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La guardia del Hospital del Niño de San Justo estuvo cerrada este domingo

12 noviembre 2012

El Servicio de Guardia del Hospital del Niño de San Justo, en el oeste del conurbano bonaerense, estuvo cerrado este domingo desde el mediodía, según informaron pacientes que debieron recurrir a otros centros de salud, y confirmó una fuente profesional.

Se trata del hospital pediátrico del partido de La Matanza, con 1772.000 habitantes según el censo 2010.

La suspensión del servicio se produjo porque las apenas dos pediatras que debían trabajar este domingo tuvieron problemas de salud, según reveló Pedro Zamparolo, secretario general de la Asociación de Profesionales de la Salud Pública de La Matanza.

“Una de las pediatras, que está embarazada, tuvo un problema, y la otra un pico de presión. El equipo que estaba de guardia (de 24 horas) desde el sábado, avisó a las autoridades y se quedó hasta el mediodía, pero no estaba en condiciones de continuar”, dijo el dirigente.

Los médicos salientes derivaron a algunos pacientes a la sala de internación y a otros les dieron el alta, de modo que no quedó ningún niño en el servicio de guardia, que quedó cerrado para nuevos casos por las siguientes horas.

“Traje a mi hijo al hospital porque tiene un fuerte dolor de oído pero la guardia médica está cerrada y no sé a dónde llevarlo”, dijo Verónica González. La señora aseguró que nadie en el lugar le dio una explicación ni encontró avisos, sin embargo, Juan Insaurralde, otra persona que tropezó con la misma situación, relató que “está todo cerrado y hay carteles en las paredes que dicen que es por falta de personal”.

“Es angustiante encontrarse con ésta situación. Yo tuve que pedirle al colectivero que me deje viajar para traer a mis hijos porque no tengo plata y ahora nos derivan al (hospital) Posadas. ¿Cómo voy a hacer para ir?”, se quejó Insaurralde.

María, por su parte, dijo que venía desde González Catán. “Tengo que viajar media hora en colectivo con mi hija y no la atienden porque no hay médicos”. “Que nos den una explicación, algo tienen que hacer, no pueden mandarnos de un lado a otro”, protestó.

Zamparolo, quien además es director de un centro de salud en Virrey del Pino, en el mismo distrito, aseguró que la guardia del hospital de niños, que atiende a todo el partido de La Matanza, debería contar al menos con siete pediatras.

“Pensamos que es una vergüenza no tener recursos para una situación como ésta. Hace años que venimos advirtiendo sobre el éxodo de profesionales”, añadió.

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Prospera una feria platense incubada con microcréditos de la Facultad de Agronomía

26 octubre 2012

La feria “Manos de la tierra”, de La Plata, celebró su cuarto aniversario con una jornada especial de ventas en la Facultad de Agronomía de La Plata, que incluyó actividades artístico-culturales.

Está formada por productores familiares de verduras, fruta, miel, plantas y flores, huevos y otros productos de elaboración casera, que han recibido microcréditos del Banco Social, un programa de extensión universitaria de esa facultad, sin parangón entre las unidades académicas del país.

La feria lució rebosante de productos este jueves en el predio de las calles 119 y 60, de La Plata, donde funciona regularmente los miércoles, mientras que los viernes, lo hace en el campo de la Facultad de Ingeniería.

Marta Ocampo, viuda, de 65 años, tenía una rotisería que, por razones de seguridad prefirió cerrar. En el local montó un centro cultural y allí asistió a un curso de apicultura. Su vida dio un giro cuando contactó al Banco Social.

Asociada con una vecina y una hermana obtuvo 500 pesos que le permitieron armar un vivero en los 50 metros del fondo de su casa, en la periferia de La Plata. Así surgió Ave Fénix, el vivero que no sólo le permite vivir a Marta y sus dos socias sino que además le gratifica a nivel espiritual.

