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Ahí va el Capitán Beto, primer nanosatélite argentino

25 abril 2013

La Argentina pondrá en órbita mañana su primer nanosatélite, el “Capitán Beto”, completamente desarrollado en el país y a costos muy inferiores a los de satélites tradicionales, anunció este jueves el Ministerio de Ciencia.

Se trata de un “cacharrito” de dos kilos, cuyo nombre técnico es Cube Bug-1 y será transportado por un cohete chino Larga Marcha 2, que iba a partir este viernes a la 1.15 hora argentina, desde Jiuquan, en China.

El “Capitán Beto”  será puesto en órbita junto al NEE-01 Pegaso, el primer satélite de Ecuador, lo que los convertirá en los dos primeros nanosatélites de Latinoamérica.

A 650 kilómetros de altura, el aparato argentino desplegará sus antenas y comenzará a orbitar alrededor de la Tierra.  Será monitoreado desde el Radio Club Bariloche en San Carlos de Bariloche, donde esperan la primera pasada para este viernes a las 9.

El satélite fue concebido, diseñado y fabricado en el país, financiado por el Ministerio de Ciencia, producido por la empresa privada Satellogic en colaboración con el Invap, la empresa estatal de alta tecnología.

Tanto el software como el hardware del “Capitán Beto” son de plataforma abierta y estarán disponibles para aficionados, universidades e institutos de investigación.

Se trata del primer aparato de una nueva plataforma de nanosatélites de industria nacional, con fines educativos y científicos y servirá para demostrar el funcionamiento de esta tecnología en órbita.

“La puesta en órbita del primer satélite de esta plataforma nos pondrá un paso más cerca de nuestro objetivo de democratizar el acceso al espacio”, dijo Emiliano Kargieman, principal ejecutivo de Satellogic y responsable del proyecto.

Destacó que muchos de los componentes empleados en su fabricación “son de tecnología de fácil acceso como la que se utiliza para fabricar teléfonos celulares y computadoras”, los que modificados se convierten en computadora de a bordo, una rueda de inercia y una cámara para fotografiar la Tierra y las estrellas.

Para Kargieman “la posibilidad de fabricar satélites mil o diez mil veces más baratos que los satélites tradicionales marca un hito en la historia de la industria satelital”, dominada por las grandes potencias y gigantescas transnacionales.

El ejecutivo aseguró que el “Cube Bug puede ser diseñado y fabricado por estudiantes universitarios en un cuatrimestre”.

La Argentina también está desarrollando un cohete. La idea directriz, que conceptualmente rompe el control de la industria por parte de los más poderosos, es que en vez de enviar grandes aparatos al espacio, es posible mandar partes que una vez en órbita trabajen en red, y para eso no harán falta enormes cohetes transportadores, sino otros más pequeños que lleven esas partes una a una, todo a un costo muchísimo más accesible para países como los latinoamericanos.

¡Aguante el Capitán Beto!

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Optimizan técnica quechua para mejorar la construcción antisísmica

16 noviembre 2012

Investigadores argentinos comprobaron las ventajas económicas, ambientales y técnicas de una tecnología quechua para la construcción antisísmica y trabajan en normalizar su conocimiento, hasta ahora empírico, para alentar su utilización en condiciones óptimas.

Se trata de una tecnología de edificación denominada quincha, un término que significa cerco con palos o varas y alude al uso de la caña para erigir la vivienda.

“Es una propuesta que cada día cobra mayor importancia como tecnología alternativa de viviendas sustentables”, aseguró Guadalupe Cuitiño Rosales, ingeniera civil, becaria doctoral del Conicet en el Instituto de Ciencias Sociales, Humanas y Ambientales (Incihusa), en Mendoza.

La experta afirmó que crece su utilización “ya sea por la constante demanda de una vivienda digna como por el deseo de vivir en una casa construida de materiales naturales”.

