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Crónicas de Pérez 17: el otoño

21 abril 2013

Hacía mucho que no paseaba con Pérez, mi perro, atrapado como estaba entre mucho laburo profesional y la gratificante pero ardua tarea de pintar mi casa.

Con ambos frentes ya mejor controlados, finalmente explotó el grito de mi conciencia acicateado por la insostenible mirada demandante de Pérez, que en las últimas semanas venía confinado a un tacaño régimen de cortas caminatas nocturnas para ir a tirar la basura.

Y allí fuimos la otra tarde, unidos por una correa ya que no es posible tomarnos de la mano, a buscar a la pequeña Guillermina al colegio.

¡Qué linda es Buenos Aires en abril!, nos dijimos con una mirada. Fue salir de casa y rendirnos ante la alianza estética de los mil ocres que alfombran las calles y los rayos del sol otoñal que infiltran oro en el follaje diezmado de las copas.

Allí iba Pérez, con las orejitas levantadas produciendo un rítmico crepitar de horas secas, con su habitual tenacidad canina para exigir siempre mayor velocidad, cualquiera sea el ritmo que logre llevar el humano que viene detrás, o sea, yo.

El paseo, con todo lo hermoso que puso la naturaleza como escenario, no pudo eludir un toque triste de absoluta responsabilidad humana: ambos sabíamos que esa sería una de las últimas tardes en que veríamos los adoquines de Tinogasta, Emilio Lamarca y alguna otra calle del barrio, donde ya todo está preparado para sepultarlos con asfalto. Creemos que el entierro no pasa de esta semana.

Le busqué la lengua a Pérez, entonces, para que se despachara con alguna reflexión crítica. Dio unas vueltas, me dijo que quería tomar distancia de esas esferas, que no quería herir a personas que pensaran distinto y parecía que ahí terminaba el diálogo. Sin embargo, un par de cuadras después se despachó con un diálogo gracioso y a la vez crítico.  Se los paso:

– Ingeniero, ¿qué son para Ud. los vagones históricos del subte A?

– Basura.

– ¿Y las casas antiguas, la confitería Richmond, la Casa Suiza?

– Basura.

– ¿Y los bancos de plaza de hierro forjado con listones de madera que están reemplazando en la costanera por unos bloques de concreto?

– Basura.

– ¿Y los adoquines que pusieron los presos en Villa Devoto y Villa del Parque hace un siglo?

– Basura.

– ¿Y los monumentos que sacaron de las plazas Colombia, Canadá y Los Andes?

– Basura.

– ¿Y que es para Ud. la basura?

– Negocio.

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Macri, el papa, el subte y el parque Centenario

20 marzo 2013

1. Renuevo mis críticas a la decisión de Macri de desechar los vagones históricos del subte A. En su momento pedí que los dejaran en horarios marginales y los fines de semana. Eran un  atractivo turístico-cultural. Salían en las guías.

La entronización de Francisco les hubiera añadido ser los vagones que usó toda su vida el ahora papa. ¡Imaginen el interés que sumarían! Pero si el que manda no tiene sensibilidad para eso … y encima cree que es el dueño …

Si los visitantes del país y del exterior se sacan fotos en la casa de la infancia de Bergoglio, que está toda modificada, seguramente les gustaría fotografiarse reproduciendo la escena en que se lo ve en un subte de madera, un encanto que no pueden adquirir los nuevos vagones en los que el papa Francisco nunca viajó ni viajará.

2. Estoy en contra de otro aumento en el subte. Están dibujando una fractura social, “limpiándolo” de pobres, para que menos gente con algo más de dinero, viaje cómoda, quizás considerándola clientela electoral,  y mucha más gente sature los colectivos. Para más adelante me veo venir una tarifa diferencial para el Metrobús y sostengo que las rejas en los parques están inspiradas en la misma ideología: unos con el privilegio de pertenecer, otros afuera.

Macri expresa estas ideas claramente cuando se queja de que a “muchos de la provincia los tenemos que atender en los hospitales de la ciudad”. O sea, que vengan y trabajen, produzcan riquezas, consuman y paguen impuestos en la ciudad, pero que después los servicios vayan a pedirlos a la provincia de Buenos Aires.