“Es que Manos a la Tierra es una familia grande que trabaja y crece cada día más, que reúne productores de distintos lugares que traen la sabiduría de sus antepasados y se esfuerzan por defender nuestra tierra y todos sus productos. No somos pobres: teniendo manos y los medios naturales de este país, no podemos decir que somos pobres”, sostuvo.

Laura Olarte, de El Pato, partido de Berazategui, recuerda aquel día de 2007 cuando, al ver rotos los plásticos del invernadero de su quinta, su cuñado le habló del Banco Social. “Teníamos dos hectáreas donde trabajaba toda la familia. Nos presentamos al Banco que nos otorgó 1000 pesos. Nos sirvieron para comprar semillas y los nylon, a pagar en once meses”, detalló.

Olarte explicó que la ventano era muy rentable, pero “Manos de la Tierra” le permite hoy vender sus productos todos los miércoles. “Esto es del productor al consumidor, no hay intermediarios”, remarcó.

Leónidas Velázquez, boliviano, vendía verduras con su familia hasta que una de sus hijas, estudiante de Agronomía, le comentó del Banco Social, y fue así como accedió a un primer crédito de 1000 pesos con el que compró los primeros plantines y semillas para su vivero. “Sabíamos trabajar, pero no dónde vender y en eso también nos ayudaron las promotoras del Banco Social”, afirmó.

Carlos Urbizu, apicultor de Sourigues, en el partido Berazategui, tenía varias colmenas y vendía en su casa por lo que acceder al Banco Social le permitió ampliar su producción y saber cómo comercializarla. “Yo siempre viví de la miel y el Banco Social me interesó por el otorgamiento de préstamos sin interés ya que por ser un productor chico no accedía a otros préstamos y por el ingreso que supone estar en la Feria”, recordó.

La secretaria de Extensión de la Facultad de Agronomía platense, Claudia Kebat, explicó que el Banco nació en 2005, a partir de un grupo de docentes que conocía la situación de la frutihorticultura de la región tras la crisis de 2001. El proyecto se encaminó con un subsidio del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia de Buenos Aires.

“Al principio la ayuda se destinó a diez productores y hasta la fecha se ha otorgado ayuda a más de 200 productores. “El cumplimiento (en el pago) es muy alto”, destacó.

Ya hay una docena de ferias agroecológicas en el conurbano

16 octubre 2012

Las ferias agroecológicas tienen sobrados merecimientos para que las apoyemos. Sus productos son más sanos y sabrosos, las transacciones son directas entre productor y consumidor, están formadas por asociaciones de huerteros que en muchos casos encontraron en ellas la solución para la desocupación y emplean técnicas que respetan la naturaleza.

Aprendí mucho en la nota que hice sobre estas experiencias. Ahí va:

Las ferias agroecolócias del conurbano

Doscientas familias del conurbano bonaerense, que producen verduras y frutas para autoconsumo con técnicas agroecológicas, dan vida con sus excedentes a una docena de ferias de venta directa al consumidor.

Se trata pequeños huerteros que, con capacitación y estímulo estatal, se fueron asociando para producir y vender a sus vecinos los productos que no llegan a consumir, y completar así los ingresos familiares, en general magros porque muchos de ellos vienen de situaciones de desocupación.

Las Ferias de Agricultura Familiar, Urbana y Periurbana constituyen una experiencia de economía social y solidaria. Funcionan con regularidad, una, dos o cuatro veces por mes, en lugares y horarios fijos, con aval de los respectivos municipios.

“Yo produzco verduras de hoja, alcauciles, melones, distintas variedades de zapallo, como calabazas, anco y plomo, muy cotizado éste para los locros”, contó María Albarracín, miembro de la feria de Los Polvorines, partido de Malvinas Argentinas.

Muchos de los huerteros también ofrecen miel y productos elaborados como dulces, conservas, panificados, pero únicamente de cocina domiciliaria.

Albarracín, que nació en San Juan, también produce alcayotas. “Es una fruta parecida a la sandía, fibrosa, con la que se hace un dulce muy rico que se come con queso. Me traje las semillas de mi provincia”, explicó.