La quincha se originó en el Perú y es empleada desde tiempos prehispánicos en la zona de influencia incaica.

Si bien la ingeniería civil tradicional propone diseños altamente resistentes a los temblores, las construcciones con quincha son una opción de escaso impacto ambiental y con un costo de menos de mil pesos por metro cuadrado.

Estas construcciones son utilizadas principalmente en las zonas rurales y en los alrededores de las zonas urbanas, donde se tiene más acceso a los materiales naturales como cañas y tierra para hacer el barro de los muros y troncos de árboles, que se utilizan para las columnas de la vivienda.

Además, esta tecnología permite ahorrar en mano de obra ya que es posible que el propietario construya la vivienda por sí mismo.

El equipo de investigadores que integra Cuitiño buscó definir y precisar varios aspectos de esta tecnología, dado que “es muy empírica y se trata de conocerla un poco más en base a estudios normalizados”.

La investigación apunta, por ejemplo, a establecer la mejor proporción de arena-arcilla-fibra vegetal para el barro de los muros, con la dificultad de que “cada suelo es diferente y se deben estudiar las proporciones para cada tipo de suelo”, dijo.

También se estudia el armado de la estructura con caña para mejor resistencia y el comportamiento térmico.

“Respecto de la construcciones de hormigón armado y ladrillo, tecnológicamente se han ensayado paneles a escala real y han mostrado un buen comportamiento estructural”, reveló la investigadora.

Respecto de las pruebas térmicas se estableció que “la quincha con un espesor de 10 centímetros tiene un comportamiento similar al de un muro de ladrillo de 20 centímetros de espesor”, aseguró Cuitiño.

“El objetivo es avanzar hacia una mayor sustentabilidad del cerramiento, mejorar las condiciones térmicas y confort interior, y lograr que la radiación solar que ingresa alcance un buen porcentaje de calefacción necesaria,” explicó la investigadora.

Las estructuras con quincha utilizan cimientos y vigas de hormigón sobre los cuales se disponen hasta cinco hiladas de ladrillo o piedra junto con un material hidrófugo, que repele el agua y evita el ascenso de la humedad a los paneles de tierra.

Sobre esta base se erige la estructura principal, que en el centro-oeste del país es de rollizos de álamo o eucaliptos, y luego los muros construidos con caña.

Para el esqueleto interno de las paredes se utiliza caña recubierta con una mezcla de tierra arcillosa, arena y fibra vegetal como puede ser paja de trigo o de centeno.

Gracias a esta combinación de materiales, las construcciones son livianas y muy flexibles, lo que permite que frente a una fuerza sísmica los muros de quincha se deformen bastante antes de llegar al colapso.

Los estudios de ingeniería realizados para precisar la resistencia de estas estructuras indican que son “sismorresistentes con un comportamiento muy satisfactorio, aunque tienen la desventaja de tener poca resistencia a la acción erosiva de la lluvia”, describió Cuitiño.

La zona de alto riesgo sísmico, donde ocurren la mayoría de los terremotos, según el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (Inpres), abarca las provincias de Mendoza, San Juan y La Rioja y el sur de Catamarca.

Hallazgo premiado con el Nobel va a revolucionar la medicina

8 octubre 2012

Entrevisté a Fernando Pitossi, un investigador argentino que trabaja con células madre, quien me explicó el significado de los aportes de los científicos que hoy recibieron el Nobel de Medicina, el británico John Gurdon y el japonés Shinya Yamanaka.

Gurdon descubrió en 1962 que la especialización celular es reversible. En 2006, Yamanaka lo hizo en un laboratorio con células de ratones y en 2007, de humanos.

A ver. Todos nacemos de un óvulo fecundado. En el comienzo hay células iguales, llamadas celulas madre, porque luego se van diferenciando entre sí y se convierten en unos 200 tipos diferentes de las células especializadas que forman el cuerpo.