Este hombre sería feliz si esto fuera un gran “country”, bien cercado y custodiado, y afuera todo lo “feo, sucio y malo”.

3. Soy de los que piensan que el asueto para las escuelas porteñas por la asunción del papa fue pura pérdida. Para los chicos fue un día vacío.

Podría haberse resuelto mejor justificando a las familias que hubieran querido no mandar sus hijos a la escuela para participar en la vigilia o en alguna otra ceremonia. Hubiera sido también, con tanta presencia del tema en los medios, un buen disparador educativo, para hablar con los alumnos del mundo y las religiones. Como se hace con el Mundial, que sirve para enseñar geografía.

Tal vez sí sirvió, no a la gente sino a quien lo decretó, como gesto propagandístico, algo a mi juicio absolutamente reprobable. Como les gusta decir a ellos cuando el motivo es la protesta de los docentes: ¡700.000 chicos porteños perdieron otro día de clases!

 

4. Pasó algo loco en el Parque del Centenario. Sí, el enrejado, el que ahora cuidan, el que ahora tiene policía todo el tiempo. Parece que algunos guardianes del Gobierno de la Ciudad se pusieron a controlar parejas.

Por supuesto hubo una linda reacción. Se las cuento en una nota que escribí a cuatro manos con la colega María Alicia Alvado  el domingo pasado:

Beso masivo en Parque Centenario contra guardianes que vigilan parejas

Decenas de parejas montaron un “besódromo” y se besaron simultáneamente en el Parque Centenario, en protesta por la actitud de los guardianes del enrejado paseo que reconvinieron a varias de ellas por la forma de contacto de los cuerpos a la hora de los mimos.

Los participantes se autoconvocaron por Facebook con la provocativa consigna de “Haciendo el amor en el Parque Centenario”, que recibió casi 5000 adhesiones, aunque en la mayoría de los casos sólo quedaron en esa expresión virtual.

“Ante una situación absurda no nos faltará el humor ni ahora ni nunca. Nos venden encierro, intolerancia y división. Frente a eso queremos proponer el amor, la liberad y el humor. Las mejores armas contra la estupidez”, dijo megáfono en mano Manón Chapolart, que lideró la convocatoria en la red social.

Chapolart, una francesa de 27 años que hace cuatro vive en la Argentina, tomó la iniciativa con un grupo de amigos, al enterarse que al menos a dos de ellos les llamaron la atención los guardianes del parque cuando estaban con sus parejas.

La protesta tuvo lugar al lado de la estatua del lago, en el parque ubicado en el corazón geográfico de la capital federal, objeto de una controversia vecinal por la decisión del Gobierno porteño de instalar una reja perimetral para mantenerlo cerrado de noche.

Cuando se cantó la consigna de besarse, decenas de parejas heterosexuales y homosexuales y hasta tríos se besuquearon ostensiblemente junto a la estatua del lago, en un clima de desafiante alegría juvenil.

Incluso, cuando pasó cerca una pareja mixta de agentes de la Policía Metropolitana, de fuerte presencia en el paseo, les pidieron en broma que se abrazaran y se sumaran a la protesta.

Lucas, uno de los afectados, dio su testimonio. “Una guardiana nos vino a decir que nos sentáramos bien”, dijo, cuando él estaba sentado en el pasto, con su novia Victoria a horcajadas sobre sus piernas.

Ante la sorpresa de la pareja, que no aceptó la indicación, la guardiana dijo que era “una cuestión de sentido común, de respeto a la sociedad”.

Los interpelados, sintiendo el apoyo de otras personas que se fueron acercando, respondieron “estamos en 2013”, y dijeron con sorna: “¿Se puede ir que nos está tapando el sol?”.

Lucas y Victoria relataron que la guardiana no fue agresiva pero sí insistente, y que se retiró al verse sin consenso entre  quienes se aproximaron.

Chapolart dijo que a una amiga suya que estaba con su pareja le dijeron que se separaran porque alguien se había quejado de que no soportaba ese contacto delante de sus hijos.