La mujer tiene huerta hace unos siete u ocho años y recibió capacitación del Pro-Huerta, un programa conjunto del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta) y el Ministerio de Desarrollo Social que promueve la autoproducción comunitaria de alimentos con técnicas ecológicas.

“En la capacitación empezamos a conocernos con otros productores y primero llevábamos los productos al mercado de Bonpland (en el barrio porteño de Palermo), después, hace cuatro años, decidimos hacer esta feria”, historió María.

En Malvinas Argentinas, al igual que en General Rodríguez y Tigre (General Pacheco y Don Torcuato), los productores aplican concienzudamente un protocolo agroecológico, bajo supervisión del Inta y con participación, según los casos, de Bromatología del municipio o incluso la Secretaría de Agricultura Familiar.

Las otras ferias de este grupo todavía emplean técnicas tradicionales pero están en transición hacia esta forma de producir más armónica con la naturaleza.

“Las plagas se controlan con remedios naturales. Por ejemplo, jarabe de ajo (ajo machacado, alcohol y agua) para el pulgón; ceniza o cerveza en una latita, para los caracoles. Los dulces se preparan únicamente con la fruta y azúcar”, detalló la huertera de Malvinas Argentinas.

Sebastián Coll, técnico del Inta que trabaja con ese grupo de productores y con la feria de Escobar, explicó que “la idea es que vendan en el barrio los excedentes de lo que producen para consumir en familia, y esa es una de las garantías de estos productos, porque ellos venden lo mismo que comen y les dan a sus propios hijos”.

“Se aplican formas de producción que respetan los ciclos de la naturaleza, se asocian las plantas, hay rotación, se usan abonos orgánicos”, aseguró.
Como resultado obtienen productos saludables, inocuos, de muy buena calidad.

“Salen tomates riquísimos, frutillas riquísimas. También venden plantines de especies ornamentales, sin los químicos que les ponen los viveros, que sin ellos después se te mueren”, dijo Coll.

Otra característica de estos emprendimientos es que sus precios no los define la oferta y la demanda, ni la puja con acaparadores ni intermediarios.

“Los productos orgánicos suelen ser más caros. Aquí tratamos que el productor tenga su remuneración y que el precio sea justo para el consumidor. Así, productos de calidad, producidos en barrios populares, también pueden ser consumidos en barrios populares”, subrayó el técnico.

Mariana Morics, una profesional del Inta dedicada al rubro ferias en el Pro-Huerta, aclaró que “en ciertas localidades, los feriantes confluyen con programas estatales nacionales como ‘Pescado para todos’, y algunas ferias incluyen también puestos de artesanías, pero no reventa de artículos”.

La experta calculó que la docena que aproximadamente funcionan en el conurbano con técnicas agroecológicas o en transición hacia ellas, reúnen a unos 200 productores que venden en más de 300 puestos, reciben alrededor de 1700 visitantes, de los cuales casi 1000 compran regularmente.

Las familias participantes encuentran en esto una forma de diversificar sus ingresos. Tal vez algún miembro tiene un sueldo, otro una jubilación, alguien puede que cobre de un plan social y el grupo obtiene también ingresos de su producción hortícola, en forma de comida o por la venta de excedentes.

”Comprar en estas ferias es obtener alimentos frescos de calidad y también valorizar una forma de trabajo y organización social productiva y comunitaria”, subrayó.

Morics detalló que funcionan en la plaza Alvear, de Don Torcuato; la plaza Pacheco, de General Pacheco; en Mosconi y Perón, Los Polvorines; frente a la estación Maquinista Savio, de Escobar, y la plaza Martín Rodríguez, de General Rodríguez.

Otras están en la plaza Doctor Buján, de Paso del Rey; la Plaza de la Libertad de Francisco Álvarez; el Centro Alas, de Rafael Calzada; frente a la estación Marcos Paz; el parque San Martín, de Luján, y la Facultad de Veterinaria, de La Plata.

