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Se organiza la autogestión en cinco restaurantes porteños al borde de la quiebra

1 mayo 2013

Trabajadores de cinco restaurantes porteños del mismo dueño, todos al borde de la quiebra, se organizaron en cooperativas y mantienen funcionando los locales en otra incipiente experiencia de autogestión en la que están en juego unos 200 empleos.

La situación involucra a Alé Alé, Don Battaglia, Los Chanchitos, Mangiata, en el límite entre Villa Crespo y Caballito, y La Soleada, de Belgrano, pertenecientes al grupo OJA, todos los cuales están en concurso de acreedores, informaron sus empleados.

Una sexta casa del mismo grupo, La Zaranda, de Villa Urquiza, cerró hace un año y su personal, unos 40 trabajadores, se dispersó sin poder cobrarle a la firma sus deudas salariales.

“Una empresa del mismo grupo, distribuidora de insumos para restaurantes, les vendía a precios siderales y así se organizó el vaciamiento”, reveló Federico Tonarelli, presidente de la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajadores Autogestionados (Facta).

Explicó que así “empezaron a acumular deudas impositivas, previsionales, comerciales y con sus propios trabajadores”.

Andrés Toledo, presidente de la cooperativa formada por los 40 trabajadores de Alé Alé, dijo a Télam que las dificultades se sucedieron durante todo 2012, incluidos despidos intempestivos.

Relató que a Enrique Benavídez, con ocho años de antigüedad, lo despidieron por tomarse una gaseosa, y que el parrillero, Carlos Martínez, con 17 años en la empresa y operado hace poco de la columna, fue a reclamar su sueldo y al día siguiente recibió el telegrama. “No les importaba nada”, se quejó Toledo.

Finalmente, en diciembre de 2012 los administrativos y el socio gerente dejaron de ir al local y en enero un supervisor les dijo que fueran buscando otro trabajo, que iban a cerrar.

“Paramos el primer fin de semana pero no pasaba nada. Reabrimos cobrando solo en efectivo para que entrara dinero y poder cobrarnos algo a cuenta”, relató Toledo, quien se puso al frente de sus compañeros pese a carecer de experiencia organizativa.

El dirigente dijo que fue al sindicato gastronómico, la UTHGRA, “y parecía mentira, pero terminé explicándoles que ellos tenían que defendernos a nosotros, los trabajadores, y no hubo caso”.

El problema llegó a los medios y fue un cliente el que les sugirió contactarse con la cooperativa que gestionaba el Bauen, un caso emblemático de autogestión, que a su vez integra la Facta.

Cuando en Alé Alé, asesorados por la Facta, decidieron formar la cooperativa, marcaron un camino que luego siguieron los trabajadores de las otras cuatro casas en crisis.

“El 25 de abril se sumaron los compañeros de Los Chanchitos y ya estamos todos. Intentamos también conectarnos con los de La Zaranda, pero es muy difícil”, comentó Toledo.

Los 200 trabajadores organizados en cinco cooperativas afrontan ahora una etapa compleja en la que deben atender a la vez su propio trabajo, el funcionamiento de cada empresa y la batalla legal con los antiguos dueños, pero el espíritu es muy diferente.

“El clima cambió totalmente. De pasar el fin de año sin un peso, ahora todos ganamos igual y se acabó el individualismo. Un cliente levanta la mano y vamos todos, nadie se toma ni una gaseosa. Vamos temprano al mercado a comprar la mejor verdura”, describió Toledo.

El otro gran escollo es que el local de Alé Alé tiene el contrato de alquiler vencido y el dueño se manifiesta reacio a renovarlo.

Tonarelli dijo que “pide el desalojo porque supuestamente ya lo ha vendido, pero estamos negociando; para nosotros sólo tiene que vencer el prejuicio de alquilarle a una cooperativa de trabajo”.

El empeño de estos trabajadores comenzó a cosechar además apoyos políticos por parte de los diputados nacionales Juan Carlos Junio y Gastón Harispe; los legisladores de la Ciudad Claudia Neira, Edgardo Form, Delia Bissuti, Juan Cabandié y Fabio Basteiro.

También los respaldaron el secretario general de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), Hugo Yasky, el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (Inaes), la Confederación Nacional de Cooperativas de Trabajo (CNCT) y la Confederación de Cooperativas de la República Argentina (Cooperar).