Una guardiana, de unos 50 años uniformada por un chaleco fluorescente y con pito colgado al cuello, que prefirió no dar su nombre, dijo que no tenía ninguna indicación de sus superiores sobre las parejas, sin embargo admitió que “a veces, cuando veo una pareja que está uno arriba del otro, les digo si se pueden sentar bien”.

La vigiladora sostuvo que de sus observaciones surge que las parejas homosexuales son más discretas que las heterosexuales.

Dos agentes de la Metropolitana, que también prefirieron el anonimato, aseguraron que tampoco tienen indicaciones sobre las parejas, y hasta se definieron “a favor del amor”.

“El límite es la moral y la ética. Intervenimos si alguien se está desnudando o tocándose”, explicaron.

Por fin arreglaron el Parque Centenario, pero las rejas…

25 febrero 2013

Parque CentenarioUnos 50 policías metropolitanos, con relevos para las 24 horas y cámaras de seguridad, vigilaban el jueves pasado el porteño Parque del Centenario, en su primera jornada tras las tareas de mantenimiento y la instalación de una polémica reja perimetral para cerrarlo de noche.

“Si bien los cambios son favorables (…), no se hizo ningún cambio estructural que amerite el vallado y el cierre del parque en su totalidad por tres semanas y en verano”, opinó la Asamblea del Parque Centenario.

La entidad vecinal es partidaria de mantener siempre abierto ese paseo público en el centro geográfico de la ciudad, y desafió al gobierno porteño a someterse a una consulta popular al respecto en la comuna 6, del barrio de Caballito, donde está inserto.

Sin embargo, el jefe de gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta, ratificó que el parque estará cerrado de 22 a 8.  (Aunque unos días después se convino extender el horario hasta la medianoche) “No puede estar abierto toda la noche porque es inseguro y hay mucho vandalismo”, dijo.

El ministro de Ambiente y Espacio Público, Diego Santilli, justificó el enrejado porque “la gran mayoría quiere un parque como el que ven ahora, hermoso, iluminado, con seguridad, donde la gente pueda venir a correr, con los hijos, con la familia”.

Aída, una vecina jubilada, recordó que “el parque no es del Gobierno, es nuestro”, y en cierto modo avaló la presencia policial porque, dijo, “para solucionar el problema de la seguridad se necesitan más guardias, y con todos los impuestos que pagamos alcanza para poner más”.

Había agentes en los puestos de material que controlan los accesos al cerco interior, parejas de policías recorriendo a pie los senderos; otros en bicicleta y en motos patrullando por la calle Patricias Argentinas que lo circunvala, y un grupo con patrulleros y vehículos de transporte, en la entrada trasera.

Los más críticos de la nueva situación son cientos de comerciantes informales que ofrecían sus mercaderías en bulevares internos del parque, con sombra y puestos, y fueron expulsados a la vereda y reducidos a una manta, en el mejor de los casos.

Sobre las actividades comerciales, Santilli aclaró que “la gran mayoría de los vendedores, los históricos de libros, los artesanos, tienen sus permisos para continuar trabajando”.

Rodríguez Larreta confirmó que “todos los que son vendedores legales van a poder seguir, y aún mejor, porque con el parque recuperado va a venir más gente y van a trabajar más y mejor”.

En tanto, el lugar luce renovado para los usuarios habituales: aerobistas con botellita de agua, vecinos con perros, parejas al sol, lectores a la sombra, trabajadores que almuerzan, estudiantes con apuntes, transeúntes que cortan camino y chicos con skate que disponen de una pista mucho más pequeña que la de Tecnópolis.

Hay mejoras en el parquizado, reposición de césped, juegos nuevos y otros recién pintados, más bancos e implementos para ejercicios, pérgolas y baños de material, un sistema de riego y luminarias en plena reparación.

Un jubilado se tomaba la presión en una “estación saludable”, de reluciente amarillo, instalada en la zona del anfiteatro “Eva Perón”, que lucía a su vez desierto y silencioso. Un cartel comunicaba allí que “este espacio cuenta con cámaras de seguridad para la prevención del delito”.

