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¿Sirve de algo que Francisco pregone por los pobres en el Foro de Davos?

22 enero 2014

“Es intolerable que miles de personas todavía mueran cada día de hambre, a pesar de las grandes cantidades de alimento disponibles”, dice la carta que el papa Francisco remitió al Foro Económico Mundial, el selecto club que cada año reúne a unos 2500 magnates en la localidad turística suiza de Davos para pensar cómo hacer más dinero.

Es un lugar donde, por ejemplo, es muy admirado y celebrado Domingo Cavallo, que tantos y tan fabulosos negocios les facilitó en la década del ’90. Ahora, anda por allí Mauricio Macri, exhibiendo su pertenencia ideológica y su propia fortuna como credenciales para decir “aunque modestamente, soy uno de ustedes; ténganme en cuenta que quiero ser presidente de la Argentina, y ya saben que allí se puede hacer guita”.

A esas personas va ahora un obispo africano y les lee la carta del papa “marxista” en faror de “decisiones, mecanismos y procesos encaminados a una mejor distribución de la riqueza, la creación de fuentes de empeleo y la promoción integral del pobre”.

Y los ricos, en el mejor de los casos escuchan el mensaje del “hombre del año”, según las revistas estadounidenses, y hasta quizás alguno mejore sus aportes a la beneficencia. Pero –imagino yo- es como escuchar una misa, bancarse el discurso, antes de ponerse a hablar “en serio” sobre petróleo, minería, alimentos, energía, ajuste europeo, flujos financieros, señales de la economía de Estados Unidos o de China, e ir vislumbrando dónde habrá nuevas oportunidades para acaparar dinero, quiénes pueden ayudar, que gobiernos son “peligrosos” para nuestros negocios, cuál discurso facilita las cosas y, en definitiva, cómo somos cada vez más ricos, que para eso vivimos.

¿Entonces qué sentido tiene hablarles de la pobreza multitudinaria que engendra incesantemente el sistema que a ellos los hace ricos y felices?

El sentido no está en Davos sino en el resto del planeta. El mensaje papal señala el contraste y nos hace reflexionar. Que lo haya enviado hace que el tema esté en los diarios del mundo y que hoy me haya puesto a escribir sobre esto. Y que sí pensemos cómo podrían cambiar las cosas quiene creemos que el mundo debe ser distinto.

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El Papa, los negocios de Flores y los pobres de la parroquia

8 julio 2013

Durante unos meses de 2013, elaboré para Télam algunas notas relacionadas con la elección de Jorge Bergoglio como papa Francisco. La que sigue es una de las que más me gustó:

La elección de Francisco alivió la presión contra el comedor parroquial

Buenos Aires,  4 de junio de 2013.- La elección del papa Francisco trajo para quienes reciben atención social en la parroquia del barrio porteño de Flores un oportuno alivio, porque acalló por el momento a quienes quieren alejar a los pobres del barrio y renovó el entusiasmo de quienes los ayudan.

“Muchos comerciantes estarían más contentos si esto no existiera. He recibido muchas presiones, pero ahora, con el nuevo papa y su clara opción por los pobres, de pronto somos todos buenos”, dijo Gabriel Marronetti, párroco de San José de Flores.

La parroquia donde hace más de cinco décadas Jorge Bergoglio sintió su vocación religiosa tiene dos ingresos: por la avenida Rivadavia 6950 es la puerta del templo y de la vida sacramental; por la calle Ramón L. Falcón 2453, es la de la atención social. Ambas están vinculadas por los pasajes Pescadores y Salala.

Por Falcón y Pescadores se ingresa a “La Casita de Todos”, donde personas que viven en la calle encuentran un comedor que sirve 160 platos de comida dos veces por día; duchas, baños, lavadero, dormitorio con 50 camas, atención médica y hasta peluquería. “Flores es muy generosa. Hay muchos profesionales solidarios y voluntarios de todo tipo”, afirmó el padre Gabriel.

Pero semejante obra genera un movimiento que evidentemente ofende otras sensibilidades, a tal punto que deprime los valores inmobiliarios y opaca el ambiente comercial, según sostuvieron algunos testimonios expresados en voz baja en los alrededores.

“Es que el barrio está feo”, opinó un viejo intermediario de bienes raíces instalado a metros del templo. “Vienen a comer y después pululan por la zona”, explicó un funcionario de la Comuna 7, sin relacionar que el cartón desechado por los comercios es lo que genera algún ingreso para la mayoría de ellos.