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La aldea mbya guaraní de Yyryapú empezó a recibir visitantes oficialmente

27 marzo 2013

¡Han recorrido muchachos y chicas, gente de Yyryapú, un largo camino! Hora de cosechar tanta siembra y cuidados. Va la nota en la que conté que el gran día por fin llegó. Para los muy interesados, hay más notas en esta bitácora de otras etapas de este gran emprendimiento, pero hay que buscarlas por la etiqueta “Yryapú”, que es como escribía antes el nombre.

Inicia sus actividades una empresa de turismo gestionada por indígenas

Yyryapú 1La primera empresa de turismo autogestionada por indígenas de Misiones iniciará este jueves sus actividades en el territorio de una comunidad mbya guaraní próximo a las Cataratas del Iguazú, donde esperan contingentes de visitantes de la Argentina y de Europa para las próximas semanas.

Se trata de “Yyryapú, turismo guaraní”, un emprendimiento de etnoturismo autogestionado por la comunidad Yyryapú (“sonido de las aguas”) en la selva próxima a las famosas cascadas, su territorio ancestral.

Los responsables del emprendimiento informaron que a través de operadores de diversos mercados emisivos, viajeros nacionales, italianos, franceses y polacos anunciaron su visita a Yyryapú en el primer mes de actividades.

“Entre otros, los estudiantes universitarios del turismo representan uno de los segmentos más interesados en conocer esta experiencia vinculada al pueblo originario de la selva misionera”, destacaron.

La empresa comunitaria ofrecerá paseos guiados por senderos selváticos y, en un centro de visitantes, los jóvenes mbya contarán aspectos de su patrimonio natural y cultural.

También se ofrecerán artesanías y actuarán grupos corales con instrumentos típicos y canciones atesoradas por la comunidad por generaciones.

Los responsables de la empresa destacaron que además de generar trabajo, el emprendimiento estará al servicio del bienestar de las familias del tekoá (aldea) y de la conservación de la selva, que es el hábitat natural de los guaraníes.

Parte de los ingresos de la nueva actividad irán a un fondo comunitario para atender necesidades que se determinen, como instalar una bomba de agua o pagar un remís para llevar a una parturienta al hospital.

“Yyryapú, turismo guaraní” se trata de la primera empresa social bajo control indígena que se suma a los atractivos del destino turístico Iguazú, foco de un multimillonario negocio internacional.

La aldea está a pocos minutos del centro de Puerto Iguazú, ciudad fronteriza con la paraguaya Ciudad del Este y la brasileña Foz de Iguazú, y muy próxima al Parque Nacional Iguazú, que rodea las cataratas.

En su territorio recibirá diariamente desde las 8 a los visitantes, que serán atendidos por equipos de jóvenes capacitados en la escuela “Clemencia González-Jachuka Yvapoty”, creada en 2007 por la comunidad con apoyo de una ONG y cofinanciada por los gobiernos de Canadá y de Misiones.

Asimismo, como resultado de una donación de la Fundación Interamericana y la gestión de la Fundación Banco de Bosques, Yyryapú cuenta con la infraestructura y los servicios indispensables para su inserción en los circuitos nacionales e internacionales del turismo responsable.

El inicio de actividades es un hito en la batalla de este pueblo de la selva por conservar su cultura y su forma de vida. Sus líderes han definido que fundar la empresa, más que para hacer un negocio, procura que les permita seguir viviendo según sus pautas culturales.
Coro 5
“Se busca reproducir la vida, no el capital”, explicó en su momento Claudio Salvador, coordinador del Proyecto Modelo de Autogestión para Turismo y Empleo (Mate), que acompañó siete años esta experiencia hasta su maduración.

En la aldea viven unas 500 personas, de las cuales unas 15 o 20 tendrán empleo directo en la empresa comunitaria, mientras que unos 50 artesanos podrán aprovechar el movimiento que se genere para vender sus productos.

Estuve en el último entrenamiento de la Selección de Pastelería

15 enero 2013

El lunes se celebró el Día del Pastelero y un grupo de ellos, probablemente los mejores de la Argentina, festejó trabajando intensamente. Es el equipo que irá al Mundial de la especialidad que hacía su último entrenamiento.  (Ligué una porción de una torta ¡espectacular! Va la nota que hice para la agencia:

Parte al Mundial de Francia la Selección Nacional de Pastelería

Hay equipo: Abán, García, Ruiz (c) y D'Alonso.

