¡Urgente! El cronista noctambulante anduvo en los festejos de San Patricio

¡A bueno! Así es diferente. Esta bitácora estaba inactiva pero si reaparece el cronista noctambulante es otra cosa. ¿A ver qué hizo esta vez? Se fue a los festejos porteños de San Patricio. Veamos (la foto es de Tiempo Argentino):

Una multitud joven, divertida y tambaleante colmó desde anoche y hasta casi el amanecer de hoy la zona de pubs y bares del barrio porteño de Retiro para celebrar a pura cerveza y con insignias verdes la fiesta irlandesa de San Patricio.

La marea humana hegemónicamente sub40 que barrió el sector bautizado comercialmente como el Nuevo Bajo, fue, con todo, de menor volumen que la de años anteriores, según coincidieron asistentes y comerciantes.

“En 2010 hubo menos gente por la lluvia, pero esto no está tan lleno como en otros años, la gente vino más tarde y la veo menos alcoholizada”, testimonió Susana, que bajo una gran galera fucsia, paleta y pinceles en mano, ofrecía su arte pictórico a razón de diez pesos por mejilla decorada.

La elevada alcoholemia, no obstante, era evidente por doquier, inocultablemente expuesta en el comportamiento alocado de muchos, y con la prueba material de latas, botellas y vasos plásticos esparcidos por la calle y desbordando todo cesto de la zona.

“Hay más gente que el año pasado que llovió y no afecta en nada que sea jueves”, confirmó el encargado de Jaz, en Reconquista al 800, mientras cerraba el paso a potenciales clientes explicando que el local estaba completo.

La gente -40% mujeres, 60% varones- paseaba, se sacaba fotos, cantaba y la pasaba bien también en la calle, donde muchos llevaban su envase con cerveza pese a que técnicamente sólo estaba permitido servirla en el interior de los boliches.

“Para comprarla me senté en un bar.; después me la traje”, comentó un veinteañero que llevaba un vaso de un litro por el que había pagado 30 pesos. Otros tomaban de latitas adquiridas a 10 o 15 pesos a vendedores furtivos, no detectados hasta ese momento por los controles coordinados de la Federal y la Metropolitana, de ostensible presencia en la zona.

Pequeños tumultos de baja intensidad podían verse cuando algún grupo, típicamente liderado por un guitarrista, se ponía a cantar canciones o melodías tribuneras y emprendía un pogo.

“Olé, olé, olá, cada día te quiero más, ooooooooo vamo`Irlanda, es un sentimientooo, no puedo paraaaaar”, se oyó un desafinado coro con repertorio impensable en un estadio de fútbol o de rugby.

Otros estaban enganchadísimos con un tema de los Redondos dedicado a una irlandesa auténtica, de remera verde y gorro de gnomo, que disfrutaba con sus amigos a despecho de barreras idiomáticas: “A brillar mi amor, vamos a brillar mi amor”, le dedicaban.

Los bares, en tanto, vivían su mejor noche del año. Tenían tanta demanda que algunos exigían 50 pesos de consumición mínima con derecho a dos tragos y aún así durante varias horas estuvieron llenos y cuando alguien dejaba un lugar era inmediatamente reemplazado por otro cliente. Los carteles a la calle anunciaban “pinta (medio litro) $25, Quilmes (lata) $20”.

Sin embargo, no todos se mostraban satisfechos. “Mucho control, demasiadas reglas que atentan contra el espíritu de este festejo”, se quejaba Lucas, 29 años, encargado de New Pub, también conocido como John John, en Reconquista al 900.

“Ahora mismo tengo gente del gobierno de la Ciudad adentro. La concurrencia está rigurosamente contada, tengo habilitado un sector de la vereda, delimitado con vallas y la gente toma parada y no puede salir con la bebida”, detalló.

Una imprevisión grande fue detectada por Martín, 25 años, estudiante de medicina de la Universidad de Buenos Aires. “No hay baños químicos, muchos orinan en los rincones”.

Los negocios derivados del festejo fueron desparejos según los rubros. Los quioscos, a 6 pesos el pancho, anduvieron bien. Los taxistas también, a juzgar por la cantidad que esperaban pasajeros en la zona.

Un vendedor de remeras verdes a 50 pesos ofrecía un balance regular. “Vendí 13 en cuatro horas. Tendría que haber liquidado las 20 en una hora”, lamentaba. Tampoco vendía mucho pero no se quejaba Dante Gatica, de 43 años, que ofrecía garrapiñadas a dos paquetitos por 5 pesos.

Mientras Jeremías Jesús Vera, de 24 años, reunía incansablemente latitas vacías y todas las botellas que pudiera llevarse en tren hasta un depósito de Villa Albertina. “Me dan 5 pesos por el kilo de aluminio y por las botellas retornables 1,50 por cada una”, informó.

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