Con treinta inmobiliarias en la zona, tres centros comerciales a cielo abierto y la inminente llegada del subte al barrio la presión para alejar a los indigentes parecía indetenible.

De hecho la plaza Pueyrredón fue remodelada, con rejas pero sin baños públicos, y las pizzerías niegan acceso a quien no consuma. “Los baños son de uso exclusivo de los clientes. No insista”, dice un cartelito en Rivadavia y Rivera Indarte.

“Como tengo un acuerdo con la Universidad de Flores, que nos da la atención de psicólogos, hasta llegaron a decir que mantenía los pobres en el barrio para que la universidad pudiera comprar un inmueble más barato”, se quejó el sacerdote.

Uno de los momentos de mayor presión fue a principios de 2011, cuando una denuncia de vecinos, encabezada por José Scioli, fue tomada por la fiscal Sandra Guagnino, de la Cámara de Apelaciones con competencia Penal, Contravencional y de Faltas.

La funcionaria judicial escribió que grupos que concurren al comedor “consumen alcohol en la vía pública (…) orinan y defecan en el espacio público aledaño, (hay) robos a mano armada”.

La fiscal sostuvo que “la aglomeración por el comedor facilita el accionar de estos grupos o individuos” por lo que desde enero de 2011 debía dejarse de dar allí alimentos a los más jóvenes.

“(Que) Se disponga lo necesario para que el trabajo social en relación con menores de 40 años pueda ser realizado en otro lugar”, dictaminó la fiscal. O sea, que se vayan de Flores.

El cura admitió que hay problemas, pero rechazó que se los atribuya al trabajo social parroquial. “Yo le dije a la fiscal que había una casa tomada donde se compraban y vendían cosas robadas, y al día siguiente habían desaparecido”, comentó.

Marronetti sostuvo que “si se pusiera un policía en los pasajes, lo social se ordenaría, pero estamos en una zona donde cambiaron al comisario de la Federal dos veces en tres años, y estaba última en el orden de despliegue de la Metropolitana, aunque ahora parece que lo han reconsiderado”.

Por eso fue tan importante para Flores que Francisco se pronunciara por “una iglesia pobre para los pobres”, porque descolocó esa demanda, máxime que él mismo, como arzobispo de Buenos Aires, siempre apoyó el trabajo social.

“Desde la fe -concluyó el padre Gabriel- deberíamos decir que no se puede adorar a Dios descuidando al hermano, y sobre todo al necesitado”.

Macri, el papa, el subte y el parque Centenario

20 marzo 2013

1. Renuevo mis críticas a la decisión de Macri de desechar los vagones históricos del subte A. En su momento pedí que los dejaran en horarios marginales y los fines de semana. Eran un  atractivo turístico-cultural. Salían en las guías.

La entronización de Francisco les hubiera añadido ser los vagones que usó toda su vida el ahora papa. ¡Imaginen el interés que sumarían! Pero si el que manda no tiene sensibilidad para eso … y encima cree que es el dueño …

Si los visitantes del país y del exterior se sacan fotos en la casa de la infancia de Bergoglio, que está toda modificada, seguramente les gustaría fotografiarse reproduciendo la escena en que se lo ve en un subte de madera, un encanto que no pueden adquirir los nuevos vagones en los que el papa Francisco nunca viajó ni viajará.

2. Estoy en contra de otro aumento en el subte. Están dibujando una fractura social, “limpiándolo” de pobres, para que menos gente con algo más de dinero, viaje cómoda, quizás considerándola clientela electoral,  y mucha más gente sature los colectivos. Para más adelante me veo venir una tarifa diferencial para el Metrobús y sostengo que las rejas en los parques están inspiradas en la misma ideología: unos con el privilegio de pertenecer, otros afuera.

Macri expresa estas ideas claramente cuando se queja de que a “muchos de la provincia los tenemos que atender en los hospitales de la ciudad”. O sea, que vengan y trabajen, produzcan riquezas, consuman y paguen impuestos en la ciudad, pero que después los servicios vayan a pedirlos a la provincia de Buenos Aires.

Este hombre sería feliz si esto fuera un gran “country”, bien cercado y custodiado, y afuera todo lo “feo, sucio y malo”.

3. Soy de los que piensan que el asueto para las escuelas porteñas por la asunción del papa fue pura pérdida. Para los chicos fue un día vacío.

