Mucha bulla de la derecha argentina contra Venezuela

Desde el gran escritor peruano Mario Vargas Llosa, destacadísimo intelectual de la derecha latinoamericana y brillante columnista de La Nación, de Buenos Aires, pasando por el ex viceministro de Economía Orlando Ferreres, puesto por Bunge y Born en el gobierno de Carlos Menem, hasta poco sutiles medios de comunicación locales, como C5N hablan en estos días del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, como “dictador”. O sea que para ellos es indiferente que se trate de un mandatario legítima y legalmente puesto allí por el voto popular y ratificado varias veces. Para esa gente, el gran problema, la delgada línea roja, es que estatiza. Y poco les importa que sea una decisión soberana, constitucional y legal. Para ellos es imperdonable.

Si Chávez hace años que proclamó el socialismo como modelo, y con esa bandera fue ratificado electoralmente ¿qué esperaban? ¿que privatizara?

Además, como dice la presidenta de la ArgentinaCristina Fernández, Venezuela, con la mediación del gobierno argentino, pagó a Techint por la siderúrgica Sidor, “la bonita suma” de 1970 millones de dólares, que superó las expectativas de los empresarios. Fue una compra, obligada pero bien pagada.

Hay más. Como dice Enrique Martínez, presidente del INTI, una vez que el gobierno venezolano tomó el control del corazón de la industria siderúrgica, en lugar de adoptar el comportamiento típico del sistema capitalista de ahogar a los proveedores para bajar el precio de sus fábricas, como hacen los grupos empresarios privados cuando van absorbiendo un sector productivo, anunció ahora que las estatiza y compensará a sus dueños privados cuando el valor de sus empresas aún es alto.

Pero no hay caso, muchos empresarios comenzando por la familia Rocca dueña de Techint, ahora piden alejar a Venezuela del Mercosur. No les importa si ese país puede aportar la energía que escasea en el resto del bloque, ni si su alejamiento termina fortaleciendo un bloque competidor, sólo les interesa sancionar a Chávez por la osadía.

Y un candidato argentino de derecha, empresario y millonario, llegó a decir que si el gobierno sale airoso de las elecciones, va a hacer lo mismo que Chávez. El viejo método de agitar el “fantasma del comunismo”. Él sabrá lo que hace.

Creo que la verdadera razón pasa por otro lado, por debilitar al gobierno para sacarle concesiones económicas, como una devaluación, o que la Anses mantenga el dinero que puso en empresas privadas pero retire de ellas los directores estatales que cuidan qué se hace con esos fondos públicos, o que baje las retenciones a la soja y que si no tiene plata para políticas sociales que se arregle.

En cuanto a que los Kirchner vayan a adoptar un modelo socialista, creo que ese candidato y otros personajes de ese segmento del espectro ideológico no deben temer, no existe ese riesgo. El elenco de gobierno está por el “capitalismo nacional”. Para lo otro falta mucho.

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2 comentarios en “Mucha bulla de la derecha argentina contra Venezuela”

  1. Queima Says:

    Este es el excelente comentario de Atilio Borón, * doctor en Ciencia Política y profesor de Teoría Política en la UBA, sobre el tema:

    La Argentina y el “virus” venezolano
    En los últimos años la relación argentino-venezolana ha registrado un significativo crecimiento en el terreno de la economía a la vez que una importante profundización en materia política. Es por eso que la cada vez más reaccionaria derecha argentina puso el grito en el cielo ante las nacionalizaciones dispuestas por el gobierno bolivariano dando cumplimiento a un plan largamente anunciado, ratificado electoralmente y congruente con el proceso de transformaciones en curso en Venezuela.
    La histérica reacción de la derecha da lugar a varios comentarios. En primer lugar, ¿cómo objetar el derecho incuestionable del gobierno venezolano –en realidad, de cualquier gobierno– a disponer la expropiación de empresas consideradas estratégicas para un proyecto de desarrollo nacional y cuyo desempeño no puede ser librado a la dictadura del capital y su insaciable afán de ganancias? Contrariamente a lo que piensan los hombres de Neanderthal que comparten su caverna con Mario Vargas Llosa y sus acólitos, la nacionalización de empresas no fue un invento de los populismos latinoamericanos sino de los flemáticos gobiernos socialdemócratas y laboristas del período de entreguerras y, sobre todo, del que se abriera con posterioridad a la finalización de la Segunda Guerra Mundial, y tuvo resultados extraordinarios. De hecho, los logros de esas políticas de nacionalizaciones sobrevivieron en muchos países europeos hasta nuestros días. ¿Por qué prescindir de semejante herramienta?
    Segundo, la formidable expansión de la intervención estatal en los mercados puede asumir diversas formas. Las nacionalizaciones son una de ellas; otras son las políticas de rescate empresarial dispuestas por gobiernos tan “revolucionarios e izquierdistas” como los de Barack Obama y Gordon Brown, que destinaron cifras cercanas al billón de dólares para salvar a bancos, financieras y compañías industriales introduciendo a cambio un cierto grado de control público en sus operaciones. Los publicistas de la derecha, siempre tan obsesionados por preservar el funcionamiento de los mercados de toda injerencia extraña como la que puede ejercer un Estado democrático, acudieron en tropel a Caracas para criticar a Chávez por sus nacionalizaciones y denunciar públicamente su curiosa dictadura –curiosa porque triunfó en 14 de las 15 elecciones habidas desde 1998 y también porque permite que los ultramontanos desgranen su prédica destituyente sin ninguna clase de restricciones, siendo incluso invitados a debatir con otros intelectuales nada menos que en el Aló Presidente–. Rechazaron el convite porque los ideólogos de la derecha son buenos para pontificar ante los medios del establishment pero “arrugan” invariablemente a la hora de debatir con los intelectuales de izquierda. En su insanable incongruencia, estos celosos custodios de la libertad son “socialistas” a la hora de socializar las pérdidas de las empresas, mientras que hacen profesión de un cerril individualismo cuando hay que embolsar ganancias. Este doble estándar de la derecha no es novedoso: denuncia con tono apocalíptico las amenazas a la libertad y los derechos humanos en países como Venezuela, Bolivia o Ecuador pero ni las torturas ordenadas por la Casa Blanca, ni los “vuelos clandestinos” para trasladar prisioneros, ni las atrocidades de Guantánamo o Abu Ghraib suscitan en ella la menor preocupación. Lo mínimo que se puede concluir es que la derecha es moral e intelectualmente deshonesta.
    Tercero: el furor antichavista, exacerbado al ritmo de la actual campaña electoral, no alcanza a ocultar que la Argentina y Venezuela son dos economías altamente complementarias, lo que facilita su creciente integración. No ocurre lo mismo entre nuestro país y el Brasil, por ejemplo, que está desplazando de los mercados internacionales a la languideciente presencia de nuestros productos agropecuarios. Por eso, el intercambio comercial con Venezuela ha crecido sensiblemente y está en el mejor interés de la Argentina fortalecer esta relación y, además, urgir a Brasilia para que de una vez por todas haga posible la plena incorporación de Venezuela al Mercosur. Con esto se cerraría un triángulo de oro integrando tres países con perfiles macroeconómicos altamente complementarios en materias alimentaria, industrial y energética, lo que no sólo robustecería a cada uno de ellos sino a la región en su conjunto en momentos en que arrecia la crisis capitalista. Con un agregado: la incorporación de la Venezuela bolivariana dotaría al Mercosur de una imprescindible visión geopolítica que brilla por su ausencia en un proceso de integración dominado todavía por la lógica y los valores del neoliberalismo. Todo esto, por supuesto, es mala noticia para el imperialismo, que lo último que desea es una América latina económicamente fortalecida. De ahí los denodados esfuerzos de la derecha para mantener a Venezuela fuera del Mercosur.
    Finalmente, no puede desconocerse que en todos los casos en que se han producido nacionalizaciones Caracas siempre se ha mostrado dispuesta a resarcir con indemnizaciones a las empresas afectadas. Empresas que, como antes Sidor, violaban la legislación laboral vigente e incumplían compromisos contraídos con el gobierno, lo que añadía nuevos elementos para justificar su expropiación. Pese al coro desafinado que unificó voces tan discordantes como las de la UIA, el titular de la CGT (que asombró al mundo al declarar ¡que las nacionalizaciones no eran lo que había enseñado Perón, gestor de las más importantes jamás ocurridas en la historia argentina!) y el emporio massmediático –verdadero intelectual orgánico que articula el fragmentado, incoherente y desunido espacio de la derecha argentina– el promisorio camino abierto por la creciente vinculación entre la Argentina y Venezuela no será clausurado por la gritería de ayer.

  2. Queima Says:

    Apoyo de la CTA a las nacionalizaciones en Venezuela:

    La Central de Trabajadores de la Argentina se pronunció en defensa “de la política soberana de la República Bolivariana de Venezuela en la estatización de la Siderurgia”, rescató las medidas de recuperación estatal de sectores estratégicos de la economía de ese país y el derecho que le asiste para elegir su camino para el desarrollo.
    La CTA expresó esta posición en una carta al embajador de Venezuela, Arévalo Enrique Méndez Romero, en la que felicita a ese país por la decisión adoptada por el presidente Hugo Chávez “de estatizar cinco siderúrgicas, entre ellas dos empresas Tavsa y Matesi, en las que la multinacional Techint tiene mayoría accionaria, además del Complejo Siderúrgico Guayana”.
    “Entendemos que han vuelto a manos del Estado venezolano recursos de vital importancia en la economía nacional destinada al pueblo y a los trabajadores venezolanos. Enviamos nuestra adhesión a esta medida, con la que avanza en la tierra de Bolívar, Martí y don José de San Martín la iniciativa de recuperación del patrimonio de nuestros pueblos, desde lo más profundo de nuestra identidad en el continente”, destaca el documento que lleva la firma del secretario general, Hugo Yasky, y de Internacionales, Adolfo Aguirre.
    “La nueva crisis del capital encuentra en la región a una clase trabajadora consciente y organizada para seguir construyendo el grito libertario. La CTA aprueba y apoya activamente este rumbo, como alternativa para caminar hacia un nuevo régimen social que incluya a los pueblos de Latinoamérica y defienda sus intereses”, amplía.


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