Una bonita fuente construida con adoquines, tal vez añorados en alguna calle histórica, fue reacondicionada después de desalojar de allí a una familia sin casa que había improvisado una carpa.

Un policía le pidió a un adolescente que no anduviera en bicicleta por los senderos internos porque podía atropellar a alguien. La calesita, que cobra tres pesos la vuelta, tenía una oferta de cuatro por once pesos.

Con todo, algunos detalles estaban sin terminar, como panes de pasto sin colocar, postes de la empalizada de obra amontonados en un rincón y algunos árboles faltantes en la acera perimetral, cuyo pavimento de diseño mostraba las cicatrices de obras de empresas de servicios públicos toscamente emparchadas.

Después de tres días de lluvias intermitentes, las plantas estaban tan contentas como los patos que disfrutaban el lago central lleno. Los gatos parecían absolutamente indiferentes a la polémica por las rejas, como si no existieran.

El imperdonable deterioro de los barrios históricos porteños

19 enero 2013

Cuando pensaba esta nota imaginaba que iba a encontrar problemas en Monserrat y San Telmo similares a los que se ven por doquier en la ciudad, pero la realidad superó mis temores:  quedé impresionado con la extensión del abandono de las joyas turísticas de Buenos Aires. Va la nota:

Ni el casco histórico se salva del deterioro general de la ciudad

Foto: "Alerta militante"

Foto: “Alerta militante”

La suciedad y la falta de mantenimiento de la ciudad de Buenos Aires sitúan entre la queja y la resignación a porteños de todos los barrios, pero en Monserrat y San Telmo el problema adquiere otra dimensión, porque lo que se descuida y degrada es el patrimonio histórico urbano.

“San Telmo y Monserrat forman parte del casco histórico de Buenos Aires. Su valor patrimonial no es el mismo que el de cualquier barrio. Por algo hay leyes que los protegen”, dijo Alberto Martínez, arquitecto y vecino de San Telmo desde hace 30 años.

Fachadas centenarias grafitadas, basura y orines en las calles, espacio público usurpado, veredas rotas y baches indican que el abandono no discrimina y se exhibe en las calles más viejas de la ciudad con la misma naturalidad que los turistas las recorren.

“En algunos casos hay inconductas de la gente, pero la mayor falta es de quienes están legalmente obligados a cuidar la ciudad y en especial su patrimonio histórico y cultural: el Gobierno de la Ciudad”, responsabilizó Martínez.

La vereda de la esquina de Carlos Calvo y Balcarce fue arreglada por el consorcio del edificio. “Lo hicimos por nuestra cuenta. El gobierno de la Ciudad no las mantiene”, informó Luis Padín, que vive allí.

Vecino del barrio hace muchos años, Padín señala otra falla: “El `cajón` azul que marcaron en la calle, para carga y descarga, está muy despintado. La grúa se la pasa llevándose autos cuyos dueños no se dan cuenta que ahí no se puede estacionar”.

Martínez, por su parte, criticó especialmente que la propia acción de gobierno provoque daños, como los parches de asfalto sobre extensos segmentos de cuadras adoquinadas. Así sucede, por ejemplo, en Defensa, entre Brasil y Juan de Garay.

“Es parte importante de nuestra identidad y las están tapando ilegalmente y con total impunidad”, acusó.

Subrayó que de ese modo el propio gobierno porteño viola la Ley 65 de Protección del Adoquinado Histórico y un acuerdo judicial de 2009 entre el Ejecutivo de la ciudad y la entonces presidenta de la Comisión de Patrimonio de la Legislatura, Teresa de Anchorena, secundada por vecinos, para mantener los adoquines.

Una firmante de aquel acuerdo fue la vecina Patricia Barral, quien confirmó que abundan los parches de asfalto y dijo que “el adoquinado que tuvieron que reponer fue mal hecho y está todo desarmado y desparejo”.

Para Barral, “el verdadero plan del macrismo para la zona es lo que hicieron en Reconquista: peatonalizarla. Quisieron hacerlo en Defensa y los vecinos nos opusimos, porque tenemos otra idea del desarrollo del barrio. Se les cayó la idea y dejaron de invertir”.