Podría haberse resuelto mejor justificando a las familias que hubieran querido no mandar sus hijos a la escuela para participar en la vigilia o en alguna otra ceremonia. Hubiera sido también, con tanta presencia del tema en los medios, un buen disparador educativo, para hablar con los alumnos del mundo y las religiones. Como se hace con el Mundial, que sirve para enseñar geografía.

Tal vez sí sirvió, no a la gente sino a quien lo decretó, como gesto propagandístico, algo a mi juicio absolutamente reprobable. Como les gusta decir a ellos cuando el motivo es la protesta de los docentes: ¡700.000 chicos porteños perdieron otro día de clases!

 

4. Pasó algo loco en el Parque del Centenario. Sí, el enrejado, el que ahora cuidan, el que ahora tiene policía todo el tiempo. Parece que algunos guardianes del Gobierno de la Ciudad se pusieron a controlar parejas.

Por supuesto hubo una linda reacción. Se las cuento en una nota que escribí a cuatro manos con la colega María Alicia Alvado  el domingo pasado:

Beso masivo en Parque Centenario contra guardianes que vigilan parejas

Decenas de parejas montaron un “besódromo” y se besaron simultáneamente en el Parque Centenario, en protesta por la actitud de los guardianes del enrejado paseo que reconvinieron a varias de ellas por la forma de contacto de los cuerpos a la hora de los mimos.

Los participantes se autoconvocaron por Facebook con la provocativa consigna de “Haciendo el amor en el Parque Centenario”, que recibió casi 5000 adhesiones, aunque en la mayoría de los casos sólo quedaron en esa expresión virtual.

“Ante una situación absurda no nos faltará el humor ni ahora ni nunca. Nos venden encierro, intolerancia y división. Frente a eso queremos proponer el amor, la liberad y el humor. Las mejores armas contra la estupidez”, dijo megáfono en mano Manón Chapolart, que lideró la convocatoria en la red social.

Chapolart, una francesa de 27 años que hace cuatro vive en la Argentina, tomó la iniciativa con un grupo de amigos, al enterarse que al menos a dos de ellos les llamaron la atención los guardianes del parque cuando estaban con sus parejas.

La protesta tuvo lugar al lado de la estatua del lago, en el parque ubicado en el corazón geográfico de la capital federal, objeto de una controversia vecinal por la decisión del Gobierno porteño de instalar una reja perimetral para mantenerlo cerrado de noche.

Cuando se cantó la consigna de besarse, decenas de parejas heterosexuales y homosexuales y hasta tríos se besuquearon ostensiblemente junto a la estatua del lago, en un clima de desafiante alegría juvenil.

Incluso, cuando pasó cerca una pareja mixta de agentes de la Policía Metropolitana, de fuerte presencia en el paseo, les pidieron en broma que se abrazaran y se sumaran a la protesta.

Lucas, uno de los afectados, dio su testimonio. “Una guardiana nos vino a decir que nos sentáramos bien”, dijo, cuando él estaba sentado en el pasto, con su novia Victoria a horcajadas sobre sus piernas.

Ante la sorpresa de la pareja, que no aceptó la indicación, la guardiana dijo que era “una cuestión de sentido común, de respeto a la sociedad”.

Los interpelados, sintiendo el apoyo de otras personas que se fueron acercando, respondieron “estamos en 2013”, y dijeron con sorna: “¿Se puede ir que nos está tapando el sol?”.

Lucas y Victoria relataron que la guardiana no fue agresiva pero sí insistente, y que se retiró al verse sin consenso entre  quienes se aproximaron.

Chapolart dijo que a una amiga suya que estaba con su pareja le dijeron que se separaran porque alguien se había quejado de que no soportaba ese contacto delante de sus hijos.

Una guardiana, de unos 50 años uniformada por un chaleco fluorescente y con pito colgado al cuello, que prefirió no dar su nombre, dijo que no tenía ninguna indicación de sus superiores sobre las parejas, sin embargo admitió que “a veces, cuando veo una pareja que está uno arriba del otro, les digo si se pueden sentar bien”.

La vigiladora sostuvo que de sus observaciones surge que las parejas homosexuales son más discretas que las heterosexuales.

Dos agentes de la Metropolitana, que también prefirieron el anonimato, aseguraron que tampoco tienen indicaciones sobre las parejas, y hasta se definieron “a favor del amor”.

“El límite es la moral y la ética. Intervenimos si alguien se está desnudando o tocándose”, explicaron.