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Algo más sobre los artesanos de Florida

22 julio 2008

Les prometí algo más sobre los artesanos de Florida (y un cachito de Perú).

Artesanos, subrayo. No son comerciantes oportunistas que explotan esa ubicación para hacer caja sin pagar alquiler ni impuestos, ni salarios dignos. Esos podrán ser los que contratan extranjeros y les dan mercadería (bufandas, remeras, relojes) para que vendan donde puedan.

Los artesanos son gente que tiene una actividad de subsistencia, honesta y valorable pero que no les da más que para eso, subsistir. Y ofrece productos que son apreciados por los turistas y los habitantes de esta ciudad. Como en todo el mundo.

Después de charlar con ellos, de enterarme cómo los tratan, es imposible no asociar lo que pasa allí con otras actitudes del gobierno de la ciudad de Mauricio Macri.

Mi hipótesis es ésta (y me encantaría si alguien me diera elementos para descartarla o al menos corregirla, en serio): Macri tiene una lista de “indeseables”, a saber: los cartoneros, los chicos de la calle, los vendedores ambulantes, los artesanos, los okupas, los mendigos, los que viven en villas,  los vecinos del conurbano que vienen a los hospitales porteños y, me animaría a decir, los pobres en general.

Percibo que para él cada una de esas categorías no representa problemas sociales a resolver sino inconvenientes de los que hay que deshacerse. O sea, creo que concibe la ciudad como el country, que “va a estar bueno” cuando toda esa gente esté afuera del paredón perimetral y adentro quede sólo la “gente como uno”. Deduzco que razona así: “Para la gente de Buenos Aires (léase clase media), con los hospitales que hay alcanzaría, pero el problema es que se llenan de pobres. Esos pobres vienen del conurbano. Que los atienda Scioli y mis hospitales van a funcionar bien”. O sea, no se hace cargo, no sabe, no puede, no quiere gobernar la realidad tal cual es.

¿Por qué lo digo? Porque hasta ahora, cada vez que su gestión rozó alguna de esas situaciones fue para entrar en conflicto, no para encaminar una solución. A los cartoneros de Barrancas de Belgrano quiso correrlos con violencia; a varios edificios ocupados, mandó desalojarlos sin política de reubicación; a las villas las iba a urbanizar y ahora se echó atrás; en los hospitales municipales quiere vedar el acceso de quienes no vivan en la ciudad aunque trabajen, consuman y paguen impuestos en ella, a los vendedores los corre, a los artesanos los hostiga, leí que se están juntando firmas para que no desaparezcan los programas de atención de chicos de la calle… Creo que hay un hilo conductor.

Pero sigo con los artesanos.

Ellos admiten que tradicionalmente han tenido algunos problemas por “ocupar espacio público”, pero en otras épocas, con otros gobiernos, se llegó a valorar su actividad como un añadido a los atractivos turísticos de la ciudad, hubo iniciativas para instalarlos en lugares apropiados y cuando hubo alguna situación de discusión, “la Guardia Urbana -que Macri disolvió- venía con otra actitud, de diálogo”.

Ahora, en cambio, “esta gente es agresiva”, aseguran. Señalan como responsable del “operativo” para correrlos de Florida a un tal Rolando Verón, director de Ferias y Mercados, pero creo que no es cuestión de focalizar en un funcionario sino en la política que encarna, que no la define él sino el jefe de gobierno.

De todos modos, me dijeron que este hombre es profesor de la carrera de Turismo de la Universidad de Lanús y que, casualmente, son estudiantes de esa carrera, los “pasantes” que hacen el indigno trabajo de hostigar a los artesanos, cuyas mantas para exhibir sus obras ocupan un metro cuadrado. Por lo que pude ver, los tipos rondan, pasan, se quedan por ahí, y mientras estás, los artesanos se ven obligados a tapar o esconder sus cosas, porque de otro modo vienen a desalojarlos.

Los artesanos dicen que suma indignación el hecho de que “nunca hay problema con el espacio público cuando es una empresa la que lo ocupa para promociones”, y de que se vea bastante cómodos a revendedores de artículos industrializados con mantas de exhibición bien amplias.

