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Construyen barrios privados sin preservar sitios arqueológicos

31 diciembre 2012

Una sorda y desigual lucha se libra en cierto rincón bonaerense entre Dique Luján (Tigre) e Ingeniero Maschwitz (Escobar). Las lucrativas inversiones en barrios privados está arrasando sitios arqueológicos precolombinos y han despertado la oposición de agrupaciones indígenas, defensores del patrimonio cultural y vecinos sensibilizados con el tema, que no se oponen a los emprendimientos, pero reclaman que sean cuidadosos y respetuosos con esa herencia invaluable.

Hoy refiero uno de los tantos episodios que jalonan esta pulseada, que seguramente será larga y accidentada.  De hecho, la noticia que les cuento a continuación, que ocurrió en Nochebuena, quedó rápidamente envejecida, porque alguien se ocupó luego que retirar los carteles, pero vaya igual a título ilustrativo de lo que allí está ocurriendo en los últimos años:

Señalan un sitio arqueológico donde se construye un barrio privado

El Movimiento en Defensa de la Pacha, formado por descendientes de diversas etnias indígenas, advirtió hoy sobre la existencia de un sitio arqueológico de 2000 años de antigüedad en un predio del partido bonaerense de Escobar donde se construye un barrio privado.

Se trata de la obra del “country” San Matías, de 200 hectáreas en la localidad de Ingeniero Maschwitz, desarrollada por la firma Eidico al lado de El Cantón, de 500 hectáreas, y de Nordelta 2, de 1500, todos en construcción, en una zona que comienza a conocerse como “Nuevo Escobar”, informó Pablo Badano, vocero del Movimiento.

La organización “reivindicó la presencia de los espíritus de los pueblos originarios en el corazón del futuro country San Matías”, según informó en un comunicado.

Lo hizo mediante una ceremonia ritual de 45 minutos, en la que participó el anciano kolla Pedro Moreira, que consistió en encender un fuego, música sikuri y una ofrenda a la Madre Tierra.

“Nos retiramos dejando una apacheta, un pequeño montículo de piedras que identifica los lugares sagrados”, informó Badano.

Con esta ceremonia ancestral, el Movimiento completó el señalamiento de siete sitios arqueológicos ubicados entre la ruta 25 de Escobar, la ruta 27 de Tigre, el río Luján y las vías del ferrocarril General Mitre.

La zona, de unas 8000 hectáreas, está atravesada por los arroyos Escobar, Garín y Claro; y “coincide con un territorio de humedales y campos que están desapareciendo desde los `90 para dar paso a los grandes complejos de barrios privados”, indicó el Movimiento.

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Reclaman la protección de un cementerio indígena en el Tigre

18 noviembre 2012

Una organización de descendientes de diversas etnias indígenas pidió a las autoridades conocer el destino de 116 cuerpos extraídos por arqueólogos en el nordeste bonaerense a lo largo de más de un siglo y reclamó que se preserve un antiguo cementerio en el Tigre, en la primera reivindicación de este tipo en la Provincia de Buenos Aires.

El sitio que motiva la iniciativa es Punta Querandí, entre el canal Villanueva y el arroyo Garín, en las afueras del pueblo bonaerense de Dique Luján, cerca del paraje Villa La Ñata, donde tiene una propiedad el gobernador bonaerense Daniel Scioli.

El lugar es frecuentado por pescadores y otros visitantes en plan recreativo, pero según el Movimiento en Defensa de la Pacha, fundado en 2009 por descendientes de indígenas emigrados desde sus lugares ancenstrales a la zona metropolitana y por otras personas, es ambicionado por proyectos inmobiliarios.

“Lo que reclamamos que sea mantenido como lugar público y se preserven los restos que allí dejaron los pueblos que habitaban la zona antes de la invasión europea”, dijo a Télam Pablo Badano, integrante del Movimiento y periodista de temas indígenas.

La organización construyó allí un salón, señalado con carteles y la whipala, la bandera de los pueblos originarios, que fue generando un movimiento cultural en su torno, a tal punto que es visitado por delegaciones escolares.

El descubrimiento del valor arqueológico e histórico del lugar se dio a partir de la extensión del canal Villanueva en el marco de la construcción en la zona del barrio privado Santa Catalina, hace más de una década.

“Esa obra afectó un cementerio, conocido como sito Garín, del mismo modo que el sitio Sarandí desapareció por Nordelta. Del lugar se sacaron dos cuerpos. Ya no se discute que es un cementerio, lo que lo convierte en un lugar sagrado. Santa Catalina se construyó encima y lo dañó”, afirmó Badano.

Más tarde, los vecinos comenzaron a observar restos arqueológicos que afloraban al desprenderse tierra de las barrancas de la otra orilla del canal Villanueva, producto del proceso erosivo. Ese lugar es Punta Querandí.

El interés de organizaciones de pueblos originarios creció hace unos años cuando visitantes y pescadores fueron advertidos por guardias privados de barrios cerrados próximos, que el lugar había sido comprado para otro proyecto privado.

En diciembre de 2008, una investigación arqueológica encargada por una constructora excavó durante diez días en un sector de 18 metros cuadrados de los más de 6000 que tiene el terreno en cuestión.

Encontró cerámica y restos de animales consumidos como alimento y otras evidencias de un antiguo asentamiento, pero no cuerpos humanos, por lo que el informe funcionó como visto bueno a nuevas construcciones.

La novedad movilizó a las personas y organizaciones indígenas que se habían interesado por lo que el 4 de enero de 2009 constituyeron el Movimiento en Defensa de la Pacha, instalaron allí un acampe permanente para evitar obras en el lugar, hicieron su propia búsqueda que sí dio con restos humanos, y luego construyeron el actual salón, según relató Badano.

El Movimiento tomó nota además de un informe de Daniel Loponte y Bárbara Mazza, expertos del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano y del Conicet, que contabiliza 116 cuerpos encontrados por arqueólogos en la zona de Tigre, Escobar y Campana, desde el siglo 19.

A partir de ello, unió el reclamo de preservación “del sitio público y sagrado de Punta Querandí” al de conocer el destino de los restos de aquellos ancestros indígenas.

El domingo 4 de noviembre, en el comienzo de un mes que para muchas culturas originarias está dedicado a los difuntos, el Movimiento hizo un homenaje a los ancestros en Punta Querandí.

Las decenas de personas que se congregaron para la ceremonia compartieron luego una comida comunitaria, levantaron un altar e hicieron una caminata para reconocer algunos de los enterratorios indígenas de la zona.

En rigor, la festividad se lleva a cabo el 1 y 2 de noviembre y es de origen previo a la llegada de los españoles. “Según la tradición, durante ambos días, quienes ya no están físicamente presentes en el mundo regresan para visitar a sus seres queridos, por única vez en el año”, explicaba el documento que convocaba a aquella ceremonia.

“Es costumbre preparar altares para esperarlos y agasajarlos, donde se colocan flores, velas, fotografías de los difuntos, comida, bebida junto a figuras y otras ofrendas. Esta fecha es vivida con alegría y expectativa, ya que es una oportunidad para reencontrarse con ellos”, añadía.