Macri, el papa, el subte y el parque Centenario

1. Renuevo mis críticas a la decisión de Macri de desechar los vagones históricos del subte A. En su momento pedí que los dejaran en horarios marginales y los fines de semana. Eran un  atractivo turístico-cultural. Salían en las guías.

La entronización de Francisco les hubiera añadido ser los vagones que usó toda su vida el ahora papa. ¡Imaginen el interés que sumarían! Pero si el que manda no tiene sensibilidad para eso … y encima cree que es el dueño …

Si los visitantes del país y del exterior se sacan fotos en la casa de la infancia de Bergoglio, que está toda modificada, seguramente les gustaría fotografiarse reproduciendo la escena en que se lo ve en un subte de madera, un encanto que no pueden adquirir los nuevos vagones en los que el papa Francisco nunca viajó ni viajará.

2. Estoy en contra de otro aumento en el subte. Están dibujando una fractura social, “limpiándolo” de pobres, para que menos gente con algo más de dinero, viaje cómoda, quizás considerándola clientela electoral,  y mucha más gente sature los colectivos. Para más adelante me veo venir una tarifa diferencial para el Metrobús y sostengo que las rejas en los parques están inspiradas en la misma ideología: unos con el privilegio de pertenecer, otros afuera.

Macri expresa estas ideas claramente cuando se queja de que a “muchos de la provincia los tenemos que atender en los hospitales de la ciudad”. O sea, que vengan y trabajen, produzcan riquezas, consuman y paguen impuestos en la ciudad, pero que después los servicios vayan a pedirlos a la provincia de Buenos Aires.

Este hombre sería feliz si esto fuera un gran “country”, bien cercado y custodiado, y afuera todo lo “feo, sucio y malo”.

3. Soy de los que piensan que el asueto para las escuelas porteñas por la asunción del papa fue pura pérdida. Para los chicos fue un día vacío.

Podría haberse resuelto mejor justificando a las familias que hubieran querido no mandar sus hijos a la escuela para participar en la vigilia o en alguna otra ceremonia. Hubiera sido también, con tanta presencia del tema en los medios, un buen disparador educativo, para hablar con los alumnos del mundo y las religiones. Como se hace con el Mundial, que sirve para enseñar geografía.

Tal vez sí sirvió, no a la gente sino a quien lo decretó, como gesto propagandístico, algo a mi juicio absolutamente reprobable. Como les gusta decir a ellos cuando el motivo es la protesta de los docentes: ¡700.000 chicos porteños perdieron otro día de clases!

 

4. Pasó algo loco en el Parque del Centenario. Sí, el enrejado, el que ahora cuidan, el que ahora tiene policía todo el tiempo. Parece que algunos guardianes del Gobierno de la Ciudad se pusieron a controlar parejas.

Por supuesto hubo una linda reacción. Se las cuento en una nota que escribí a cuatro manos con la colega María Alicia Alvado  el domingo pasado:

Beso masivo en Parque Centenario contra guardianes que vigilan parejas

Decenas de parejas montaron un “besódromo” y se besaron simultáneamente en el Parque Centenario, en protesta por la actitud de los guardianes del enrejado paseo que reconvinieron a varias de ellas por la forma de contacto de los cuerpos a la hora de los mimos.

Los participantes se autoconvocaron por Facebook con la provocativa consigna de “Haciendo el amor en el Parque Centenario”, que recibió casi 5000 adhesiones, aunque en la mayoría de los casos sólo quedaron en esa expresión virtual.

“Ante una situación absurda no nos faltará el humor ni ahora ni nunca. Nos venden encierro, intolerancia y división. Frente a eso queremos proponer el amor, la liberad y el humor. Las mejores armas contra la estupidez”, dijo megáfono en mano Manón Chapolart, que lideró la convocatoria en la red social.

Chapolart, una francesa de 27 años que hace cuatro vive en la Argentina, tomó la iniciativa con un grupo de amigos, al enterarse que al menos a dos de ellos les llamaron la atención los guardianes del parque cuando estaban con sus parejas.

La protesta tuvo lugar al lado de la estatua del lago, en el parque ubicado en el corazón geográfico de la capital federal, objeto de una controversia vecinal por la decisión del Gobierno porteño de instalar una reja perimetral para mantenerlo cerrado de noche.

Cuando se cantó la consigna de besarse, decenas de parejas heterosexuales y homosexuales y hasta tríos se besuquearon ostensiblemente junto a la estatua del lago, en un clima de desafiante alegría juvenil.

Incluso, cuando pasó cerca una pareja mixta de agentes de la Policía Metropolitana, de fuerte presencia en el paseo, les pidieron en broma que se abrazaran y se sumaran a la protesta.

Lucas, uno de los afectados, dio su testimonio. “Una guardiana nos vino a decir que nos sentáramos bien”, dijo, cuando él estaba sentado en el pasto, con su novia Victoria a horcajadas sobre sus piernas.

Ante la sorpresa de la pareja, que no aceptó la indicación, la guardiana dijo que era “una cuestión de sentido común, de respeto a la sociedad”.

Los interpelados, sintiendo el apoyo de otras personas que se fueron acercando, respondieron “estamos en 2013”, y dijeron con sorna: “¿Se puede ir que nos está tapando el sol?”.

Lucas y Victoria relataron que la guardiana no fue agresiva pero sí insistente, y que se retiró al verse sin consenso entre  quienes se aproximaron.

Chapolart dijo que a una amiga suya que estaba con su pareja le dijeron que se separaran porque alguien se había quejado de que no soportaba ese contacto delante de sus hijos.

Una guardiana, de unos 50 años uniformada por un chaleco fluorescente y con pito colgado al cuello, que prefirió no dar su nombre, dijo que no tenía ninguna indicación de sus superiores sobre las parejas, sin embargo admitió que “a veces, cuando veo una pareja que está uno arriba del otro, les digo si se pueden sentar bien”.

La vigiladora sostuvo que de sus observaciones surge que las parejas homosexuales son más discretas que las heterosexuales.

Dos agentes de la Metropolitana, que también prefirieron el anonimato, aseguraron que tampoco tienen indicaciones sobre las parejas, y hasta se definieron “a favor del amor”.

“El límite es la moral y la ética. Intervenimos si alguien se está desnudando o tocándose”, explicaron.

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