A favor del acuerdo de precios, aunque con una crítica

Va una colección de tuiteos y opiniones que emití en los últimos días sobre los precios:

Apoyo el acuerdo de precios pero critico: regirá desde enero, por lo que convalida los brutales aumentos empresarios de las últimas semanas. Fiestas caras. Abuso e impotencia.

Sergio Massa dice que el acuerdo precios es “parche”. Ajá. ¿Y qué proponé él de fondo? Su enumeración incluye, tácito, que quiere precios libres. Perfecto para las empresas dominantes.

Del artículo de Alberto Dearriba en Tiempo Argentino: “Las empresas han burlado los acuerdos de precios, pero es la única vía antiinflacionaria compatible con quienes detestan los ajustes y creen que el Estado puede morigerar los desmanes del mercado”.  Agrego yo: completamente de acuerdo.

Del artículo de Ismael Bermúdez, hoy en Clarín: “Los grupos más concentrados (de empresas), y más aún de bienes imprescindibles, pueden imponer sus precios por encima de la inflación y hasta más que compensar vía precios una reducción de la demanda”. Insisto: la madre de las batallas contra la inflación es regular a los oligopolios que controlan cada rama económica y suben los precios a discreción cada vez que “hay plata en la calle”, léase aguinaldo, aumentos, bonos, para capturar esos recursos.

La madre de las batallas por la inflación hay que darla contra los abusos de quienes, por la altísima concentración de la economía, puede formar y aumentar precios sin límites cada vez que olfatean que hay más plata en la calle para capturar. Nada que ver con los salarios que pagan ni con la cantinela de que el Estado gasta mucho en los pobres, que predican sus empleados economistas y sus medios cooptados con publicidad.

Luis Majul es otro que culpa de la inflación a los salarios y así exculpa a los oligopolios, presentes en cada sector económico, forman los precios y capturan renta a gusto. El costo salarial es muy pequeño en los costos totales empresarios. A más tecnificado el sector, menos inciden. Las empresas pueden dar mejores salarios sin trasladar nada a precios.

Facturación por segundo de las comunicaciones por celular, verdadera medida antiinflacionaria esencial. Regulación estatal contra los abusos monopólicos de las transnacionales.

La batalla por la inflación hay que darla contra los formadores de precios concentrados. Ellos suben 40 por ciento los alimentos, capturan ganancias extraordinarias y nos distraen, con medios propios y periodismo cooptado con avisos, que la culpa es que hay demasiado Estado.

De la Dictadura para acá, la economía del país no hizo más que reconcentrarse, a tal punto que una o dos empresas hegemonizan cada sector económico, y extranjerizarse, porque son casi todas transnacionales, incluido por supuesto el campo. Eso es un país muy desequilibrado, las riquezas se las llevan, la exclusión social es profunda y así irreversible. Ese proceso continuó incluso con el kirchnerismo, al que sin embargo le reconozco medidas en contrario, pocas, pero que yo apoyo: AFJP, Aerolíneas, y sobre todo YPF, alguna otra en ese espíritu de retomar control de la economía. No veo salida gradual, no se dan condiciones políticas. Algún día se romperá todo o seguiremos mirando líneas de pobreza en un país que puede alimentar a 400 millones de personas. Y que encima ahora tiene Vaca Muerta, por la que ya vienen con todo.

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