“Promovieron a San Telmo como destino turístico sin invertir en el cuidado. La plata que entró por haberlo promovido así, por ejemplo los tantos permisos para producciones de cine, no volvió al barrio. Si las fachadas sirven para recaudar, que ayuden a los frentistas a mantenerlas”, dijo.

La vecina criticó también la falta de políticas para preservar la vida barrial, y que se hiciera caso omiso a la propuesta de recordar a los visitantes mediante carteles que se trata del casco histórico y que deben respetarse las costumbres de los vecinos.

“No puede ser música a cualquier hora, veredas bloqueadas con bolsas de basura de los restaurantes o con mesas de bares que se las apropian y les molesta que pasemos con el perro, por ejemplo; o esos micros enormes que estacionan sobre Defensa”, enumeró.

Para Barral lo que sucede encierra una paradoja, porque la preferencia de los turistas demuestra el atractivo de estos barrios, por lo tanto, “lo lógico es cuidarlos tal como son”.

En cambio, el proceso de transformación no se detiene y se producen situaciones como que “en la plaza Dorrego, ya no hay plaza”, todo el espacio fue ocupado por bares o vendedores.

Por su parte, Martínez coincidió en que el negocio turístico “fue robándole espacios a la vida vecinal; emprendimientos comerciales e inmobiliarios tienden a sobredimensionar al turismo y desplazar al vecino”.

El profesional atestigua que “por las mañanas, todavía se ve gente que va al mercado y encargados lavando veredas, hay silencio; de noche, en cambio, ningún vecino, solo turistas, vendedores de bartijas y actividad de consumo”.

“Creo que la política del Gobierno de la Ciudad apunta a tener un centro turístico sin vida vecinal. Siempre tratamos de que no se perdiera esa identidad y vemos que cada día es peor”, afirmó.

Viajé en una “bruja” quizás por última vez

11 enero 2013

Este jueves, al salir del trabajo, cerca de las 21, hice otro camino para volver a casa para poder meterme en el Subte A. Es que quería viajar, quizás por última vez, en una “bruja”, uno de los centenarios coches de madera de La Brugeoise, fabricados en la ciudad belga de Brujas que, según dispuso el gobierno porteño, mañana cumplirán su último día de servicio.

Me senté en el fondo del vagón para tener una panorámica de sus 26 metros y pico. Observé las tulipas que le dan esa iluminación opalina, los bancos de madera, los caños blancos verticales ornamentados en su unión con el techo, los pasamanos colgantes balancéandose aunque no tanto como cuando yo era niño en que a veces golpeaban el techo…

Presté atención a la ausencia de rigidez en las uniones de las paredes y los techos,  que le dan esa sensación de artefacto destartalado y que en realidad son estudiadas flexibilidades para absorber las torsiones que imponen las curvas del recorrido.

Escuché los chistidos de los frenos y el timbre que tienen en lugar de bocina. También el golpazo de las puertas al cerrarse, a las que hacen falta burletes nuevos que lo amortigüen.

Pensé en lo que me habían contado de lo seguros que son, con el menor índice de averías de toda la red, pese a su edad; con el dato no haberse incendiado pese a ser de madera, con la ventaja de que si hay una colisión, como pesan un tercio que los metálicos, las consecuencias son menores.

Por supuesto que la muy demandada línea A requiere un aumento de su capacidad de transporte, en volumen y velocidad, y que los pasajeros se merecen más comodidad, pero eso puede hacerse sin tirar estas piezas únicas a la basura ni momificarlas en un museo.

¿Qué tal mantenerlas en servicio fuera de los horarios centrales como proponen decenas de organizaciones ciudadanas y muchos usuarios? ¿Es que no siguen demostrando día a día que pueden hacen un buen trabajo complementario de trenes más modernos?

¿Es que alguien duda de su valor sentimental, histórico, cultural que los convierte en un atractivo turístico de la ciudad? ¿Nadie ve la cantidad de extranjeros que visitan Buenos Aires que quieren viajar y sacarse fotos en el subte de madera? ¿Se ignora que las agencias de viajes del exterior lo destacan como algo imposible de encontrar en otro lado porque son los más antiguos del mundo en servicio comercial?