También existen, aunque con funcionamiento irregular, las ferias de la plaza San Martín, en el partido del mismo nombre y la de la plaza del barrio La Carolina, en Florencio Varela.

El Inadi expone fotos sobre “Bolivianos en la Argentina”

4 octubre 2012

El Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) inauguró en su sede la exposición fotográfica “Comunidad de trabajo: bolivianos en Argentina”, del reportero gráfico Alejandro Reynoso.

“Este hecho artístico viene a reflejar nuestras convicciones sobre lo que significan los migrantes, y constituye una herramienta más para seguir mostrándolas”, dijo el interventor en el Inadi, Pedro Mouratian.

La imágenes retratan la vida dedicada el trabajo en la huerta de una numerosa familia de inmigrantes bolivianos radicada en Moreno, en el oeste del conurbano bonaerense.

“Me conmovió el nivel de compromiso con su comunidad, la honestidad de su esfuerzo, y quise que se viera más, como homenaje al trabajo de estos hermanos latinoamericanos”, dijo Reynoso, el expositor.

Tapia, Reynoso y Mouratian

En la ceremonia estuvo presente el cónsul de Bolivia, Ramiro Tapia Sainz, quien elogió en las fotos “el colorido de las hortalizas frescas y las manos humildes de bolivianos que las producen”.

Tapia Sainz citó un estudio de la Universidad de Buenos Aires según el cual entre el 60 y el 80 por ciento de las hortalizas y frutas argentinas son producidas o cosechadas por manos bolivianas, “y eso nos llena de orgullo”, enfatizó.

Mouratian afirmó además que “desde la sanción de la ley de Migraciones, en 2004, la migración es un derecho, en consonancia con los pactos y convenciones a los que la Argentina adhiere”.

En el caso de los bolivianos en la Argentina, “tanto el Consulado como la Embajada (de Bolivia) y la propia comunidad, sienten que organismos como el Inadi, y el gobierno argentino en general, los acompañan en su anhelo, que no es otro que el trato igualitario”.

Mouratian anunció que la exposición será replicada en otros puntos del país, y el cónsul expresó su deseo de que sea exhibida también en el Consulado, en Buenos Aires.

Científico argentino de la Nasa mostró que la ciencia puede entusiasmar y emocionar

10 septiembre 2012

Fui el domingo a Tecnópolis a escuchar una conferencia de un científico argentino que trabaja en la Nasa de Estados Unidos. Lo que contó, sobre la llegada del Curiosity a la superficie de Marte no me resultó novedoso, porque lo había seguido en su momento, pero hubo un ángulo… lo cuento en la nota que hice para Télam:

Argentino de la Nasa mostró en Tecnópolis que la ciencia entusiasma y emociona

Buenos Aires, 9 de septiembre.- El argentino Miguel San Martín, principal ingeniero de vuelo del robot Curiosity, puesto exitosamente por Estados Unidos en Marte hace un mes, se emocionó hasta las lágrimas hoy con el video del aterrizaje con el que cerró una didáctica exposición en Tecnópolis.

Su emoción y el entusiasmo con que lo aplaudieron las más de mil personas que colmaron la Nave de la Ciencia, en la feria, fueron el contundente mensaje de estímulo de las vocaciones científicas y tecnológicas que, más allá de las palabras, emitió su conferencia.

Se cumplía así el objetivo señalado por el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Lino Barañao, al hacer la presentación: “Tecnópolis es una herramienta muy útil para promover vocaciones, para promover el entusiasmo en la formación científica y tecnológica”.

También expuso la estadounidense Ellen Baker, astronauta veterana de tres misiones espaciales. “Geóloga, médica y madre -la presentó Barañao- porque las carreras científico-tecnológicas no son incompatibles con la vida familiar”.

San Martín describió con fotos y videos en pantalla gigante el exitoso viaje de más de ocho meses del Curiosity hasta el Planeta Rojo, especialmente sus críticos últimos momentos, que denominó como “los siete minutos de terror”, debido a los muchos procesos que debían cumplirse de modo automático, sin ensayo previo.

