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Mineros de Chile: a los rescatados se les viene otro infierno, para los de siempre la lucha continúa

15 octubre 2010

Dos reflexiones en el día posterior al salvamento de los 33 mineros de la mina de Copiapó, en Chile. Ninguna es original, ya otros la han hecho, pero me sumo como apoyo.

Para los rescatados, tomo un fragmento del artículo del escritor y ex minero chileno Hernán Rivera Letelier, publicado por el diario El País, de Madrid:

“Que les sea leve el alud de luces, cámaras y flashes que se les viene encima. Es cierto que sobrevivieron a esa larga temporada en el infierno, pero al fin y al cabo era un infierno conocido por ellos. Lo que se les viene ahora, compañeros, es un infierno completamente inexplorado por ustedes: el infierno del espectáculo, el alienante infierno de los sets de televisión. Una sola cosa les digo, paisitas, aférrense a su familia, no la suelten, no la pierdan de vista, no la malogren, aférrense como se aferraron a la cápsula que los sacó del hoyo. Es la única manera de sobrevivir a ese aluvión mediático que se les viene encima. Se los dice un minero que algo sabe de esta vaina”.

La otra reflexión es para los que seguirán trabajando anónimamente en las minas. Es una advertencia de muchos, aunque vaya con mis palabras: ni por un segundo bajen la guardia en la pelea por las condiciones de trabajo.

Es verdad que hasta el propio presidente de Chile, el rico empresario Sebastián Piñera, ha dicho bajo los focos de una inesperada fama mundial, que el episodio de la mina San José no quedará impune, y que se revisarán exhaustivamente las condiciones de trabajo en la minería de todo el país. Bueno, no alcanza. Sigan luchando para que eso se cumpla lo más posible.

Chile tiene el triste honor de haber sufrido, en 1945, el mayor accidente mundial en una mina metalífera. Ocurrió en El Teniente, propiedad entonces de la Braden Cooper Company. Hubo 355 trabajadores muertos. También esa vez se dijo que se controlarían las condiciones de trabajo con todo rigor.

Y si alguien piensa que es una historia antigua, diré que según datos del oficial Servicio General de Geología y Minería de Chile, en los últimos diez años los accidentes mineros dejaron 373 muertos y 31 en lo que va de 2010.

Es sencillo. Está en la naturaleza de las empresas privadas maximizar las ganancias, y uno de los componentes de su fórmula es gastar lo menos posible en seguridad, en sueldos y en cualquier cosa que signifique gasto. Lo único que contrarresta esa ley inhumana es justamente, el factor humano, la lucha de los trabajadores por sus derechos a la integridad física y a una retribución justa. Fuerza mineros, y fuerza Chile, apoyen a sus trabajadores.

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Rotundo éxito del rescate de los mineros en Chile: todos sanos y salvos

14 octubre 2010

Con la salida del último rescatista y el sellado de la boca del conducto de escape, terminó a primera hora de hoy, con un rotundo éxito, el rescate sanos y salvos de los 33 mineros que estuvieron sepultados 70 días a 700 metros de profundidad en una mina del desierto de Atacama, en el norte de Chile.

El momento culminante de la inédita operación, que fue presenciada con emoción por centenares de millones de personas en todo el mundo, fue cuando salió el último de los 33 trabajadores atrapados, el jefe de turno Luis Urzúa, quien mantuvo unidos y disciplinados a sus hombres, en su cárcel de piedra.

“Espero que esto nunca más vuelva a ocurrir. Gracias a todo Chile”, dijo el topógrafo envuelto en una bandera chilena y ovacionado en presencia del presidente Sebastián Piñera y un lloroso jefe de los rescatistas, Andrés Sougarret, según trasmitió la televisión chilena, que ofreció una excelente cobertura de toda la operación.

La operación terminó a las 0.32 de hoy cuando también salió el último de los seis rescatistas que habían bajado al fondo de la mina para auxiliar a los mineros. El izado de todos en la cápsula Fénix 2 por el conducto de 622 metros, ambos especialmente construidos para este fin, demandó poco más de 24 horas.

El último rescatista en subir fue el que había bajado primero, a última hora del martes, Manuel González, empleado de la minera estatal Codelco.

El rescate desató la euforia en Copiapó y en todas las ciudades de Chile, donde hubo bailes, niños disfrazados, bocinazos y besos.

