Archivo para enero 2013

Crónicas de Pérez 8: el aviso

21 enero 2013

Me pidió Pérez, mi perro, que avisara a todas y todos. Esta noche podrá verse a simple vista a Júpiter aproximándose a la Luna, en cuarto creciente, y apenas pasada la medianoche, ocultarse detrás de ella por el lado del limbo oscuro, para reaparecer más tarde del lado iluminado. Lo mismo ocurrió el 25 de diciembre, y dio lugar a la primera crónica de Pérez en Facebook. Les aseguro que uno ve eso y dice: ¡Guaaaauuuu!

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Crónicas de Pérez 7: las diferencias

20 enero 2013

Surgieron diferencias políticas con Pérez, mi perro. No graves, no profundas, pero inesperadas. Yo creía tener el mérito de haberlo alejado de su antigua simpatía por el macrismo, con medidos argumentos expuestos en nuestras caminatas nocturnas. Pero no fue así, al menos mis charlas no fueron lo decisivo. El cambio vino porque Pérez mira 6 7 8, un programa al que habitualmente llego tarde, al regresar del trabajo. Bueno, él lo mira y se fue identificando. Sobre todo le gustan las invervenciones de Cabito. Descubrimos que Pérez es uno de los pocos seres vivientes que entiende lo que dice. Prodigioso el oído de este animal.

El imperdonable deterioro de los barrios históricos porteños

19 enero 2013

Cuando pensaba esta nota imaginaba que iba a encontrar problemas en Monserrat y San Telmo similares a los que se ven por doquier en la ciudad, pero la realidad superó mis temores:  quedé impresionado con la extensión del abandono de las joyas turísticas de Buenos Aires. Va la nota:

Ni el casco histórico se salva del deterioro general de la ciudad

Foto: "Alerta militante"

Foto: “Alerta militante”

La suciedad y la falta de mantenimiento de la ciudad de Buenos Aires sitúan entre la queja y la resignación a porteños de todos los barrios, pero en Monserrat y San Telmo el problema adquiere otra dimensión, porque lo que se descuida y degrada es el patrimonio histórico urbano.

“San Telmo y Monserrat forman parte del casco histórico de Buenos Aires. Su valor patrimonial no es el mismo que el de cualquier barrio. Por algo hay leyes que los protegen”, dijo Alberto Martínez, arquitecto y vecino de San Telmo desde hace 30 años.

Fachadas centenarias grafitadas, basura y orines en las calles, espacio público usurpado, veredas rotas y baches indican que el abandono no discrimina y se exhibe en las calles más viejas de la ciudad con la misma naturalidad que los turistas las recorren.

“En algunos casos hay inconductas de la gente, pero la mayor falta es de quienes están legalmente obligados a cuidar la ciudad y en especial su patrimonio histórico y cultural: el Gobierno de la Ciudad”, responsabilizó Martínez.

La vereda de la esquina de Carlos Calvo y Balcarce fue arreglada por el consorcio del edificio. “Lo hicimos por nuestra cuenta. El gobierno de la Ciudad no las mantiene”, informó Luis Padín, que vive allí.

Vecino del barrio hace muchos años, Padín señala otra falla: “El `cajón` azul que marcaron en la calle, para carga y descarga, está muy despintado. La grúa se la pasa llevándose autos cuyos dueños no se dan cuenta que ahí no se puede estacionar”.

Martínez, por su parte, criticó especialmente que la propia acción de gobierno provoque daños, como los parches de asfalto sobre extensos segmentos de cuadras adoquinadas. Así sucede, por ejemplo, en Defensa, entre Brasil y Juan de Garay.

“Es parte importante de nuestra identidad y las están tapando ilegalmente y con total impunidad”, acusó.

Subrayó que de ese modo el propio gobierno porteño viola la Ley 65 de Protección del Adoquinado Histórico y un acuerdo judicial de 2009 entre el Ejecutivo de la ciudad y la entonces presidenta de la Comisión de Patrimonio de la Legislatura, Teresa de Anchorena, secundada por vecinos, para mantener los adoquines.

