparto definitivamente que quienes trabajan tienen derecho a hacerlo en condiciones dignas y seguras. Eso no se discute.
    Y cuánto me alegro por lo de Martín. Por él mismo, y por mí, porque creo que ya tengo un pie para volver una de estas noches y hacer otra nota.
    Un detalle más, Luciana. Quedó muy en la nebulosa quién sos vos. Yo lo sé, colega, pero ¿no querés contar vos tu relación con el Británico?
    Un cordial saludo.
    Queima

  3. Pablitooo Says:

    Leí la parte donde nombras a Sobre Heroes y Tumbas y me dio un escalofrío…
    Que buen libro!

  4. Luciana Says:

    jajaja Quién soy? Qué pregunta!! jaja

    Soy, entre otras cosas, hija del nuevo dueño del Británico, Agustín Sousa.


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