Los premiados descubrieron y demostraron que ese proceso puede volverse atrás, es decir, que una célula ya especializada puede volver a convertirse en una célula madre. Ese descubrimiento abrió el camino al siguiente paso: hacer que esa célula reprogramada, se especialice de otra manera, para otra función.

“Es un premio muy merecido. Estos aportes pueden revolucionar la medicina en el futuro”, opinó Pitossi, investigador del Conicet y de la Fundación Leloir y miembro de la Comisión de Células Madre del Ministerio de Ciencia, quien además integra el grupo de trabajo de Traslación Química de la Sociedad Internacional de Investigación de Celulas Madre, que presideYamanaka.

El científico japonés “descubrió los cuatro genes que poniéndoselos a una célula de piel la convierten en una célula madre”, explicó Pitossi.

El investigador argentino opinó que estos hallazgos probablemente permitan desarrollar nuevas terapias celulares en la próxima década, porque tornan posible investigar, por ejemplo, por qué funcionan mal las células nerviosas o neuronas de las personas.

“Hasta ahora no era posible tomar células nerviosas para investigarlas, pero en adelante podrán tomarse células de la piel, reprogramarlas y que en una nueva diferenciación se conviertan en neuronas, lo que permite indagar en ellas. Eso se denomina modelaje de enfermedades”, explicó.

La interesante es que el Ministerio de Ciencia de la Argentina reconoció la importancia de los avances en este campo y viene subsidiando muchos proyectos sobre el tema. De hecho, Pitossi trabaja en la reprogramación celular para obtener neuronas que se enferman con el mal de Parkinson y poder investigar por qué ocurre.

Pitossi aclaró que aún no aparecieron terapias nuevas, pero lo que se está haciendo permitirá que cuando existan los tratamientos, en el futuro, la Argentina tenga capacidad para aplicarlos. “La base tecnológica está”, sintetizó.

“Mientras tanto, las terapias celulares hoy están restringidas al trasplante de médula ósea para enfermedades de la sangre”, precisó.

Una científica desarrolló fideos sin gluten con harinas de la Puna y la Quebrada de Humahuaca

30 septiembre 2012

Es un gusto presentarles a la investigadora jujeña María Alejandra Giménez y contar su trabajo, ejemplo de compromiso con su pueblo. Esta es la nota que hice sobre ella:

Desarrollan fideos sin gluten con harinas de Humahuaca y la Puna

Una investigadora jujeña desarrolló fideos sin gluten, con mejoras nutricionales, elaborados con harinas de la Quebrada de Humahuaca y la Puna, que reaproximan a la población local a su dieta ancestral y ofrecen una nueva opción para los celíacos.

“Son ricos. Tienen un gustito diferente a los de trigo y son más firmes pese a que el tiempo de cocción es de siete minutos”, describió la investigadora María Alejandra Giménez, 36 años y un hijo de 2, becaria posdoctoral del Conicet en el Centro de Investigaciones en Tecnología Alimentaria de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Jujuy.

La científica aseguró que estos fideos son recomendables para los celíacos, personas que no toleran el gluten de algunos cereales, cuyas dietas suelen ser deficientes en fibras y en minerales, principalmente, hierro. “Tienen mayor contenido proteico, de una proteína más asimilable; fibra dietaria y hierro”, detalló.

Se trata sin embargo de un beneficio adicional, porque esta investigación fue pensada en primer lugar para la gente de la Puna y la Quebrada, quienes, según una encuesta de 2005 y 2006, han venido cambiando el patrón alimentario ancestral en perjuicio de su nutrición, por la paulatina pérdida de su cultura alimentaria y la escasez de recursos.

Por otro lado, el auge turístico por la declaración de la Quebrada como Patrimonio de la Humanidad engrosó una demanda de platos típicos que estimuló a los agricultores de maíces andinos, amaranto, quínoa, papas andinas, ocas, haba, yacón, entre otros cultivos. Pero, como apuntó Giménez, “una cosa es que veamos las comidas típicas en hoteles y restaurantes, caras, y otra es el consumo popular”.