Explicó que los científicos tienen pruebas suficientes para afirmar que en otras época Marte fue un planeta cálido y húmedo como la Tierra, y que el propósito de la misión es determinar si llegó a aparecer la vida o si al menos, se habían dado en algún momento las condiciones ambientales necesarias para ello.

Describió luego las dificultades que debieron vencer los ingenieros para que el aparato del tamaño de un automóvil y 900 kilos de peso desacelerara de más de 20.000 kilómetros por hora a cero, y la inutilidad de los sistemas de misiones anteriores, que llevaron artefactos mucho más pequeños.

Pese a todo, el 6 de agosto pasado, entre los 125 y los 10 kilómetros y de altura sobre Marte, la velocidad de la cápsula que lo transportaba desaceleró en cuatro minutos a 1500 kilómetros por hora, por efecto de la fricción con la tenue atmósfera, con la protección de una coraza térmica.

Luego, se desprendió la coraza y se abrió el paracaídas por los siguientes dos minutos. “Tenía 25 metros de diámetro y media cuadra de largo”, explicó.

Finalmente, a 1,8 kilómetros de la superficie, se encendieron los retrocohetes que dejaron el transporte suspendido a 30 metros del suelo, como un helicóptero. Desde allí, bajó al Curiosity con cuerdas, como una grúa, lo desenganchó y luego, cumplida su misión, fue a estrellarse a un lado, como había sido previsto.

Así, tras viajar 565 millones de kilómetros, el Curiosity se posó con apenas 2,2 kilómetros de error respecto del centro de una amplia área definida como óptima para hacer su trabajo, entre el borde del cráter Gale y el monte de cinco kilómetros de altura que se erige en el centro de esa depresión de impacto y que será objeto de la exploración.

Como resumen, un video mostró “los siete minutos de terror”, cómo se fueron cumpliendo paso a paso las operaciones, ante la mirada expectante de los científicos, San Martín incluido, en el control de vuelo de Pasadena, y de otros auditorios, y el estallido de alegría cuando culminó.

Aunque lo habrá visto infinidad de veces, San Martín, apenas pudo articular un agradecimiento final a los asistentes, que lo premiaron con un aplauso cálido.

El disertante nació hace 53 años en el seno de una familia de chacareros de la rionegrina Villa Regina y es hincha de Estudiantes, según hizo notar alguien desde la platea.

Decenas de personas quisieron saludarlo y sacarse fotos con él, ante la mirada complacida de la embajadora de los Estados Unidos, Vilma Martínez; el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, y el presidente del Conicet, Roberto Salvarezza.

A propósito del trabajo social con los presos

23 agosto 2012

No conozco el tema como para meterme en la polémica que se armó por lo del “Vatayón militante”, pero sí tengo algo para decir sobre el trabajo social con los presos. Copio una nota que hice en marzo, y que en su momento no reproduje porque tenía esta bitácora inactiva.