Una firmante de aquel acuerdo fue la vecina Patricia Barral, quien confirmó que abundan los parches de asfalto y dijo que “el adoquinado que tuvieron que reponer fue mal hecho y está todo desarmado y desparejo”.

Para Barral, “el verdadero plan del macrismo para la zona es lo que hicieron en Reconquista: peatonalizarla. Quisieron hacerlo en Defensa y los vecinos nos opusimos, porque tenemos otra idea del desarrollo del barrio. Se les cayó la idea y dejaron de invertir”.

“Promovieron a San Telmo como destino turístico sin invertir en el cuidado. La plata que entró por haberlo promovido así, por ejemplo los tantos permisos para producciones de cine, no volvió al barrio. Si las fachadas sirven para recaudar, que ayuden a los frentistas a mantenerlas”, dijo.

La vecina criticó también la falta de políticas para preservar la vida barrial, y que se hiciera caso omiso a la propuesta de recordar a los visitantes mediante carteles que se trata del casco histórico y que deben respetarse las costumbres de los vecinos.

“No puede ser música a cualquier hora, veredas bloqueadas con bolsas de basura de los restaurantes o con mesas de bares que se las apropian y les molesta que pasemos con el perro, por ejemplo; o esos micros enormes que estacionan sobre Defensa”, enumeró.

Para Barral lo que sucede encierra una paradoja, porque la preferencia de los turistas demuestra el atractivo de estos barrios, por lo tanto, “lo lógico es cuidarlos tal como son”.

En cambio, el proceso de transformación no se detiene y se producen situaciones como que “en la plaza Dorrego, ya no hay plaza”, todo el espacio fue ocupado por bares o vendedores.

Por su parte, Martínez coincidió en que el negocio turístico “fue robándole espacios a la vida vecinal; emprendimientos comerciales e inmobiliarios tienden a sobredimensionar al turismo y desplazar al vecino”.

El profesional atestigua que “por las mañanas, todavía se ve gente que va al mercado y encargados lavando veredas, hay silencio; de noche, en cambio, ningún vecino, solo turistas, vendedores de bartijas y actividad de consumo”.

“Creo que la política del Gobierno de la Ciudad apunta a tener un centro turístico sin vida vecinal. Siempre tratamos de que no se perdiera esa identidad y vemos que cada día es peor”, afirmó.

Crónicas de Pérez 6: el paseo

18 enero 2013

Este jueves salimos con Pérez, mi perro, un ratito antes de la medianoche. La calle nos obsequia su silencio y su brisa fresca. Intento caminar despacio pero a Pérez le cuesta moderar su entusiasmo y tironea para llegar rápido a husmear cada árbol en el camino. Va contento y excitado, atento a cada ruidito en la penumbra del barrio. Amaga correr algún gato, pero lo contengo. Vamos juntos pero no hablamos, cada uno va pensando en sus cosas. Después nos detenemos en el paso a nivel, un espacio abierto desde donde se ve mejor el cielo, aunque esta vez está nuboso. Al rato, comienza a sonar la campana, baja la barrera y unos minutos después pasa con estruendo el último servicio del San Martín hacia Pilar, haciendo temblar el suelo. Me agacho para abrazar a Pérez, que acepta agradecido el gesto protector. Desde que lo conozco se estremece ante el paso del tren, secuela tal vez de los días en que anduvo perdido antes de encontrar esta familia, pero guarda silencio al respecto y respetamos sus secretos El tren se va y nosotros vagamos un rato más por la calle paralela a las vías, para volver más tarde a casa, satisfechos. ¡Qué bien la pasamos!