El rescate de los mineros va muy bien. La mina gotea vida.

13 octubre 2010

¡Todo funciona bien en Copiapó!  Hasta las 9 de hoy van diez mineros rescatados. Por razones profesionales he seguido el tema toda la noche. Van impresiones.

El momento más emocionante:  Cuando a las 0.10 Florencio Ávalos emergió de las profundidades y su hijo de 7 años corrió llorando a abrazarlo, seguido por la mamá.

El momento de más entusiasmo: El show de Mario Sepúlveda, el segundo rescatado. Gran idea traerse piedras de recuerdo. 

La operación técnica. Muy buena, y me río de los tontos que se burlan porque los laburantes, puestos a resolver una contingencia imprevista, apelen a un martillazo o a un alambre. Aquí hay compromiso y eficacia.

La transmisión. Excelente trabajo de la televisión de Chile, que generó las imágenes para todo el mundo.

Piñera: Bien que esté allí, pero muy figuretti. Ahora, le aplaudo haber esperado con una banderita boliviana en sus manos a Carlos Mamani, cuarto rescatado, el único extranjero de “los 33”.

Los títulos. Cómo presentaron el tema los diarios argentinos:

  • Página 12 puso el mejor título:  Gracias a la vida (alude al tema de la chilena Violeta Parra).
  • Diario Popular (Rescate histórico) y Crónica (Volver a vivir) llevaron el tema como el único de sus tapas.
  • Clarín (Volver a la vida) y Crónica usaron la misma idea.
  • La Prensa (Y el milagro fue), La Nación ( Rescate, gesta y milagro), Tiempo (Conmoción mundial por el milagro de los mineros). Apelaron a la gastada idea del milagro.
  • Los diarios económicos no pudieron sustraerse del tema. Buenos Aires Económico (Comenzó anoche con éxito en Chile el histórico rescate de los 33 mineros), El Cronista (Comenzó el histórico rescate de los 33 operarios atrapados en una mina chilena), Ambito Financiero (Comenzó el dramático rescate de los mineros).
  • Hasta el deportivo Ole tomó el tema como referencia. Publicó una entrevista con el Bichi Borghi, que dirigió en Chile, y que dijo que le gustaría tomar un café con alguno de los mineros.

Cierro con mi resumen esta madrugada, cuando iban 6 rescatados:

Copiapó, Chile, 13 de octubre. Seis de los 33 mineros sepultados hace 70 días bajo un mar de roca en una mina del norte de Chile volvieron a ver la luz del día este amanecer en el exitoso comienzo de una inédita operación de salvamento que concita la atención mundial.

El primero en ser izado sano y salvo desde la cárcel de piedra a casi 700 metros de profundidad fue Florencio Ávalos, de 31 años, quien emergió a las 0.10 a bordo de la cápsula de rescate Fénix 2, especialmente construida para esta operación.

Luego, con intervalos de alrededor de una hora y tras viajes de entre 15 y 20 minutos en el estrecho mecanismo ascensor a lo largo del conducto de 622 metros, salieron sucesivamente a la superficie Mario Sepúlveda (40 años), Juan Illanes (51), Carlos Mamani (23), Jimmy Sánchez (18) y Osmán Araya (29).

Cada uno fue recibido con aplausos y vítores de rescatistas y familiares, y por el propio presidente Sebastián Piñera y su esposa, que siguieron la actividad en la boca del conducto.

Particularmente  emotivo fue el reencuentro de Ávalos con su familia, cuando se vio a su pequeño hijo Byron, de 7 años, correr a abrazarlo con el rostro bañado en lágrimas, seguido por su madre, Mónica, para formar una esperada imagen que dio la vuelta al mundo.

Otro momento culminante se produjo a la salida de Sepúlveda, a las 1.09, que emergió de las entrañas de la mina rebosante de alegría y repartió abrazos y piedras recogidas en el socavón a familiares, rescatistas y a Piñera, y luego dirigió un coro para cantar la tradicional consigna “Chi-chi-chi, le-le-le. Mi-ne-ros-de-Chi-le”.

¡Vamos mineros de Copiapó! El mundo pendiente de esa cápsula

12 octubre 2010

Esta medianoche comenzará la fase final del histórico rescate en la mina San José, en Copiapó, en pleno desierto chileno de Atacama.