Hay equipo: Abán, García, Ruiz (c) y D’Alonso.

Un grupo de campeones nacionales de Pastelería, una suerte de selección argentina de la especialidad, competirá a fin de mes por la Copa Mundial en la ciudad francesa de Lyon, donde presentará sus postres con motivos que homenajean al cardiólogo René Favaloro.

El conjunto nacional, que tendrá rivales de 21 países surgidos de las rondas clasificatorias por regiones, está formado por los maestros pasteleros José “Pepe” D’Alonso (54 años), Jorge García (37) y Mario Abán Cruz (58), junto con Eduardo Ruiz (46), el capitán, quien en esa función integra el jurado del certamen.

Los argentinos, todos con décadas de oficio en alto nivel, llegan a este mundial con el brillante antecedente de haberse adjudicado en México en agosto último el Concurso Maya Latinoamericano de Repostería, clasificatorio para Lyon.

Tras cinco meses de preparación intensiva, el equipo nacional, apoyado tanto por el sindicato como por la cámara empresaria del sector, ganó ese certamen seguido por Brasil, Colombia y México, en ese orden, todos los cuales competirán ahora en Lyon.

En la ciudad francesa los latinoamericanos tendrán entre sus más duros adversarios a la selección local y también a Italia, Bélgica, España y Japón, por ejemplo, que ya han ganado torneos anteriores.

Este lunes, mientras el resto del gremio celebraba su día, el seleccionado argentino realizó su última práctica en la Escuela de Pastelería Profesional de la Federación Argentina Trabajadores Pasteleros, Confiteros, Pizzeros y Heladeros, en Buenos Aires, donde todos sus integrantes son docentes.

El capitán Ruiz explicó que el Mundial se desarrolla en dos jornadas de nueve horas diarias, el 27 y 28 de enero, y se compite en tres rubros: postres de chocolate, helados de fruta y postres al plato.

De los aspectos que se evalúan, el sabor es el de mayor puntaje, pero también cuentan, la originalidad de la receta, que las porciones exhiban prolijamente sus capas sin desarmarse y que el trabajo sea realizado en el tiempo reglamentario, entre otros.

Entre las dimensiones artísticas del certamen aparece también la escultura, con obras de chocolate, caramelo y hielo de más de un metro de altura en las que se hace la presentación final del bufé.

Para este aspecto, el equipo auxiliar de los competidores incluyó al escultor Mariano Sivak, quien también es utilero de cine y teatro, y como tal posee una experiencia en el manejo del tiempo muy útil para una competencia contra reloj.

“Observé cómo trabajaban, sus técnicas; vi que usan molduras parecidas a las de la escultura. Charlando mucho y probando fui aportando elementos de composición, de estructura, volumen y espacio con el resultado de una creación colectiva”, dijo Sivak.

Es justamente en esos elaborados soportes escultóricos, que deben hacerseMundial de Lyon íntegramente con elementos comestibles, donde se plasma la referencia al brillante cardiólogo argentino a quien se rinde homenaje, con formas que combinan el símbolo del corazón con la reproducción anatómica del órgano.

Pero el verdadero corazón de la presentación lo constituyen una torta de masa suave, preparada con cacao, romero, pera, avellana y limón, una capa de mousse y un baño de chocolate de rotundo sabor; un helado de dulce de leche, frutos rojos, queso y maracuyá, y un postre cremoso a base de cítricos con baño de frutilla, que incluye una porción de helado muy liviano y un toque crocante de avellanas.

“Salvo algún detalle, con esto mismo ganamos en México. Nos adaptamos a un gusto más internacional. Lo nuestro sería con más dulce de leche, pero como es dulce y graso, no va mucho para el paladar europeo”, explicó Ruiz.

El capitán reveló que la definición de los platos fue un proceso en el que contribuyeron incluso experimentados profesionales, como Dolli Irigoyen, Osvaldo Gross, Olivier Hanoq y Diego Irato, entre otros, a quienes se invitó para degustaciones y cuyas opiniones permitieron ir puliendo conceptos.

Ruiz, quien conoció personalmente a Favaloro, admitió que no fue fácil definir el tema con el que se presentaría la Argentina. “El tango está muy trillado”, opinó. Finalmente, se decidió que la trayectoria del cardiocirujano merece sobradamente el homenaje de que el equipo lo lleve a Lyon como emblema nacional con el lema “Un corazón para todos”.

