Alfonsín

La muerte de Raúl Alfonsín es un tema ineludible para esta bitácora, ¿pero qué decir de él? No me sale pensar un artículo periodístico, apenas me vienen a la mente algunas vivencias, algunas ideas deshilvanadas.

Por ejemplo, que el nombre de Alfonsín está asociado a la reconstitución de la democracia, porque fue la figura que emergió de las urnas en aquella reconquista. Pero por favor -y sobre todo se lo digo a algunos colegas jóvenes que improvisan- no digamos que le debemos la democracia a Alfonsín. La derrota de la Dictadura fue una lucha de millones, y cada uno merece respeto y agradecimiento por su contribución.

Sin embargo, sí hay que decir que Alfonsín fue cofundador de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y, como abogado, firmó muchos pedidos de hábeas corpus por desaparecidos, cuando hacerlo podría ser equivalente a firmar la propia sentencia de muerte. Los Kirchner, por ejemplo, militantes universitarios y también abogados, son gente comprometida con la causa de los derechos humanos pero no tienen ese antecedente honroso. No los juzgo, de todos modos, porque quizás optaron por irse al sur para sobrevivir a la represión criminal de la Dictadura.

Debería decir también que Alfonsín fue firme en la decisión de llevar a juicio a las juntas de comandantes que condujeron la Dictadura, e hizo posible el “Nuremberg Argentino”  haciendo caso omiso de quienes le aconsejaban “no irritar” a los militares en retirada.

Quiero decir también que yo estuve en la Plaza de Mayo aquella Pascua de 1987 con decenas de miles de personas que fuimos en defensa de la democracia y de su gobierno, ante el alzamiento carapintada. Y que después de horas de permanecer allí, no me fui muy contento de haber escuchado de Alfonsín “la casa está en orden” y algunas expresiones casi de comprensión paternal hacia los golpistas, preludio de leyes exculpatorias.

De la economía, mejor no hablar mucho. En el gobierno de Alfonsín no hubo soluciones a los temas de fondo.

Pienso que el Pacto de Olivos fue una basura, pero calculo que Alfonsín estaba muy debilitado ante el patológicamente ambicioso Carlos Menem.

Rescato que un hombre que fue presidente de la República llevó luego hasta su muerte una vida austera, de lo más normal agregaría, si no fuera por el extraordinario contraste que marcó su sucesor en el cargo.

En suma, entre los más y los menos, me queda un balance personal positivo, y le rindo mi modesto homenaje.

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One Comment en “Alfonsín”

  1. Queima Says:

    De la infinidad de comentarios que originó el deceso de Alfonsín, elijo reproducir éstos, de ciudadanos comunes y corrientes, tomados del correo de lectores de Clarín del 2 de abril:

    Mirta Guelman de Javkin: “La muerte de Alfonsín logró reunir a los argentinos. Me asombró la incontinencia de mi tristeza y el llanto de otros argentinos ante esta noticia. No pertenecí a su partido, pero admiré, sobre todas las cosas, su indeclinable espíritu pacifista. El escritor Manuel Vicent refiere dos clases de inmortalidad: una horizontal, al final de la vida, en el momento enq ue dejamos de ser ‘mortales’, y otra vertical, cuando alcanzamos el estado de confianza, armonía y esperanza, como la que sentimos aquel 10 de diciembre de 1983, a las 8.06. Ayer, a las 20.30, para neutralizar la angustia, comenzamos a resucitar la ‘biografía’ de quien fuera un maestro de humanismo y entendimiento, fundador de la cultura del respeto. De todos los momentos compartidos con mi hijo (uno de sus discípulos), conservo dos imágenes representativas de su pedagógica humildad, la misma que permitió ‘congregar’ (nunca masificar) a muchos jóvenes. Una de esas fotografías enfoca a Alfonsín hablando desde una precaria tarima y Pablo escucha, con la cabeza gacha. En orta, Alfonsín escucha, ‘abajo’, en la misma pose de Pablo, ilustrando esa simetría que sienten los sabios por sus ‘otros’. Trocó la Constitución y la Convención de Derechos Humanos en poesía y canción, desmintiendo a ‘belipacifistas’ (R. Rolland) y a ‘beliguerreros), que enarbolaban banderas de lucha armada, como salida para nuestras ‘matria’ y Patria. Tal vez, su muerte
    resucite otra cruzada por la ética y la moral no dogmatizada, para frenar la metástasis de corrupción y violencia que padecemos hoy. Propongo volver a encender la ‘lámpara de la democracia’, que hizo arder Alfonsín al pie del Obelisco, en su primer acto oficializado”.

    Ileana Trapaglia: “Somos muchos los jóvenes que sentimoscon profundo dolor la partida de Raúl Alfonsín. Tengo 31 años y siento que debo agradecer que pude crecer, estudiar y vivir en una sociedad que fue aprendiendo a construirse con nuevas bases democráticas. La obra de Alfonsín nos devolvió una nueva vida, esperanzas y, para los niños que fuimos en aquella época, nos permitió crecer mirando y pensando con libertad y derechos una sociedad”.

    Marisol Gómez Sánchez. “Con mis 32 años, recuerdo con lágrimas haber respirado el aire democrático en los actos de campaña previos a la asunción de Alfonsín. Mis padres me hicieron partícipe de esa experiencia, y con mis 7 años supe atesorar la alegría de quienes tenían esperanzad de vivir en democracia. Hoy, habiendo crecido en ella, estudiado en forma gratuita y transitado mis días entre las buenas y males del único sistema que conocí, quiero creer que el doctor Alfonsín no será el último político en ser recordado por su honestidad y lucha”.

    Juan José de Celis: “Nuestro primer presidente, luego de gobiernos de facto, el doctor Raúl Alfonsín, ha fallecido. Luego de Malvinas neustro país volvía a la democracia y, qué curioso, casi en el aniversario de dicha gesta, parte de nuestra democracia se va con él. El pueblo argentino no despide a un radical, sino a un gran argentino, ejemplo republicano para nosostros y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino. Jamás fui radical, sólo un peronista que reconoce las cualidades humanas de un gran líder”.

    Claudia Fonseca: “Con el DNI intacto y sin sellos, mis 21 años y la ilusión a flor de piel, así fui a votar aquel 1983. Él nos decía: ‘Se puede’. Que se podía hacer un país donde ‘con democracia se come, se cura y se educa’. Que habíamos dejado atrás una época negra, y que ‘nunca más’. Que la justicia empezaba a funcionar y a hacer historia. Yo lo creí posible. Nunca lo olvidaré, doctor Alfonsín”.

    Sol Llamedo: “Tengo 25 años y fui bautizada con el nombre Sol, como muestra de honor y respeto a la democracia. Nací el 31 de octubre de 1983, un día después de las elecciones en las cuales Raúl Alfonsín fuera designado presidente. Hoy, le rendimos homenaje al hombre que lideró el proceso democrático más importante, y la mejor forma de hacerlo es continuar construyendo una nación con menos diferencias sociales, con más inclusión y educación para todos los ciudadanos”.


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