La buena gente de todo el mundo está pendiente de esa operación. ¡Arriba mineros! ¡Fuerza rescatistas! ¡Ánimo familias!

¡Salven a los 33 mineros de Copiapó!

27 agosto 2010

¡Qué impresionante lo que está pasando en esa mina de Chile!

Fue maravilloso enterarse el otro día que los habían encontrado ¡Y todos bien! ¡Los 33! La emoción y el alivio que sentí con la noticia me dio la medida de la angustia que sin darme cuenta había acumulado, aunque por mi vida urbana y de trabajador intelectual en Buenos Aires esté geográfica y culturalmente distante de esos laburantes.

Pero bueno, por algo esta bitácora se llama ¡Es la gente, estúpido!, porque se rebela contra las visiones del mundo que prescinden de lo humano, que se expresan con conceptos indiferentes al sentir de la gente y manejan magnitudes sin sentido para la dimensión humana.

Pasada la alegría de saber que están vivos, reapareció la incertidumbre reformulada: ¿podrán salir vivos? Esos mineros están viviendo una pesadilla que recién comienza. Van a tardar meses en sacarlos, y en ese tiempo tan prolongado pueden fallas sus mentes, porque cualquiera puede desequilibrarse en esa situación límite, y puede agravarse la tragedia, con un terremoto, por ejemplo.

De modo que quienes somos sensibles a ese drama estamos condenados a seguir día a día el angustiante proceso hasta que podamos sentir el alivio verdadero.

Cronología:

  • 5 de agosto. El derrumbe.
  • 22 de agosto. Contacto y constatación de que siguen con vida.
  • 26 de agosto. Muestran en un video cómo viven.

http://www.tn.com.ar/internacional/chile-mira-el-nuevo-video-de-los-mineros-atrapados

La fugaz gestión del pinochetista embajador de Chile

9 junio 2010

El embajador designado por el gobierno chileno de Sebastián Piñera en la Argentina hizo un histórico papelón político y tuvo que irse dos neses después de haberse instalado en Buenos Aires, aunque por lo menos puede decir que lo recibió Mauricio Macri.

Miguel Otero Lathrop había dicho que “la mayor parte de la sociedad chilena no sintió la dictadura (de Pinochet, 1973-1990 ) sino que se sintió aliviada”.

De ningún modo en esta bitácora podríamos decirle algo a los chilenos, que sabrán por experiencia propia lo que allí vivieron. Pero sí vale la pena retrucar a este señor por la duda que pudo haber sembrado en algunos argentinos poco informados.

Para ello, recomiendo el excelente artículo del colega Jorge Oviedo en La Nación (lanacion.com.ar) de hoy, que reproduzco a continuación:

Lo de Pinochet era dictadura, se notaba y mucho

Mi padre me llevó a Chile por primera vez en 1969. Como muchos mendocinos, me enamoré de esa tierra. Volví muchísimas veces a ese hermoso país de gente amable y considerada. La mayor parte de mis visitas posteriores fueron mientras allí gobernaba Pinochet. No sé si como dijo el embajador chileno, Miguel Otero Lathrop, la mayor parte de los chilenos no sintió la dictadura. No puedo hablar por ellos. Pero cuando comencé a viajar sin compañía paterna la de Pinochet era una dictadura y, para mí, era muy evidente, aunque yo no llegaba precisamente desde un paraíso democrático. 

Tal vez era así de evidente porque muchos Carabineros llevaban en su uniforme un pequeño escudo que decía “11 de septiembre de 1973”. Eran los que recordaban haber participado directamente en las operaciones del día del golpe de Estado. Y parecían convencidos, ellos y sus pares que no tenían el distintivo, de que ese pequeño metal dorado los transformaba en una suerte de clase superior. 

O tal vez porque en enero de 1980, casi terminamos presos por sólo andar por la calle de noche cuando por primera vez fui con dos amigos y un hermano a veranear a Viña del Mar. Se nos ocurrió hacer una visita no planificada a la capital, Santiago, donde, sin saberlo nosotros, las reglas eran otras. 

