Apostillas al encuentro con Martín Malharro en el Británico

Los libros. La trilogía policial que está escribiendo Martín Malharro ambientada en el Bar Británico se llama “La Balada de San Telmo”. El primer tomo, en la calle desde el año pasado, es “Banco de Niebla”, y habla de la Triple A y de José López Rega. El segundo es “San Telmo, 11.25″, sadrá este año y se refiere a robos de reliquias en un museo. Del tercero sólo sé que saldrá en 2009.

El “héroe”. El detective privado Mariani (no se sabe el nombre de pila) es un lumpen, un busca, cuadrado como una baldoza. No busquen un perfil sicológico ni nada por el estilo en las novelas. El autor dice que es “un rastreador, de ésos que describe Sarmiento en Facundo, no un detective”. Vive con dos tías que le dicen “Nene” y le toman datos de personas perdidas de Crónica TV para que él vaya a ofrecer sus servicios. Tiene un amigo mecánico que le presta autos, porque él no tiene auto, ni celular, ni nada.

El escenario. Mariani atiende en el Británico. El primer tomo empieza en la mesita que está debajo de la palabra “bar” pintada en el vidrio de la ventana que da a Brasil. El segundo, en la que está debajo de la misma palabra en la ventana que da a Defensa.

El barrio. El autor vive y hace vivir a sus personajes en el San Telmo sur, aledaño con el parque Lezama, cuyo epicentro es el Británico, y considera ajeno al San Telmo turístico, que se despliega de la avenida San Juan “para allá”. El segundo tomo comienza con el crimen de un anticuario en ese sector. “Lo cometen en el San Telmo turístico y lo vienen a resolver al San Telmo místico”, dice Malharro.

La edición. La trilogía es editada por la Editorial de la Universidad Nacional de La Plata. El primer libro está dedicado “A Manolo, in memorian”, por el español Manuel Vázquez Montalbán, que iba a prologarlo pero falleció. El prólogo lo escribió finalmente el argentino Juan Sasturain.

La historieta. La está preparando la dibujante Fernanda Lanutti, de Luján, una artista que admira al maestro Alberto Brescia y está enamorada de “El Corto Maltés”, de Hugo Pratt. Hasta ahora no ha hecho un trabajo parecido y éste lo ha tomado con mucha energía y vocación. Está investigando y fotografiando los lugares del barrio mencionados en los textos. Su técnica favorita es la acuarela.

Personas/personajes. El autor se divierte incluyendo en su relato personas tomadas de la vida real, incluso con sus nombres reales a veces, a las que asigna otra personalidad. Y asegura que ellos quedan encantados de figurar. Mariani es un amigo de la infancia de Malharro en la ciudad cordobesa de Bell Ville, que hoy tiene un maxiquiosco en el conurbano. El periodista Luis “Pájaro” Salinas aparece con un perfil con cresta; otro periodista figura como Mario, un jugador empedernido y cantante de boleros fracasado, que es el de la anécdota de la entrada anterior. Julián Mandriottis, ex jefe de prensa de Sandro y de la Cámara de Diputados, es en el libro dueño del bar Roma, en La Boca, que hace de pantalla a su actividad como jefe de la mafia. Mariani va a verlo de parte de Ricardo Ragendorfer, otro periodista y escritor especialista en casos policiales.

La película. El autor asegura que sus textos “son muy cinematográficos, casi un guión”, pero esta característica de personas reales con sus nombres (y sus caras, en la historieta) inspirando personajes ficticios remite en particular a una película, de Woody Allen, que el propio relato menciona: - ¿Vos viste la película ‘La Rosa Púrpura del Cairo’? - le pregunan a Mariani. -Yo no voy al cine- responde. -Bueno, como en esa película, vos te saliste de la pantalla.

