Una foto de cómo somos

Antes que nada, ¡feliz Navidad!

Quería contarles una foto. En realidad es un collage y no es muy original. Está formado por pedacitos de fotos conocidas, cotidianas, lamentablemente corrientes. Es una instantánea de la cultura argentina, de cómo vivimos.

La imagen muestra una cuadra de una ciudad argentina, digamos de Buenos Aires. En la esquina se ve un auto estacionado que bloquea una rampa para sillas de rueda.  Un taxi vacío se apura a pasar la bocacalle, no sea cosa que unas personas que están por cruzar lo vayan a hacer antes que él. Al pasar, el tachero deja caer una botellita de gaseosa, que rueda derechito y se mete en la alcantarilla. La vereda fue reparada hace poco pero la cuadrilla municipal de la poda no amortiguó con sogas la caída de las ramas y las más pesadas quebraron baldozas. En la columna de alumbrado una inmobiliaria ató con alambre un cartel de plástico, y el papelero adosado a ella tiene varios calcos publicitarios adheridos. Un poco más allá ni siquiera hay árboles porque frentistas de distintas épocas extrajeron ejemplares del arbolado público y hasta sellaron los canteros donde estaban implantados. La ausencia de copas frondosas deja ver la contaminación visual de los cables de televisión, que hace años deberían estar soterrados pero las autoridades de la ciudad siguen concediendo prórrogas a las empresas de la actividad para hacer una tarea que ni siquiera comenzaron. Una de cada tres fachadas tienen inscripciones en aerosol. En una casa puede leerse “Boca Kapo”, pero la segunda palabra está tachada y al lado, con otra letra, dice “Puto”. Allí la vereda también está rota por una reciente reparación de la empresa de aguas que en lugar de reponer las baldozas después del trabajo, sólo hizo un revoque, que para colmo quedó polvoriento porque llovió cuando aún no había terminado de fraguar. Justo ahí hizo caca un perro, un hermoso rottweiler, orgullo de su amo que nunca en su vida se molestó en levantar la suciedad. A esa altura, en vez de árbol queda un resto mutilado por otra conducta depredatoria de vecinos antiforestación, que después andan buscando una sombrita para estacionar su auto y le meten duro al acondicionador en sus casas. ¿Ahorrar energía? ¿Qué tengo que ver yo con eso?, pensarán. Prolijo en su “limpieza”, ese vecino llenó con las ramas el contenedor de tapa naranja, pese a que fue puesto para recolectar basura reciclable. ¿Separar basura? ¿Qué tengo que ver yo con eso? Además, ahí tiran de todo, dice, como si fueran sólo los otros los que se portan mal. Pasa una nena en bicicleta, elude la caca del perro y las baldozas rotas y sigue hacia la otra esquina ignorando el peligro que representa el cantero de la vereda siguiente, que ocupa 40% de su ancho y está guarnecido con una reja con peligrosas púas de hierro, capaces de ensartar a cualquiera que se caiga sobre ellas. La nena debe dar la vuelta a mitad de cuadra porque alguien estacionó el auto en la vereda. Se nota que lo hace siempre porque las baldozas están hundidas. Eso sí, en el portón de garage puso una señal de “Prohibido estacionar” para que los demás la cumplan. Más allá, otro vecino pasa lustre a su coche recién lavado, mientras la manguera mana agua potable en la cuneta. ¿Cuidar el agua? ¿Qué tengo que ver yo con eso?, cuestiona. Un repartidor de pizzas que viene en moto de contramano, casco en brazo, aprovecha la subidita de una cochera y sigue por la vereda para tocar el timbre de un edificio sin bajarse del rodado. Una jubilada de andar lento se aparta para dejarlo pasar y se dirige a la parada del colectivo en la otra esquina, y naturalmente debe bajar el cordón para eludir el auto estacionado. Enfrente tiene el mismo problema un paseaperros que va con 12 animales,  cuatro más del máximo permitido, ninguno con bozal, y se encuentra con que en una obra los albañiles, la mayoría sin casco, cerraron el paso porque están cargando escombros con carretilla en un contenedor, sin haber hecho el pasillo de seguridad para transeúntes. La empalizada de la obra tiene afiches publicitarios pegados la noche anterior. Antes de fijarlos, los aficheros arrancaron una gruesa capa de varios avisos anteriores que dejaron tirada en la vereda. El constructor jefe de la obra dejó su auto estacionado sobre la mano izquierda, a continuación del contenedor, e hizo más largo el obstáculo a sortear por los que pasan caminando. Otro más aprovechó aunque, previsor, puso un trapito para tapar media patente, cosa de eludir la fotomulta. Los automóviles que pasan sufren allí un efecto embudo y pocos se privan de tocar bocina, aunque no se deba y sin que a nadie importe la proximidad de la escuela. Un chico pasa repartiendo volantes casa por casa, y deja de a cinco o diez debajo de cada puerta así termina antes. La jubilada llega finalmente a la parada, sabe que es ahí aunque no haya poste ni refugio. Un colectivero no la ve y pasa de largo. Cuando uno para, debe ser ayudada para subir al coche en el segundo carril, porque el primero está ocupado por el auto de un joven elegante que está comprando cigarrillos y se detuvo a conversar un rato con el quiosquero amigo, quien además puso un cartel y una heladera en la vereda e interrumpe un instante la conversación para vender cerveza y pirotecnia trucha a un adolescente. En la esquina propiamente dicha, un restaurante puso un cerramiento de plástico y llenó de mesitas la vereda, en un ingenioso método para ampliar el local. Siempre hay un policía jovencito en esa esquina, que no ve la moto que sube a la vereda o va a contramano, ni percibe que la nena pueda lastimarse con las púas del cantero ni que la jubilada pueda caerse, ni que los autos puedan atropellar a alguien en la obra, ni que los perros puedan morder a alguien porque la Seguridad, según la definición conceptual que maneja, se limita a que no le roben al restaurante.

¿Qué les parece la fotito? ¿Exagera? Yo sé que no y también sé que podría ser peor. Por eso hoy quiero levantar la copa por todos los que silenciosamente hacen lo que se debe hacer aunque muchas veces se sientan los boludos del barrio.

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3 comentarios en “Una foto de cómo somos”

  1. keima87 Says:

    está muy bueno…

  2. Silvia Says:

    Cuando terminé la lectura de este artículo, pensé, plagiando al autor “es una instantánea de la cultura uruguaya, de cómo vivimos”.
    Las coincidencias son increíbles, o no tanto?
    Hacemos parte de esta América Lapobre y no hablo solo económicamente.
    Bueno, talvez las cosas mejoren y los que levantemos las copas seamos más, para brindar por más personas que silenciosamente hacen lo que se debe hacer.
    No está mal como deseo para el año que se va a iniciar.
    Un muy buen año 2009 para todos nosotros, por que nos lo merecemos.

  3. Norma Says:

    Increíble, pero real…es tal cual. A diario vemos esas escenas en nuestro barrio.
    Ojalá que el año nuevo, traiga un poco más de conciencia para todos……….


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