Paseamos y cerca de la plaza principal nos demoramos en el atardecer comiendo unos exquisitos sándwiches con palta, mientras veíamos que a temprana hora las calles se vaciaban, mientras la gente parecía huir del centro. El encargado del local, presuroso, nos dijo que tenía que cerrar y nos recomendó que nos fuéramos rápido. Cuando le dijimos dónde estábamos alojados, que era bastante lejos, palideció: “¡Váyanse ya mismo, no sé si van a llegar! Si los agarran las patrullas los meterán presos ¡Hay toque de queda!” 

Lo había todo el año, aunque habían pasado más de seis del golpe. En la zona balnearia los suspendían en la temporada para no espantar a los argentinos que íbamos por entonces a gastar nuestra “plata dulce”. 

El Palacio de la Moneda estaba por entonces todavía en ruinas, tras el bombardeo y ataque en el que murió Salvador Allende en 1973. El edificio casi no se veía, tras una valla perimetral de madera y estaba prohibido tomar fotografías. 

Alguna vez estuve como periodista acreditado en el fantástico Festival de la canción de Viña del Mar. Para poder acreditarme tuve que hacer los 300 kilómetros de ida y vuelta a la capital, presentarme en el edificio Diego Portales, donde entonces funcionaba el Ejecutivo chileno y someterme a trámites e interrogatorios para que me entregaran una credencial, que venía acompañada con un folleto lleno de advertencias acerca de la cantidad de cosas consideradas “incorrectas” que harían que perdiera la acreditación y que nunca más me dieran una. Todo para ver un festival internacional de canciones. 

En otra ocasión en la Aduana presenté tontamente mi DNI, que tenía mis antecedentes en el servicio militar y, como era la norma, decía que había pasado a la reserva. El agente de migraciones lo vio y me sometió a un largo interrogatorio. Cuando a mi regreso le conté a mi padre, se espantó por mi inconciencia: “N seas b… no lo lleves nunca más a Chile”, me dijo mientras me devolvía el documento luego de haber mirado los sellos e inscripciones. 

Siempre dije ser “estudiante” o “empleado” en las fichas y declaraciones migratorias. Salvo cuando fui a trabajar y tuve que revelar mi profesión. Otro interrogatorio y veladas advertencias. 

Tuve en Chile amigos, “pololas”, pasé momentos felices, volví todas las veces que pude y aunque ya no vivo tan cerca, he llevado a mis hijos un par de veces a conocer esa tierra encantadora de la que también se enamoraron. De sus paisajes, de sus mariscos, de su tránsito ordenado. Me piden -casi exigen- que volvamos más seguido. 

Algunos amigos tenían allí negocios. En una de esas empresas había en los 80 una empleada que tenía un esposo silencioso, de mal genio y mirada amenazante. “Ni se te ocurra cruzarte en una discusión, odia a los argentinos y trabaja en la Dina”, me dijo un día mi coprovinciano que era el empleador de la mujer. El hombre de marras era un “servicio” y no lo disimulaba nada. Le gustaba mostrarse impune. 

En 1984, con la democracia ya instalada en la Argentina me resultaron más evidentes las diferencias con Chile. Ese año viajé con mis dos hermanos y un amigo y tuvimos un gravísimo accidente de tránsito. El menor de mis hermanos sufrió heridas muy importantes y fue internado y operado con serio riesgo para su vida. Por ello, según las severas y ejemplares leyes de tránsito chilenas, mi amigo que conducía el vehículo en el que íbamos quedó demorado en una seccional de Carabineros, al igual que el conductor del auto que nos chocó. 

Durante tres días me repartí entre el excelente y eficiente hospital donde estaba mi hermano y la moderna e impecable seccional donde estaba mi amigo. 

Una noche en la sede de Carabineros viví una escena de terror. Me había hecho conocido de los guardias, que me dejaban entrar a cualquier hora. Pero esa vez los noté particularmente nerviosos. Llegaba con buenas nuevas, a avisar a mi amigo y al otro accidentado que mi hermano estaba muy repuesto, lo que probablemente los liberaría a ellos de la detención. 

Encontré el hall de la comisaría a oscuras y a los dos demorados acurrucados en dos sillas en un rincón. Nada de lo que les dije consiguió conmoverlos y de a poco me di cuenta que estaban aterrados. Entre susurros me contaron lo que pasaba. 

