Viajé en una “bruja” quizás por última vez

Este jueves, al salir del trabajo, cerca de las 21, hice otro camino para volver a casa para poder meterme en el Subte A. Es que quería viajar, quizás por última vez, en una “bruja”, uno de los centenarios coches de madera de La Brugeoise, fabricados en la ciudad belga de Brujas que, según dispuso el gobierno porteño, mañana cumplirán su último día de servicio.

Me senté en el fondo del vagón para tener una panorámica de sus 26 metros y pico. Observé las tulipas que le dan esa iluminación opalina, los bancos de madera, los caños blancos verticales ornamentados en su unión con el techo, los pasamanos colgantes balancéandose aunque no tanto como cuando yo era niño en que a veces golpeaban el techo…

Presté atención a la ausencia de rigidez en las uniones de las paredes y los techos,  que le dan esa sensación de artefacto destartalado y que en realidad son estudiadas flexibilidades para absorber las torsiones que imponen las curvas del recorrido.

Escuché los chistidos de los frenos y el timbre que tienen en lugar de bocina. También el golpazo de las puertas al cerrarse, a las que hacen falta burletes nuevos que lo amortigüen.

Pensé en lo que me habían contado de lo seguros que son, con el menor índice de averías de toda la red, pese a su edad; con el dato no haberse incendiado pese a ser de madera, con la ventaja de que si hay una colisión, como pesan un tercio que los metálicos, las consecuencias son menores.

Por supuesto que la muy demandada línea A requiere un aumento de su capacidad de transporte, en volumen y velocidad, y que los pasajeros se merecen más comodidad, pero eso puede hacerse sin tirar estas piezas únicas a la basura ni momificarlas en un museo.

¿Qué tal mantenerlas en servicio fuera de los horarios centrales como proponen decenas de organizaciones ciudadanas y muchos usuarios? ¿Es que no siguen demostrando día a día que pueden hacen un buen trabajo complementario de trenes más modernos?

¿Es que alguien duda de su valor sentimental, histórico, cultural que los convierte en un atractivo turístico de la ciudad? ¿Nadie ve la cantidad de extranjeros que visitan Buenos Aires que quieren viajar y sacarse fotos en el subte de madera? ¿Se ignora que las agencias de viajes del exterior lo destacan como algo imposible de encontrar en otro lado porque son los más antiguos del mundo en servicio comercial?

Creo que las respuestas son obvias. Hay que mantenerlos en servicio en horarios de pocos pasajeros. Eso sí, hay que tomar conciencia y ponerlos en valor. Menos suciedad y más barniz y pintura, basta de calcomanías políticas y comerciales, límites al arte callejero abusivo. Hay que restaurarlos, ponerles publicidad antigua y hasta podrían darles uniformes de época a los conductores y guardas que los tengan a cargo.

Son reliquias para lucirlas y sentirse orgullosos de tenerlas, pero ahora están tan descuidados que hasta sospecho que, planeando su desguace, los dejaron caer a propósito para que nadie reclamara por ellos.  (No puedo digerir todavía que el jefe de gabinete de la ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, haya sugerido burlonamente que podrían servir como leña para un asado)

La Asociación Gremial de los Trabajadores del Subte y Premetro, con el apoyo de Horacio Fontova y otras artistas, convocó para este viernes a las 14.30 a la estación Plaza de Mayo, para participar en lo que podría ser uno de los últimos viajes de estos coches, a los que llamó con afecto “viejos compañeros”.

Con el mismo espíritu y en el mismo lugar, para las 18 convocó la Red de Patrimonio, formada por unas 60 organizaciones barriales y ciudadanas, que propone mantenerlos activos los fines de semana.

Y yo digo ¡aguanten las brujas!

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3 comentarios en “Viajé en una “bruja” quizás por última vez”

  1. Queima Says:

    Jorge Velázquez escribió en Facebook: “Adhiero totalmente Queima! Un abrazo!”

  2. Queima Says:

    Carlos Armando Moreno escribió en Facebook. Lindo artículo y cuanta razón tiene Raúl Queimaliños. Un abrazo…

  3. Queima Says:

    Claudio Salvador dijo en Facebook: Yo también digo ¡Aguanten las brujas! Y quiero uno para pasear.


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