Todo esto explica el cartel de tela que pone el grupo de Gustavo y Emanuel, frente a Aerolíneas: “Somos cinco artesanos que desde hace cuatro años ofrecemos nuestras artesanías en este lugar. La gestión Macri nos quiere borrar del mapa. Gracias a todos ustedes por apreciar y comprar nuestras artesanías. Que este sitio siga siendo un vehículo de creatividad y no sólo un aburrido lugar de paso. Los artesanos de la calle Perú”.

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El aguante de los artesanos de Florida ante el hostigamiento de Macri

19 julio 2008

Una verdadera novedad: estuve en Florida pero ¡de día! Ja, ja, ja

Me tocó el caso del conflicto entre los artesanos y el gobierno de la ciudad que busca echarlos. Ahí va la nota que preparé, pero tengo más para contarles. Mañana o pasado vuelvo sobre el tema.

ARTESANOS DE FLORIDA SE QUEJAN DE “HOSTIGAMIENTO“ DE LA CIUDAD

Buenos Aires, 22 de junio de 2008.- Artesanos de la peatonal Florida, la más cotizada calle comercial porteña, sostienen una resistencia pasiva contra el “hostigamiento“ del Gobierno de la Ciudad para que abandonen la zona.

“Desde febrero hay un operativo para hostigarnos; nuestra respuesta es hacer el aguante, estar aquí“, dijo hoy Dora Santos, que ofrece sus artículos de macramé en una manta sobre los prolijos adoquines de Perú al 100, prolongación de Florida.

Ella y otros artesanos coincidieron en rechazar la idea que evalúa el Gobierno porteño, revelada por el ministro de Espacio Público Juan Piccardo, de permitir su actividad sólo después de las 20.

“No nos dejan trabajar. La artesanía vive del empleado, del regalito de último momento, de los turistas cuando es temporada. A las 20 no queda nadie“, afirmó.

La mujer recordó recientes reuniones con funcionarios que ofrecían autorizarlos desde las 19. “Pedimos desde las 16, pero no se llegó a nada. Eso sí, juntamos 5.000 firmas en nuestro apoyo“, aseguró.

Marisa, que trabaja con tejidos al crochet, consideró ridículo el horario nocturno. “Detrás de cada uno de nosotros hay familias. Tengo una hija de ocho años. Yo trabajo hasta las 16 porque después sale de la escuela“, explicó.

Santos se quejó de que en incidentes de los últimos meses funcionarios de la ciudad, “que no se acreditan, han secuestrado mercadería, pisoteado paños y agredido a compañeros“.

“No puede ser que la artesanía haya pasado de ser un elemento de cultura a un problema de espacio público“, sintetizó Santos.

A pocos metros de allí, a la altura de la sede de Aerolíneas Argentinas, otro grupo de artesanos exhibía afiches caseros que acusaban al jefe de gobierno, Mauricio Macri, por la tesión.

“Hoy pasó otra vez. Vino un funcionario con ayudantes y se pusieron a romper los carteles pegados en la pared“, se quejaba Gustavo, que con cuatro colegas ofrece bijouterie de alpaca, piedras o semillas.

Relató que el incidente más serio fue el 30 de junio, cuando la intervención de los funcionarios derivó en forcejeos y terminó con decenas de transeúntes poniéndos en favor de los artesanos.

“Esto es una actividad de subsistencia. En mi caso no puedo ni pagar un hotel“, subrayó Emanuel Gómez, que desde hace ocho años trabaja con cuero y pieles que recicla.

Los artesanos insistieron en diferenciarse de los revendedores de artículos industriales, “muchos de ellos peruanos“, aseguraron, que también eligen Florida.