Una hora antes una familia había llegado a contar que había sido atacada por los ocupantes de otro vehículo luego de un incidente circunstancial de tránsito. Además de los insultos y amenazas, decían, uno de los exaltados los había amenazado con un arma de fuego. Habían anotado la patente del otro automóvil y querían hacer una denuncia. 

En eso estaban cuando aparecieron los cuatro agresores. Dijeron que habían sido efectivamente ellos. Y fanfarronearon, según el relato de mi amigo y su acompañante. Dijeron ser miembros de fuerzas de seguridad, aunque vestían de civil, menos uno de ellos, que era hermano de un militar del Ejército. Cuando les dijeron que los denunciantes decían haber sido amenazados con un arma, uno de ellos la extrajo de entre sus ropas. “¡Sí! ¡Con ésta pistola, que le ha hecho muchos servicios a Chile!”, bravuconeó. 

Mi amigo me dijo en susurros en las penumbras, cuando yo ya estaba tan aterrado como él: “Vas a tener una gran historia para escribir, vos que sos periodista”. Y mi respuesta fue inmediata, aterrado de que los carabineros lo hubieran escuchado: “¡Ni lo digas, que no lo sepan estos tipos!” 

Un carabinero que parecía estar a cargo me pidió amablemente que me fuera. El parecía también muy tenso y me dijo por qué: “Puede haber problemas”. Luego con mi amigo se confió más y le reveló que temían ser atacados por el Ejército para recuperar a “sus hombres”, que estaban demorados. 

Supe luego por mi amigo que en la madrugada llegó un camión con militares vestidos con ropa de combate y armas largas. Se presentaron en la guardia y dijeron el cometido de la visita. “Venimos a buscar a nuestra gente”. Y era evidente, me contaron, que estaban dispuestos a llevárselos por la fuerza si encontraban oposición. 

Por nuestro accidente de tránsito, casi tres semanas después, debimos declarar en un juzgado. Por casualidad, estaban citados también los del incidente de esa noche. “Ahí está uno de ellos”, me dijo sorprendido y asustado mi amigo cuando identificó al único que habían procesado: el civil, hermano del militar. 

El resto parecía haber desaparecido del trámite judicial. La familia que había sido agredida no se presentó a ratificar la acusación, lo que a esa altura parecía más que razonable. 

Poco después, caminando por la bella Reñaca una noche nos adelantó un chileno de más de 30 años con paso enérgico. Por la menor temperatura nocturna, al igual que nosotros vestía suéter. Pero apenas nos superó nos dimos cuenta que por la espalda se había calzado un revólver entre el cinto y el pantalón. Y que no había cubierto el arma con el abrigo, por lo que resultaba muy visible. La visión suspendió nuestra animada charla. Nos quedamos mudos. El tipo debe haber percibido la razón del cambio y se volteó por sobre su hombro izquierdo sonriendo y mirándonos de reojo mientras con la mano derecha palpaba el revólver, que no estaba exhibiendo por accidente. 

Yo no puedo saber qué pensaba la mayoría de los chilenos. Sí sé que el gobierno del general Augusto Pinochet Ugarte era una dictadura. Muchos podrán contar muchas cosas peores de aquellos años. Miles tuvieron mucha menos suerte que yo, que por entonces viajaba de vacaciones y sin ningún interés por investigar. Y sin embargo, se notaba que había una dictadura. Se notaba, y se notaba mucho.

Oscar, carta de un lector emocionado

17 marzo 2010

Reproduzco una carta de lectores que leí en Clarín el lunes 15, porque comparte el sentimiento expresado en esta bitácora sobre la actitud de Juan José Campanella cuando recibió el Oscar.

El Oscar y una lágrima de emoción

No creo que haya momento más supremo para un actor, director o trabajador cinematográfico que recibir un Oscar. Si nosotros, desde aquí, estábamos “al borde de un ataque de nervios” esperando el resultado, no llego a imaginarme la adrenalina que deberían tener Campanella y compañía. Es por todo esto que, más que emocionarme y alegrarme por el premio, la verdad se me cayó una lágrima cuando escuché ese grito casi fuera de mocrófono: Fuerza, hermanos chilenos”. Los felicito de corazón a todo el equipo de la película “El secreto de sus ojos”.

Rubén D’Agostino (marcelo-1955@hotmail.com)