Crónicas de Pérez 5: la pelotita

16 enero 2013

Pérez 1

Crónicas de Pérez 4: los códigos

16 enero 2013

Con mi perro, Pérez, tenemos algunos códigos para entendernos. Por ejemplo, cuando me ve meditabundo sentado en la terraza, a la sombra del paraíso de la vereda, viene hacia mí con una pelotita de tenis entre los dientes. Por supuesto que él sabe que yo no juego al tenis, no la trae para eso. Su gesto es un mensaje, la pelota significa “juego, alegría”, una connotación que -y esta observación le pertenece- resulta subrayada por el color flúo del implemento. Siempre me cae bien la buena onda que le pone, pero hay días en que uno no quiere que le den pelota ni que le hagan preguntas. Cuando se da cuenta de que se trata de uno de esos días, se echa a mi lado, apoya la cabeza entre las patas y se queda tan quieto y silencioso que rápidamente me olvido de que está ahí y sigo con mis pensamientos, hasta que una mosca impertinente le hace dar un tarascón en el aire.

Estuve en el último entrenamiento de la Selección de Pastelería

15 enero 2013

El lunes se celebró el Día del Pastelero y un grupo de ellos, probablemente los mejores de la Argentina, festejó trabajando intensamente. Es el equipo que irá al Mundial de la especialidad que hacía su último entrenamiento.  (Ligué una porción de una torta ¡espectacular! Va la nota que hice para la agencia:

Parte al Mundial de Francia la Selección Nacional de Pastelería

Hay equipo: Abán, García, Ruiz (c) y D'Alonso.

Hay equipo: Abán, García, Ruiz (c) y D’Alonso.

Un grupo de campeones nacionales de Pastelería, una suerte de selección argentina de la especialidad, competirá a fin de mes por la Copa Mundial en la ciudad francesa de Lyon, donde presentará sus postres con motivos que homenajean al cardiólogo René Favaloro.

El conjunto nacional, que tendrá rivales de 21 países surgidos de las rondas clasificatorias por regiones, está formado por los maestros pasteleros José “Pepe” D’Alonso (54 años), Jorge García (37) y Mario Abán Cruz (58), junto con Eduardo Ruiz (46), el capitán, quien en esa función integra el jurado del certamen.

Los argentinos, todos con décadas de oficio en alto nivel, llegan a este mundial con el brillante antecedente de haberse adjudicado en México en agosto último el Concurso Maya Latinoamericano de Repostería, clasificatorio para Lyon.

Tras cinco meses de preparación intensiva, el equipo nacional, apoyado tanto por el sindicato como por la cámara empresaria del sector, ganó ese certamen seguido por Brasil, Colombia y México, en ese orden, todos los cuales competirán ahora en Lyon.

En la ciudad francesa los latinoamericanos tendrán entre sus más duros adversarios a la selección local y también a Italia, Bélgica, España y Japón, por ejemplo, que ya han ganado torneos anteriores.

Este lunes, mientras el resto del gremio celebraba su día, el seleccionado argentino realizó su última práctica en la Escuela de Pastelería Profesional de la Federación Argentina Trabajadores Pasteleros, Confiteros, Pizzeros y Heladeros, en Buenos Aires, donde todos sus integrantes son docentes.

El capitán Ruiz explicó que el Mundial se desarrolla en dos jornadas de nueve horas diarias, el 27 y 28 de enero, y se compite en tres rubros: postres de chocolate, helados de fruta y postres al plato.

De los aspectos que se evalúan, el sabor es el de mayor puntaje, pero también cuentan, la originalidad de la receta, que las porciones exhiban prolijamente sus capas sin desarmarse y que el trabajo sea realizado en el tiempo reglamentario, entre otros.

Entre las dimensiones artísticas del certamen aparece también la escultura, con obras de chocolate, caramelo y hielo de más de un metro de altura en las que se hace la presentación final del bufé.

Para este aspecto, el equipo auxiliar de los competidores incluyó al escultor Mariano Sivak, quien también es utilero de cine y teatro, y como tal posee una experiencia en el manejo del tiempo muy útil para una competencia contra reloj.