“En los paños ponen 500 pesos en mercadería. Gorritos, bufandas y otras cosas. Eso no es subsistencia“, argumentaron. ambién afirmaron que según los funcionarios “el espacio público es innegociable, pero la ley no es pareja, porque las promociones de empresas, (el pastor estadounidense Luis) Palau, que estuvo en la 9 de Julio, y otros no tienen problemas“. (Raúl Queimaliños)

 

La sórdida cara nocturna de la calle Florida

23 junio 2008

El Cronista Noctambulante hizo un paseo por Florida. De noche, claro. ¿Y saben qué? Llegó a la conclusión de que no debe haber lugar en Buenos Aires de mayor contraste entre su imagen y actividad diurna y su realidad nocturna. Van segmentos del artículo que escribió:

Sin multitudes, negocios ni glamour en la Florida nocturna

Buenos Aires, 23 de junio de 2008.- La bulliciosa, renombrada y cotizada calle Florida, el paseo de compras que ningún turista omite visitar, es también el ámbito de mayor contraste porteño, entre el gentío y el glamour diurno y la soledad y sordidez de sus noches.

Si al mediodía el consumo es una fiesta, a medianoche el hambre hace cola en los restaurantes de comida rápida en busca de desechos comestibles y genera tensiones con los camioneros de la recolección que este año tienen instrucciones de llevarse todo.

En su exacto kilómetro de extensión, desde Rivadavia a la plaza San Martín, tiene casi 300 comercios de cien dólares por metro cuadrado de alquiler mensual promedio, pero por las noches sólo funcionan dos puestos de diarios y dos de flores, una farmacia de turno permanente y un maxiquiosco por cuadra.

“En general vienen personas de la limpieza de oficinas o de vigilancia, gente de Cliba (limpieza de calles), algún policía, gente del subte o los que miran los medidores de luz y gas”, describió Alberto, encargado de un quiosco cerca de Diagonal Norte.

Diego, de 22 años, que atiende otro quiosco próximo a Lavalle, confirmó además que los escasos 20 ó 25 clientes que pasan por noche casi todos llevan cigarrillos.

En una lenta caminata a las 3 de hoy, sobre las estresadas aunque bien iluminadas baldosas de la peatonal, a esa hora bien barridas y lavadas, el cronista se cruzó con apenas 30 personas.

El cartel electrónico del Banco Ciudad indicaba 6 grados, vallas metálicas montaban guardia ante la sede de la Sociedad Rural, unos muchachos repartían tarjetas de clubes nocturnos en el cruce con Tucumán, una mujer parecía esperar a alguien en la esquina de Paraguay.

Podían verse también muchas palomas, obligadas al picoteo nocturno porque de día la gente les impide tocar tierra, y unas cuantas ratas en los cuidados canteros con arbustos próximos a Marcelo T. de Alvear, en el extremo elegante de la arteria.

El diariero de turno en la esquina de Corrientes recibe los diarios a las 2.30 y vende a algunos taxistas y automovilistas que se detienen cómodos a esas horas, pero apenas unos 25 por noche.

“Cuando en el Luna (Park) hay recitales, a la salida mucha gente pide cancioneros o pósters del artista que fue a ver, como pasó hace poco con (el mexicano) Marco Antonio Solís”, añadió.

En cambio, el del cruce con Paraguay es categórico: “De noche lo único que se vende son revistas porno”.

Aunque está próximo a importantes hoteles y tiene también publicaciones extranjeras, casi no atiende turistas de noche, porque “los mismos conserjes les dicen que no anden a estas horas por la calle”.

Antonio, de 59 años, que hace diez cartonea, arranca cerca de las 3 todos los días y recoge unos 35 kilos de cartón en una decena de puntos de la peatonal donde se los reservan. Después recorre otras 300 cuadras hasta entregar su “cosecha” a las 2 de la tarde en Constitución.

“Mucha gente viene a buscar cartón aquí, especialmente los viernes, sábados y domingos. Nos dan 28 centavos el kilo. Hace seis meses estaba a 40/42 centavos”, informó.

Entre las 3 y las 6, Héctor, de 58 años, vende unas veinte docenas de facturas por noche, y varias más hasta las 9, cuando levanta el improvisado puesto que salvo los domingos instala frente a la notable fachada del Banco de Boston.

“Viene gente que trabaja de noche en los bancos o en call centers, gente de la limpieza. Va bien, llevo 15 años ya”, dijo, mientras despachaba medialunas a 60 centavos la unidad y churros bañados en chocolate a 75.

Raúl Queimaliños