Estaba clara la necesidad de productos procesados a partir de las materias primas locales, y hubo científicos con el conocimiento y el compromiso necesarios para buscar la respuesta.

Una de ellas es Norma Samman, también de la Universidad de Jujuy, quien desde 2000 dirige todas todas sus investigaciones al estudio nutricional y al desarrollo de cadenas productivas sustentables para la Quebrada y la Puna.

“La doctora Samman trabajó con carne de llama, por ejemplo, y luego con cultivos. Para mi tesis doctoral, que ella dirige, mi idea fue utilizar cultivos autóctonos o adaptados a esta región como ingredientes nutritivos para incrementar el valor nutricional de un producto de consumo masivo como son los fideos”, relató la científica.

Giménez “amasó” harinas de haba, quínoa y amaranto, con alto contenido proteico, de minerales y fibra dietaria, complementados con harina de maíz, que mejora la calidad y contenido proteico de los fideos, así como el contenido de lípidos, fibra y minerales.

Para su trabajo contó con el apoyo del Instituto de Tecnología de los Alimentos de la Universidad Nacional del Litoral. “Más precisamente del grupo que dirige el ingeniero Rolando González. Ellos son referentes a nivel nacional en extrusión-cocción, proceso por el cual se obtuvieron estos fideos”, explicó la investigadora.

Finalmente, apareció el último socio clave. La cooperativa Cauqueva, formada por 165 pequeños productores de Maimará, en el Departamento de Tilcara, que produce alfajores y caramelos de oca, entre otras cosas, y desde hace años colabora con la Universidad y recibe de ella capacitación sobre buenas prácticas de manufactura, rotulado nutricional y otros temas.

“Se interesaron en producir los fideos y su presidente, Javier Rodríguez, nos informó que con apoyo del Fontar (Fondo Tecnológico Argentino) adquirieron toda la línea de producción, desde la molienda hasta la extrusión. De modo que ya estamos haciendo la transferencia para el cambio de escala, del laboratorio a la fábrica”, resumió Giménez.

El trabajo de Giménez acaba de ser premiado por el Conicet y una empresa proveedora de ingredientes para la industria alimentaria, en la primera edición del premio Saporiti-Conicet, de 65.000 pesos.

La investigadora se declaró “muy contenta” por la repercución que ha tenido en Jujuy la noticia del premio, “como por el reconocimiento de la gente a la que está dirigido mi trabajo”.

“Fue muy emocionante cuando se puso a punto el equipo para la producción. Ver la alegría de ellos me pone muy feliz”, dijo Giménez.

El nuevo producto ratifica el valor de los cultivos locales, aumenta su consumo, fomenta su producción, favorece el desarrollo socioeconómico regional y permite a su población incorporar nuevamente estos componentes en sus dietas, mejorando su perfil nutricional.

El trabajo científico, en tanto, no se detiene. “Sigo con este tema –dijo Giménez-, ahora caracterizando diferentes razas de maíces para ver cómo responden a este proceso. Estamos utilizando maíz entero, lo molemos completo a diferencia de la harina comercial que es desgerminada y descascarada, y tiene poca fibra y menos lípidos. El premio fue una inyección para continuar”.

Científico argentino de la Nasa mostró que la ciencia puede entusiasmar y emocionar

10 septiembre 2012

Fui el domingo a Tecnópolis a escuchar una conferencia de un científico argentino que trabaja en la Nasa de Estados Unidos. Lo que contó, sobre la llegada del Curiosity a la superficie de Marte no me resultó novedoso, porque lo había seguido en su momento, pero hubo un ángulo… lo cuento en la nota que hice para Télam:

Argentino de la Nasa mostró en Tecnópolis que la ciencia entusiasma y emociona

Buenos Aires, 9 de septiembre.- El argentino Miguel San Martín, principal ingeniero de vuelo del robot Curiosity, puesto exitosamente por Estados Unidos en Marte hace un mes, se emocionó hasta las lágrimas hoy con el video del aterrizaje con el que cerró una didáctica exposición en Tecnópolis.

