Cuántas cosas dice de nosotros lo que pasó en General Villegas

“Es rapidita”, dijo Gilberto Alegre, el intendente de General Villegas. ¡El pedazo de… intendente estaba hablando de una adolescente de 14 años!Y no lo dijo en una reunión privada, sino como declaración pública. A Clarín se lo dijo.

El tipo no desentonó con las decenas de vecinos que manifestaron a favor de los acusados. ¡Una vergüenza!

“Si tuvo sexo con tres hombres a la vez es porque algún problema tiene”, insistió el intendente. ¡Espantoso!

¡Claro que tuvo un problema! Se topó con tres energúmenos que no sólo tuvieron sexo con ella sino que además la filmaron, y no sólo la filmaron sino que además repartieron el video, que llegó a conocerlo medio pueblo, probablemente para que los alabaran por lo machos que fueron.

Con consentimiento o sin él, si un mayor tiene sexo con un menor comete un delito. Eso dice la ley clarito: es corrupción de menores. Y no estamos hablando de una chica de 17 con un chico de 18.  También es un delito filmarla. Y a las buenas personas no les hace falta saber de leyes para entenderlo así. De modo que aquí tenemos a tres delincuentes, que encima se jactan de lo que hicieron.

Pero no hablemos de ellos, porque son lo menos importante. Lo importante es el daño que recibió esa nena.

Abusaron de ella, la filmaron, difundiaron la filmación, salió una manifestación y hasta el intendente a echarle la culpa. ¡Paren bestias!  Y se lo digo también a los colegas y los medios que se regodearon con esto. Los medios agigantaron el daño.

Me quiero poner al lado de los que apoyaron a esa chica. La familia en primer lugar, que hasta tuvo que soportar amenazas,  y la escuela. ¡Muy bien la escuela! No necesito saber detalles porque la prueba de su actuación es que la nena siguió yendo a clase. El equipo docente y de profesionales habló con la familia, habló con la alumna y los contuvo.

En cuanto a la gente que manifestó a favor de los delincuentes, escuché en Otro Tema, un programa de TN, una explicación en una psicóloga de General Villegas, ex alumna de esa misma escuela pero no retuve el nombre:

Explicó que en comunidades pequeñas priva la ideología patriarcal que avala la conducta de los hombres y naturaliza algunas prácticas a las que no ve como abuso. No se ve la vulnerabilidad de la nena, un sujeto en desarrollo aún no maduro para tomar ciertas decisiones. “Toda situación de poder sobre alguien vulnerable es condenable”.

También pongo del lado bueno a la gente que expresó solidaridad con la familia y la chica. A los amigos de la nena y sus hermanos y a los jóvenes en general, que rechazan la idea retrógrada de condenar a la víctima.

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3 comentarios en “Cuántas cosas dice de nosotros lo que pasó en General Villegas”

  1. Queima Says:

    Muy oportuna nota de Sonia Santoro sobre el caso (http://www.artemisanoticias.com.ar/site/notas.asp?id=51&idnota=7008<):

    Abuso, truculencia y periodismo
    Por Sonia Santoro | 18.5.2010

    La primera impresión fue de incredulidad. Cómo podía ser posible que un grupo de personas saliera a defender a los abusadores de una nena. Cómo era posible que se manifestaran abiertamente pidiendo justicia en contra de una víctima a la que acusaban de 'vaguita', 'ligerita' y otras cosas.

    Hablo de lo ocurrido en General Villegas el jueves pasado.

    Pero la incredulidad dejó lugar a la indignación cuando recordé que también al chico que acusó al Bambino Veira de haber abusado de él se lo llamó 'rarito'; que el 95 por ciento de los abusos sexuales ocurre paredes adentro de las familias, donde padres, tíos abuelos, amigos y demás son abusadores que las familias y sociedades tapamos; así como que la Iglesia Católica sigue protegiendo a los curas abusadores; y que profesionales de la psicología y abogacía que intervienen en casos de abuso sexual son desacreditados, amenazados y amedrentados para que cesen en su actividad (como sigue ocurriendo con la experta Cristina Vila por ejemplo).

    El mismo día, el viernes pasado, en la Red Informativa de Mujeres de Argentina (RIMA), una colistera dijo que en Olavarría el domingo se hacía una marcha por un ginecólogo acusado de abusar de pacientes. Entonces, la incredulidad ya había quedado atrás para dejar lugar a una confirmación. Todo encajaba dentro de los mecanismos perversos que tenemos como sociedad para seguir acusando a víctimas, incluso menores de edad, de lo que les pasa.

    En ese engranaje, cómo dejar afuera a los medios de comunicación, actores fundamentales para dar visibilidad a las demandas sociales pero también para alimentar y reproducir los vicios de esta sociedad abusadora.

    Cómo entender sino que sigan hablando de 'video hot' o 'video porno' para referirse la filmación de tres hombres mayores de edad abusando de una chica de 14 años y que incluso algunos anuncien 'te mostramos el video porno de Villegas'. Cómo entender también que den voz a vecinos y vecinas que defienden a los 'buenos muchachos' cuando esos hombres, casados y de 25 a 31 años de edad, ya fueron detenidos por la Justicia acusados de 'abuso sexual agravado', 'corrupción de menores', y 'difusión de material pornográfico', delitos para los que el Código Penal prevé condenas de 8 a 20 años de prisión. Cómo entender que hagan hablar a vecinos de la 'casa del horror' también para defender a los nueve corruptores, abusadores y violadores que fueron condenados por la Justicia de 8 a 42 años de prisión.

    La excusa de la objetividad periodística a través del uso y abuso de la teoría de las dos campanas o las dos caras de la verdad, como decía aquel noticiero de canal 9, no es más que eso, una excusa para hacer un periodismo truculento que sume rating y lectores.

    En estos tiempos de crisis periodística –provocada especialmente por la aparición de Internet y las redes sociales, pero no sólo por eso-, es hora de que el periodismo aproveche para cambiar. Que archive por obsoleta e insuficiente esa teoría, que no puede dar cuenta de la complejidad de las cuestiones sociales; y que tenga como horizonte la protección de las víctimas antes que nada.

    Todavía hoy las niñas, los niños, las mujeres, están desprotegidos y son culpables hasta que se demuestre lo contrario. Hay que invertir la carga de la prueba y dejar de exigir a las víctimas que aclaren que lo son. ¿Hasta cuándo seguiremos poniéndolas en cuestión por ser 'vagas', 'putas', 'rápidas', 'trolas', llevar pollera corta o el pelo atado en una cola?


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