Premian a presa brasileña por foto sobre violencia contra las mujeres

Buenos Aires, 16 de marzo de 2012.- Una inmigrante brasileña, privada de su libertad en el penal de Ezeiza, obtuvo hoy una mención especial en un concurso de fotografía, con apoyo del gobierno, dirigido a denunciar la violencia contra las mujeres.
Texeira da Silva estuvo entre los 20 ganadores del concurso “Mirar para cambiar” con la obra “Giseli”, en la que alguien forma algo muy parecido a una mancha de sangre volcando esmalte rojo para uñas sobre una hoja de cuaderno.
“Estoy muy contenta. Nunca pensé que iba a recibir este premio. Yo me encuentro privada de mi libertad, agradezco a la maestra…”, alcanzó a decir la premiada antes de que estallara toda la elocuencia del llanto.
A su lado, estaba la subsecretaria de Derechos Humanos, Marita Perceval, que la había convocado a cerrar con sus palabras la ceremonia de premiación, realizada esta tarde en el hemiciclo de la Sala de Representantes, la primera legislatura de la ciudad, construido en 1821, en la Manzana de las Luces.
Texeira contó que nació en San Pablo, que antes trabajó con su madre en un taller de costura y después “erré el camino”. Dijo que en abril cumplirá un año en Ezeiza y que con otras internas se inscribió en un curso de fotografía hace tres meses.
“Me gustó mucho el taller que hicimos. Estoy muy contenta con el premio, que me da entusiasmo para seguir con la fotografía, tal vez profesionalmente”, dijo, esforzándose por pronunciar bien el castellano.
En la ceremonia, Perceval agradeció a María Pía Devoto, titular de la Asociación para Políticas Públicas, organizadora del certamen que, dijo, el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, “no dudó un instante en apoyar”.
Agradeció asimismo a la embajada de Noruega en la Argentina por su participación en la iniciativa, y elogió a ese país por exhibir una de las sociedades más igualitarias.
La funcionaria destacó que “en América Latina, después de las crueles dictaduras que hemos tenido, fuimos recuperando el estado de derecho y construyendo la democracia”, y en particular, desde 2003, hubo un especial “compromiso del Gobierno con los derechos humanos “incluidos los de las mujeres”.
“Una política que es llevada adelante con el Consejo Nacional de la Mujer, la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia y la legislación que avanza día a día, a tal punto que el Congreso ya trata incorporar el femicidio como figura en el Código Penal”, subrayó.
Perceval felicitó a los ganadores y sintetizó el espíritu del concurso en una consigna: “Basta de violencia contra las mujeres”.
El primer premio fue para Jorgelina Sánchez, con su expresiva foto “Temor”, retratado en la mirada asustada de una mujer que asoma entre sus brazos alzados para detener golpes.
El segundo premio lo obtuvo María Florencia Gundín, con “Frágil”, un primer plano de anteojos rotos sobre el piso y más atrás, borrosa, una mujer tal vez derribada por una agresión.
El concurso contó con 219 obras participantes. Los ganadores fueron de la Ciudad de Buenos Aires, de las bonaerenses La Plata, Ezeiza, Quilmes, Lomas de Zamora, de las cordobesas Paso de los Andes, Alta Gracia, Río Ceballos, Río Cuarto, Unquillo y Córdoba Capital, y de las mendocinas Luján de Cuyo y San José, Guaymallén.

Bomberas parte 1: Argentina

18 agosto 2012

Del 15 al 17 de agosto se hizo en Buenos Aires un fraternal Encuentro Internacional de Bomberos, con delegaciones de países hermanos y de cuarteles locales. Me llamó la atención que hubiera unas cuantas bomberas y fui a entrevistar a algunas. ¿Hacen las mismas tareas que los varones? ¿Sufren machismo? ¿Cómo se arreglan con su vida familiar? ¿Cómo surgió su vocación?  Hoy, las respuestas de bomberas argentinas.

Vanesa Noguera, de San Pedro, y Verónica González, de Ituzaingó, ambas de 27 años y bomberas hace seis, pertenecen a cuerpos que integran la Federación de Bomberos Voluntarios “2 de junio”, que abarca 17 distritos bonaerenses con unos 2000 efectivos en total.

Vanesa relata:

“Mi papá fue bombero 25 años. El oficio me atraía, tenía curiosidad, pero a mi mamá no le gustaba. Igual hice el curso para ingresar y me reenganché, y después, a cada experiencia de ayudar a la gente, te gusta más. El curso es teórico-práctico y dura todo un año.

“Para vivir, en general trabajo en el comercio, y dedico horas de voluntaria a esto, repartiendo el tiempo con mi familia, con mi marido y mi hija de dos años. A veces hay alguna discusión, porque por ahí tenemos algún plan, alguna salida juntos, y suena la sirena y tengo que olvidarme de todo y salir corriendo. Pero se lleva.

