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San Luis tuvo su Carnaval Carioca faraónico pero no pudo empezar las clases

15 marzo 2010

 El gobernador Alberto Rodríguez Saá, que se ha destacado con algunas medidas como ofrecer wi-fi libre en toda la provincia, esta vez se mandó una de espanto.

Construyó un Sambódromo y trajo por una semana a mil integrantes de escolas do samba de Río de Janeiro para una fiesta faraónica que según algunas denuncias costó 8 millones de dólares.

En realidad, la medida en sí misma no sería criticable si formara parte de una política de desarrollo turístico, que San Luis la tiene y no estoy en condiciones de juzgar si es buena o mala. A simple vista parece un desborde, pero concedamos el beneficio de la duda.

Lo tremendo es que, simultáneamente, la provincia que los Rodríguez Saá manejan como un principado es una de las cinco que no pudo empezar las clases por demandas salariales docentes no satisfechas.

Según explicó el dirigente Juan José Dana, si bien los maestros de San Luis cuando ejercen un solo cargo ganan por encima de la media salarial nacional, por el segundo cargo sólo reciben 30%. O sea, si un docente gana 2000 en un cargo, si trabaja el doble gana 2600.

¡Un papelón!

Encima, miren esta noticia que difundió la agencia DYN: 
   SAN LUIS mar 14 (DyN) – Docentes denunciaron hoy la explosión de una bomba de estruendo que provocó el estallido de varios vidrios en la sede de la Unión Docentes Argentinos, ubicada en la calle Pedernera, en Villa Mercedes.
   El secretario general del sindicato, Roberto Ceballos, informó a DyN que el atentado se produjo “alrededor de las seis de la mañana” y que “no hubo heridos”.

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Dengue, gripe A y ahora poliomielitis

3 junio 2009

Es alarmante. Se detectó un caso de la terrible poliomielitis en San Luis, el primero en once años. El enfermo es un niño de Villa Mercedes de 15 meses. Le paralizó una piernita.

Las autoridades sanitarias lanzaron la urgente recomendación de que todos los menores de 18 años se aseguren de tener completo el esquema de vacunas. En este caso, la protección la da la Sabin, la vacuna que tanto celebró mi generación en su infancia porque se toma ingiriendo unas gotitas directamente o en un terrón de azúcar y reemplazó a la Salk, que requería pinchazo.

Pero meditemos un poco. Poliomielitis, rápida expansión de la gripe A (hasta ayer iban 144 casos), dengue.  Y sigo: chagas, fiebre amarilla en Misiones, tuberculosis, en su momento cólera, pediculosis ¿Qué está pasando?

La noticia del chiquito de San Luis da una pista. Los médicos suponen que se contagió porque, sin estar vacunado, debe haber ingerido agua contaminada o fue tocado por manos sucias. El virus está en la caca.

El mecanismo es así. Un chico vacunado tiene en su cuerpo el virus en su versión estéril y libera parte de él cuando defeca. Pero el virus va mutando a medida que infecta personas que no tienen protección, no vacunadas, hasta que en alguna de esas mutaciones se da una versión que alcanza la virulencia del virus salvaje. 

Lo digo aunque parezca obvio: la miseria es un enorme aliado de ésta como de tantas otras enfermedades.

Los epidemiólogos afirman que cuando una comunidad está cubierta en al menos 95% por la vacuna, no hay riesgo de propagación de la polio. En el caso anterior que fue en 1998 en la ciudad bonaerense de Pergamino, se constató que la cobertura de Sabin abarcaba 95% de los chicos, de modo que no hubo expansión de la enfermedad.

Pero ahora, las autoridades investigaron la zona donde vive el pequeño paciente y constataron una cobertura de 83,2% de la población de hasta 18 años. Hay peligro.

Y se descubren otros aliados de la enfermedad además de la miseria. ¿Quién vacuna a niños que no van a la escuela?  ¿Quién se ocupa de los planes preventivos si el sistema de salud está colapsado o degradado o desfinanciado? ¿Quién controla las vacunas de los chicos de la calle? ¿Cuándo habrá voluntad, presupuesto, dedicación para obras de saneamiento en tantos bolsones de pobreza? ¿Quién llega a las familias más expuesas, en las villas, en los pueblos pobres?

Para mí la conclusión es evidente. Con esto, con desastres naturales como el de Tartagal, con la expansión del delito estamos pagando como sociedad la distribución terriblemente injusta de la riqueza, la destrucción de organismos públicos y la degradación de la dirigencia política. Son las secuelas de un modelo de país que se vino edificando desde la Dictadura. Hay que ir en sentido contrario, hacia una cada vez mejor inclusión, y perseverar años en ello para revertirlo.