Su emoción y el entusiasmo con que lo aplaudieron las más de mil personas que colmaron la Nave de la Ciencia, en la feria, fueron el contundente mensaje de estímulo de las vocaciones científicas y tecnológicas que, más allá de las palabras, emitió su conferencia.

Se cumplía así el objetivo señalado por el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Lino Barañao, al hacer la presentación: “Tecnópolis es una herramienta muy útil para promover vocaciones, para promover el entusiasmo en la formación científica y tecnológica”.

También expuso la estadounidense Ellen Baker, astronauta veterana de tres misiones espaciales. “Geóloga, médica y madre -la presentó Barañao- porque las carreras científico-tecnológicas no son incompatibles con la vida familiar”.

San Martín describió con fotos y videos en pantalla gigante el exitoso viaje de más de ocho meses del Curiosity hasta el Planeta Rojo, especialmente sus críticos últimos momentos, que denominó como “los siete minutos de terror”, debido a los muchos procesos que debían cumplirse de modo automático, sin ensayo previo.

Explicó que los científicos tienen pruebas suficientes para afirmar que en otras época Marte fue un planeta cálido y húmedo como la Tierra, y que el propósito de la misión es determinar si llegó a aparecer la vida o si al menos, se habían dado en algún momento las condiciones ambientales necesarias para ello.

Describió luego las dificultades que debieron vencer los ingenieros para que el aparato del tamaño de un automóvil y 900 kilos de peso desacelerara de más de 20.000 kilómetros por hora a cero, y la inutilidad de los sistemas de misiones anteriores, que llevaron artefactos mucho más pequeños.

Pese a todo, el 6 de agosto pasado, entre los 125 y los 10 kilómetros y de altura sobre Marte, la velocidad de la cápsula que lo transportaba desaceleró en cuatro minutos a 1500 kilómetros por hora, por efecto de la fricción con la tenue atmósfera, con la protección de una coraza térmica.

Luego, se desprendió la coraza y se abrió el paracaídas por los siguientes dos minutos. “Tenía 25 metros de diámetro y media cuadra de largo”, explicó.

Finalmente, a 1,8 kilómetros de la superficie, se encendieron los retrocohetes que dejaron el transporte suspendido a 30 metros del suelo, como un helicóptero. Desde allí, bajó al Curiosity con cuerdas, como una grúa, lo desenganchó y luego, cumplida su misión, fue a estrellarse a un lado, como había sido previsto.

Así, tras viajar 565 millones de kilómetros, el Curiosity se posó con apenas 2,2 kilómetros de error respecto del centro de una amplia área definida como óptima para hacer su trabajo, entre el borde del cráter Gale y el monte de cinco kilómetros de altura que se erige en el centro de esa depresión de impacto y que será objeto de la exploración.

Como resumen, un video mostró “los siete minutos de terror”, cómo se fueron cumpliendo paso a paso las operaciones, ante la mirada expectante de los científicos, San Martín incluido, en el control de vuelo de Pasadena, y de otros auditorios, y el estallido de alegría cuando culminó.

Aunque lo habrá visto infinidad de veces, San Martín, apenas pudo articular un agradecimiento final a los asistentes, que lo premiaron con un aplauso cálido.

El disertante nació hace 53 años en el seno de una familia de chacareros de la rionegrina Villa Regina y es hincha de Estudiantes, según hizo notar alguien desde la platea.

Decenas de personas quisieron saludarlo y sacarse fotos con él, ante la mirada complacida de la embajadora de los Estados Unidos, Vilma Martínez; el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, y el presidente del Conicet, Roberto Salvarezza.