“Cumplimos las mismas funciones que los hombres. Sabemos manejar una línea (manguera), cortar la luz o atender una víctima. Trabajamos a la par de los varones. Hay gente que no hace diferencias y otras te limitan por ser mujer. Pero esto no pasa en general con mis compañeros. Siempre a la par, sin limitarme por más cansada que esté. No hay que abandonar en ningún momento.

“La situación más dramática que me tocó fue el choque múltiple la ruta 9 en 2009 por la niebla, con decenas de heridos. Uno quiere ayudar a todos y tiene que fijarse en la prioridad”.

Verónica cuenta:

“Yo nací en el Chaco y me mudé al conurbano. Un día pasé por la puerta del cuartel y entré a preguntar, por curiosidad. Ahí descubrí que me gustaba.

“Hice el curso de seis meses. Mi primera salida fue para rescatar a un gato; luego una driza (bandera enredada) en una escuela, y hasta ahí, todo tranquilo, pero sonó la alarma: fuego en una casa de familia.

“Mi jefe me dijo ‘Yo te voy a sacar buena’, y me puso con una línea en una pieza y me marcó dónde atacar. ‘El fuego tiene vida -me dijo- pero te tiene más miedo a vos que vos a él. Cuando vuelva tiene que estar apagado’. Después de 20 minutos, lo había hecho. Fue mi bautismo de fuego.

“La relación con los compañeros a veces se hace difícil. Éste es un país muy machista. Se creen que la capacidad de las mujeres es inferior. A veces una está limitada por lo físico, pero mi agilidad juega a favor. Una vez se incendiaba un taller de chapa y pintura, había cuatro autos y no se podía pasar. Fui la única que pudo saltar un paredón para atacar el fuego en la base.

“Yo soy madre soltera de un nene de 6 años y vivo con mi mamá y mis hermanos.  Ser bombero sin apoyo de la familia no se puede. Todos me apoyan y yo les contagié la vocación. Mi hermana está esperando cumplir los 18 años para hacer el curso para aspirantes, y también mi cuñado.

“A mi nene lo llevo al trabajo. Cuando tengo guardia nocturna duerme en el cuartel. El 2 de junio (Día del Bombero), vino con sus compañeros de la salita (jardín de infantes) y él les mostraba todo. ‘Mi mamá saca la manguera de aquí, ésta es la autobomba, aquí está la ropa’. Creo que también va a ser bombero”.

Karina Trejo

La competencia de Actividades Bomberiles, realizada en un patio de La Rural, no tuvo la exigencia de los Juegos Olímpicos pero tampoco se trataba de embocar un corcho en una copa, y fue durísima para las participantes mujeres.

Karina Trejo, 40 años, maestra jardinera y efectivo del cuartel central de Bomberos Voluntarios de Villa Ballester, puede dar fe de la exigencia, a tal punto que a cinco metros de ganar su competencia, cayó exhausta, se golpeó y abandonó, pero con la suerte de que hubo cientos de colegas cerca para ayudarla.

Esta mujer de 1,50 metros de altura, que usualmente está al frente de la salita de 5 años, compitió enfundada en su equipo antiflama, con casco, máscara de oxígeno y pesado tanque como mochila, contra una colega, más alta y fuerte, que fue al frente en casi todo el recorrido.

Subió una escalera de dos tramos llevando al hombro una manguera atada de 30 kilos. Izó con una cuerda otra manguera enrollada. Bajó a la carrera, hizo deslizar un objeto pesado a golpes de maza y corrió en zigzag en busca de una manguera conectada.

Ya alcanzando a su rival, volvió con la línea cargada para arrojar un certero chorro sobre un blanco, y ya dueña de la punta, solo le faltaba arrastrar 20 metros un maniquí de 75 kilos, pero no llegó.

Aunque se convirtió en la víctima a socorrer fuera de programa, se repuso y posó sonriente para las fotos de sus compañeros. ¿Quién puede pensar que no merece una medalla?