“Observé cómo trabajaban, sus técnicas; vi que usan molduras parecidas a las de la escultura. Charlando mucho y probando fui aportando elementos de composición, de estructura, volumen y espacio con el resultado de una creación colectiva”, dijo Sivak.

Es justamente en esos elaborados soportes escultóricos, que deben hacerseMundial de Lyon íntegramente con elementos comestibles, donde se plasma la referencia al brillante cardiólogo argentino a quien se rinde homenaje, con formas que combinan el símbolo del corazón con la reproducción anatómica del órgano.

Pero el verdadero corazón de la presentación lo constituyen una torta de masa suave, preparada con cacao, romero, pera, avellana y limón, una capa de mousse y un baño de chocolate de rotundo sabor; un helado de dulce de leche, frutos rojos, queso y maracuyá, y un postre cremoso a base de cítricos con baño de frutilla, que incluye una porción de helado muy liviano y un toque crocante de avellanas.

“Salvo algún detalle, con esto mismo ganamos en México. Nos adaptamos a un gusto más internacional. Lo nuestro sería con más dulce de leche, pero como es dulce y graso, no va mucho para el paladar europeo”, explicó Ruiz.

El capitán reveló que la definición de los platos fue un proceso en el que contribuyeron incluso experimentados profesionales, como Dolli Irigoyen, Osvaldo Gross, Olivier Hanoq y Diego Irato, entre otros, a quienes se invitó para degustaciones y cuyas opiniones permitieron ir puliendo conceptos.

Ruiz, quien conoció personalmente a Favaloro, admitió que no fue fácil definir el tema con el que se presentaría la Argentina. “El tango está muy trillado”, opinó. Finalmente, se decidió que la trayectoria del cardiocirujano merece sobradamente el homenaje de que el equipo lo lleve a Lyon como emblema nacional con el lema “Un corazón para todos”.

Además del apoyo sindical, el equipo cuenta con el patrocinio de la empresaria Cámara de Confiterías de la Asociación de Hoteles, Restaurantes, Confiterías y Cafés.

El equipo argentino forma con: 

Eduardo Ruiz, el capitán, de 46 años, lleva la pastelería en el ADN. Aprendió de su padre, a quien a su vez le había enseñado su tío, de quien se sabe que sus abuelos tenían una pastelería en las afueras de Madrid y que, probablemente, todavía funcione. Ruiz es actualmente propietario de La Buenos Aires, en el barrio de Flores, y desde hace 16 años enseña en la escuela sindical, de la que es coordinador profesional.

Pepe D’Alonso, 54 años, entró por primera vez a la cuadra de una pastelería cuando aún no había cumplido los tres años. El local estaba en San Miguel, propiedad de su cuñado y su hermana mayor, y allí su madre trabajaba de cocinera. Cerca de sus 50 años, haciendo equipo con Jorge García, ganó el concurso nacional en la feria Fithep, el evento más importante de la pastelería, y así quedó habilitado para competir internacionalmente.

Jorge García, 37 años, empezó en el rubro a los 14 años como ayudante panadero. “El aroma del pan y de la factura me hicieron ir a pedir ese trabajo”. Fue campeón nacional en equipo con Pepe. Trabaja en la panadería y confitería Dulcis, de Villa Devoto, y da clases en la escuela del sindicato para el nivel profesional. “Mi hijo, de 7 años, que a veces lo traigo a estas jornadas de práctica, es el primero que prueba lo que hago, es mi crítico”, comentó.

Mario Abán, 58 años, es el único de los cuatro que comenzó su vida laboral con otro oficio: sastre. Pero luego se acercó a la escuela y se fue convirtiendo en pastelero y ahora se prepara para ir por tercera vez a Francia a competir en el Mundial. “Vamos a competir con los mejores, que están bien asesorados y tienen mucha trayectoria. Nos vendría bien contar con más apoyo, pero vamos a poner lo mejor de nosotros”, afirmó.