Las ideas de Miguens, los planes de Cristina

He seguido con mucha atención, el sábado, tanto el acto de La Rural como la conferencia de prensa de la presidenta Cristina Fernández. Como siempre en política y economía, trataré de ceñirme a las esencias. Observé esto:

Luciano Miguens, presidente de la Rural, pidió al gobierno un plan agropecuario nacional con la meta de duplicar la producción en diez años, a ser convenido entre las autoridades y las cuatro grandes asociaciones empresarias del campo.

Miguens no dijo ni una palabra sobre la forma en que se distribuye la renta ahora ni cómo se distribuiría en ese plan. Se deduce que a su juicio, así como está, está perfecto.

Cristina dijo que no se arrepiente de haber promovido las retenciones móviles y destacó que ese proyecto hizo que por primera vez se pusiera sobre el tapete cómo se repartía la riqueza, en este caso la que provendrá de la nueva y potente demanda de alimentos en el mundo con la firme suba de precios. 

La presidenta consideró esa iniciativa, que tuvo posibilidades reales de ser aprobada, de un significado tan crucial en el ámbito económico como en el campo de los derechos humanos tuvo la derogación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, exculpatorias de los criminales de la Dictadura.

Estas dos posiciones son la clave de este momento histórico.

La pelea de fondo es definir si las enormes posibilidades que se abrieron para la Argentina se abordarán con los actuales esquemas económicos que concentran la riqueza y ahondan las desigualdades o se impone el criterio de que las ganancias extraordinarias -repito, las extraordinarias- pertenecen a todos los argentinos y se utilizan para pulverizar el hambre y la miseria.

En torno de una y otra posición se han formado coaliciones político-sociales que hasta el momento se enfrentaron por las retenciones móviles, donde ganó la primera opción. Pero la pelea seguirá y será durísima, y de su resultado depende cómo será la Argentina en los próximos años o décadas, si más injusta o más equitativa.

Hasta aquí lo que considero esencial. Ahora me permito dos toques de detalle:

- Miguens dijo: “Es necesario que quienes vivan en la indigencia y la pobreza sean atendidos; estamos obligados a terminar con la insuficiencia alimentaria en un país que es el mayor exportador de alimentos per cápita del mundo”. También sostuvo: “Hay que poner freno al avance del gasto público, que obliga a un nivel recaudatorio más elevado”.

A ver qué es esto. Los pobres no tienen que pasar hambre, deben ser atendidos. O sea, el Estado les tiene que dar comida y mandarlos a dormir, supongo. Pero que no aumente los gastos porque nos hace pagar muchos impuesto.  O sea, una sopita, digamos.

No Miguens, no. Los pobres deben dejar de ser pobres, no sólo “ser atentidos”. Y para eso será necesario que Ud. deje de ser cada vez más rico. Mucho daño no le va a hacer porque ya lo es bastante lo mismo que toda su familia por varias generaciones, y toda su clase social. Pero la torta que viene hay que repartirla diferente.

Por eso, me quedo con lo que dijo la presidenta: “Tenemos que articular un modelo que nos pueda dar crecimiento y a la vez movilidad social ascendente”, que esencialmente describió como una economía “con mucho valor agregado, con un proceso de fuerte industrialización”.

Otro detalle:

Miguens dijo: “Chicos, medianos o grandes, somos todos productores. El campo está unido”.

Cristina dijo: “Cuando uno mira toda la película (el conflicto por las retenciones móviles) ve que los que terminaron beneficiándose fueron los exportadores, los sectores más concentrados de la economía”.

Añado yo: los productores medianos están hoy en una situación más o menos igual que la que hubieran tenido con el proyecto que cayó en el Congreso. Los chicos, están peor. Ellos sabrán qué hacen de aquí en adelante.

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