Creo que las respuestas son obvias. Hay que mantenerlos en servicio en horarios de pocos pasajeros. Eso sí, hay que tomar conciencia y ponerlos en valor. Menos suciedad y más barniz y pintura, basta de calcomanías políticas y comerciales, límites al arte callejero abusivo. Hay que restaurarlos, ponerles publicidad antigua y hasta podrían darles uniformes de época a los conductores y guardas que los tengan a cargo.

Son reliquias para lucirlas y sentirse orgullosos de tenerlas, pero ahora están tan descuidados que hasta sospecho que, planeando su desguace, los dejaron caer a propósito para que nadie reclamara por ellos.  (No puedo digerir todavía que el jefe de gabinete de la ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, haya sugerido burlonamente que podrían servir como leña para un asado)

La Asociación Gremial de los Trabajadores del Subte y Premetro, con el apoyo de Horacio Fontova y otras artistas, convocó para este viernes a las 14.30 a la estación Plaza de Mayo, para participar en lo que podría ser uno de los últimos viajes de estos coches, a los que llamó con afecto “viejos compañeros”.

Con el mismo espíritu y en el mismo lugar, para las 18 convocó la Red de Patrimonio, formada por unas 60 organizaciones barriales y ciudadanas, que propone mantenerlos activos los fines de semana.

Y yo digo ¡aguanten las brujas!

Oposición a que los vagones históricos del subte sean desechados

9 enero 2013

Este viernes se anuncia como el último día de servicio de los vagones antiguos del subte A, la mayoría de los Brujascuales está en actividad desde hace 99 años. Son muchos los que se oponen a tirarlos a la basura. Apoyo la idea de mantenerlos en actividad fuera de las horas pico. Son pintorescos y también seguros, contra lo que dicen ciertos prejuicios. Va una nota al respecto:

Crece la oposición al desecho de coches históricos del subte

La decisión del Gobierno porteño de desechar los vagones centenarios del Subte A, que están entre los más antiguos del mundo en funcionamiento comercial, concita una creciente oposición de personalidades, entidades civiles y usuarios defensores del patrimonio cultural.

La Red de Patrimonio, en la que participan unas 60 organizaciones no gubernamentales, promueve un petitorio para que se los conserve en funcionamiento fuera de los horarios pico, y convocó a un acto el viernes a las 18 en su cabecera de la Plaza de Mayo.

“Vamos a viajar en lo que se anuncia como último día de servicio de las ‘brujas’ (así llamados porque fueron construidos en la ciudad belga de Brujas), para pedir que se revea la medida”, dijo Mónica Capano, integrante de la red.

“No queremos que sean desguazados ni enviados a un museo sino que sigan en funcionamiento, lo que permite la apropiación cotidiana de ese patrimonio, que da a la ciudad un valor agregado, como los de Budapest, de 1896, que tienen un gran valor turístico”, afirmó.

La recolección de firmas para esa petición logró ya más de 1100 adhesiones, mientras que una foto con la leyenda “decile no a la remoción de los vagones más antiguos y hermosos del continente”, ya fue reproducida casi 20.000 veces en Facebook.

El petitorio, dirigido al jefe de gobierno, Mauricio Macri, y a su subsecretario de Transporte, Guillermo Dietrich, advierte que “los vagones Brugeoise (nombre del fabricante) forman parte del patrimonio cultural de todos los argentinos”.

“Por medio de la presente le pedimos que estos vagones sean preservados y que sigan circulando en servicio regular durante los fines de semana”, añade.

Se trata de un remanente de unos 70 coches de los 120 que constituyeron la flota original de la línea A, construidos por La Brugeoise, Nicaise et Delcuve a partir de 1911.

Con ellos, el 1 de diciembre de 1913, Buenos Aires puso en servicio el primer tranvía o tren subterráneo de hispanoamérica y de todo el hemisferio sur, aunque algunos vagones fueron entregados en 1919, después de la Primera Guerra Mundial.