La tapa. La tapa de “Banco de Niebla” (en cuanto pueda resolver una cuestión técnica la incluyo, muestra a una anciana con unos anteojos negros de marco blanco, muy de Hollywood de los 50, que pasa riendo por delante del Británico) representa para el autor al Destino que se ríe de Mariani. En realidad es la foto de una vecina que vive en un departamento sobre Defensa, a metros de Brasil frente al Lezama, a dos puertas del edificio donde vive el autor. Es doña Rosita, de 92 años, que años ha era farmacéutica en San Telmo. Cuando se enteró de que el autor había elegido esa foto, fue a tocarle el timbre: -Me dijeron que Ud. va a poner mi foto en la tapa de su libro- inquirió a Malharro. -Sí, ¿está de acuerdo? -Dígame, ¿el libro tiene sexo? - Ni un beso, Rosita, y además la recaudación es a beneficio de la biblioteca de la facultad donde yo enseño. -Ah, está bien.

La escena imperdible. Esa tapa puede verse ahora en un cuadrito colgado detrás de una mesita en el bar. Resulta que Rosita, muchos domingos, se cala los mismos anteojos y se produce igual que en la foto y se va a tomar algo a esa mesita. No pasa mucho tiempo hasta que algún turista o visitante ocasional nota el parecido y le pregunta, y ella permite que le saquen fotos y hace declaraciones sobre la novela.

La escena mágica. Exactamente el domingo pasado, el verdadero “Gordo” Mariani, muy halagado porque su amigo de la infancia lo había puesto en la novela, fue a visitarlo al Británico y a buscar “su libro”. Y se produjo el encuentro con Rosita. - ¡¿Ud. es Mariani!? -preguntó ella admirada. Tras la confirmación llegó el abrazo y alguna lágrima de emoción. Fue un momento mágico en que se fundieron el protagonista y la portada.

El autor. Si alguien guglea “Martín Malharro” no llega muy fácil hasta el autor. Ocurre que este periodista, docente y escritor cincuentón tiene antecesores del mismo nombre, entre ellos su bisabuelo que fue un artista plástico de renombre, uno de los padres del impresionismo argentino. A éste Martín Malharro se lo encuentra en la oficina de prensa del Senado de la Nación o dictando clase en la facultad platense de Periodismo y Comunicación Social, pero los fines de semana está en Córdoba con su segunda esposa y su segunda hija, de 10 años. También fue periodista de El Porteño, Página 30 y Humor. Pero antes que eso, ejerció la profesión como un trashumante de las noticias por los más remotos rincones del mundo. Trabajando como ‘free lancer’ de textos y fotos para medios europeos, vivió sucesivamente en Irán, donde cubrió la caída del Sha; en Afganistán, cuando se produjo la invasión de los soviéticos, en Pakistán, en la capital de Nepal, Katmandú, desde donde parten las expediciones al Everest, en el último año de la “generación de las flores”, o sea de la heroína libre, y también anduvo seis meses recorriendo la India. Finalmente aterrizó en Sri Lanka, donde se instaló un tiempo en un pueblito costero sin luz eléctrica, Hikkaduwa, para practicar caza submarina con apoyo de un catamarán de troncos de árboles y un socio cingalés para llevar turistas a pasear. También pasó varios meses recorriendo África con la consigna de seguir los pasos de Ernest Hemingway y relatarlo para un diario inglés. Está seguro de haber encontrado el lugar exacto desde el que el escritor estadounidense observó el Kilimanjaro. Su primera esposa, con quien tuvo una hija, fue una alemana muy decidida a conocer mundo como él, hasta que en cierto momento, entre las opciones posibles (Tonga, en el Pacífico Sur; una isla en el Báltico, donde se filmó La fiesta de Babette; las Canarias) eligieron venir a la Argentina. Tiene una colección de 1800 diapositivas de toda aquella etapa. Podría afirmarse de él mismo que llevó una vida de novela o se escapó de alguna pantalla.

 

 

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One Comment on “Apostillas al encuentro con Martín Malharro en el Británico”

  1. Queima Says:

    Una amiga de Posadas, Angélica, a la que acabo de contar que esta bitácora existe y a la que le gusta mucho leer, me dijo que justamente armó una coleción de …trilogías policiales, y que había oído de este trabajo de Malharro pero no sabía el nombre hasta que lo vio aquí. Como periodista digo ‘informé, misión cumplida’.

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