Aunque casi todos sufrieron reformas, conservan un conjunto de características, como la carrocería de madera y detalles de época, que envuelven al pasajero en una atmósfera particular, sobre todo a su paso por la estación Perú, con su decoración histórica.

Uno de los principales argumentos del Gobierno porteño para reemplazarlos es dotar al servicio de mayor seguridad, argumento considerado insostenible por la Red de Patrimonio, “porque nada hace prever un escenario de accidentes”, dijo Capano.

“Tienen el menor índice de daños de la red, de sólo 19 averías cada 100.000 kilómetros recorridos; no sufrieron incendios y en caso de colisión, como pesan la cuarta parte de un coche de otro tipo, provocan menos consecuencias”, explicó.

Capano explicó que la Red no se opone a la incorporación de coches más modernos, pero reclama que eso no signifique la desaparición de las “brujas”. “Que no pase como con los tranvías de la ciudad, que los sacaron de servicio y nadie sabe a dónde fueron a parar”, advirtió.

Capano destacó además “el saber acumulado” del plantel técnico y operario que lleva tres generaciones manteniendo estas unidades en el taller Polvorín, en el barrio de Caballito.

El arquitecto Rodolfo Livingston, por su parte, opinó que “en todo el mundo se valora este patrimonio y se procura preservarlo; hay que ponerlos en valor para que sean un motivo de atracción turística y servicio, porque son de muy buena factura”.

Entre los legisladores que se han pronunciado por la conservación de las “brujas” en servicio están Adrián Camps, Virginia González Gass y María José Lubertino.

Construyen barrios privados sin preservar sitios arqueológicos

31 diciembre 2012

Una sorda y desigual lucha se libra en cierto rincón bonaerense entre Dique Luján (Tigre) e Ingeniero Maschwitz (Escobar). Las lucrativas inversiones en barrios privados está arrasando sitios arqueológicos precolombinos y han despertado la oposición de agrupaciones indígenas, defensores del patrimonio cultural y vecinos sensibilizados con el tema, que no se oponen a los emprendimientos, pero reclaman que sean cuidadosos y respetuosos con esa herencia invaluable.

Hoy refiero uno de los tantos episodios que jalonan esta pulseada, que seguramente será larga y accidentada.  De hecho, la noticia que les cuento a continuación, que ocurrió en Nochebuena, quedó rápidamente envejecida, porque alguien se ocupó luego que retirar los carteles, pero vaya igual a título ilustrativo de lo que allí está ocurriendo en los últimos años:

Señalan un sitio arqueológico donde se construye un barrio privado

El Movimiento en Defensa de la Pacha, formado por descendientes de diversas etnias indígenas, advirtió hoy sobre la existencia de un sitio arqueológico de 2000 años de antigüedad en un predio del partido bonaerense de Escobar donde se construye un barrio privado.

Se trata de la obra del “country” San Matías, de 200 hectáreas en la localidad de Ingeniero Maschwitz, desarrollada por la firma Eidico al lado de El Cantón, de 500 hectáreas, y de Nordelta 2, de 1500, todos en construcción, en una zona que comienza a conocerse como “Nuevo Escobar”, informó Pablo Badano, vocero del Movimiento.

La organización “reivindicó la presencia de los espíritus de los pueblos originarios en el corazón del futuro country San Matías”, según informó en un comunicado.

Lo hizo mediante una ceremonia ritual de 45 minutos, en la que participó el anciano kolla Pedro Moreira, que consistió en encender un fuego, música sikuri y una ofrenda a la Madre Tierra.

“Nos retiramos dejando una apacheta, un pequeño montículo de piedras que identifica los lugares sagrados”, informó Badano.

Con esta ceremonia ancestral, el Movimiento completó el señalamiento de siete sitios arqueológicos ubicados entre la ruta 25 de Escobar, la ruta 27 de Tigre, el río Luján y las vías del ferrocarril General Mitre.

La zona, de unas 8000 hectáreas, está atravesada por los arroyos Escobar, Garín y Claro; y “coincide con un territorio de humedales y campos que están desapareciendo desde los `90 para dar paso a los grandes complejos de barrios privados”, indicó el Movimiento.