Además del apoyo sindical, el equipo cuenta con el patrocinio de la empresaria Cámara de Confiterías de la Asociación de Hoteles, Restaurantes, Confiterías y Cafés.

El equipo argentino forma con: 

Eduardo Ruiz, el capitán, de 46 años, lleva la pastelería en el ADN. Aprendió de su padre, a quien a su vez le había enseñado su tío, de quien se sabe que sus abuelos tenían una pastelería en las afueras de Madrid y que, probablemente, todavía funcione. Ruiz es actualmente propietario de La Buenos Aires, en el barrio de Flores, y desde hace 16 años enseña en la escuela sindical, de la que es coordinador profesional.

Pepe D’Alonso, 54 años, entró por primera vez a la cuadra de una pastelería cuando aún no había cumplido los tres años. El local estaba en San Miguel, propiedad de su cuñado y su hermana mayor, y allí su madre trabajaba de cocinera. Cerca de sus 50 años, haciendo equipo con Jorge García, ganó el concurso nacional en la feria Fithep, el evento más importante de la pastelería, y así quedó habilitado para competir internacionalmente.

Jorge García, 37 años, empezó en el rubro a los 14 años como ayudante panadero. “El aroma del pan y de la factura me hicieron ir a pedir ese trabajo”. Fue campeón nacional en equipo con Pepe. Trabaja en la panadería y confitería Dulcis, de Villa Devoto, y da clases en la escuela del sindicato para el nivel profesional. “Mi hijo, de 7 años, que a veces lo traigo a estas jornadas de práctica, es el primero que prueba lo que hago, es mi crítico”, comentó.

Mario Abán, 58 años, es el único de los cuatro que comenzó su vida laboral con otro oficio: sastre. Pero luego se acercó a la escuela y se fue convirtiendo en pastelero y ahora se prepara para ir por tercera vez a Francia a competir en el Mundial. “Vamos a competir con los mejores, que están bien asesorados y tienen mucha trayectoria. Nos vendría bien contar con más apoyo, pero vamos a poner lo mejor de nosotros”, afirmó.

Llamativa baja mortalidad entre las empresas recuperadas por sus trabajadores

26 noviembre 2012

El conjunto de centenares de empresas quebradas, vaciadas o abandonadas por sus dueños que fueron recuperadas por sus trabajadores exhibe, transcurrida más de una década de la crisis que potenció el fenómeno, una muy baja mortalidad, dijeron hoy dirigentes del sector.

“Para contar las experiencias de autogestión que terminaron en fracaso sobran los dedos de una mano”, aseguró Eduardo Montes, integrante de Gráfica Patricios y vicepresidente de la Unión Productiva de Empresas Autogestionadas (Upea).

Montes destacó la escasez de casos fallidos teniendo en cuenta que existen unas 340 empresas recuperadas, la gran mayoría industriales, 65 por ciento de ellas ubicadas en el área metropolitana, y que en conjunto emplean a unos 24.000 trabajadores, según datos del Ministerio de Trabajo.

En tanto, Luis Caro, del Movimiento de Fábricas Recuperadas por los Trabajadores, calculó que los fracasos rondan el 2 por ciento.

“Con mayor o menor dificultad, casi todas salen adelante. Incluso algunas que venían de antes pudieron atravesar la crisis de 2001 y la situación de 2008 con la crisis internacional”, destacó Caro.

También es llamativo que estas firmas hayan recuperado su vitalidad después de que sus dueños las desahuciaran y cuando los obreros debieron hacerse cargo sin previo aviso y debilitados por el éxodo de los administrativos, que en general no acompañan estos procesos.

“En manos de sus trabajadores, la fábrica ya no tiene que generar los sueldos de gerentes ni la plusvalía para el empresario, que en la Argentina acostumbran llevarse mucho”, afirmó Caro.

Para el dirigente, “la gran diferencia es el costo empresarial; por eso los trabajadores, con 20 a 30 por ciento de producción ya pueden mantenerlas en funcionamiento”.

También suma que cuando los trabajadores forman una cooperativa, y se hacen cargo, no arrastran las deudas de los patrones quebrados y esa forma jurídica los exime del impuesto a los Ingresos Brutos y a las Ganancias, porque su fin no es el lucro.

Tanto los dirigentes consultados como estudios de la Universidad de Buenos Aires y el Ministerio de Trabajo coinciden en que también explican el buen desempeño el contexto de una economía que emergió de lo profundo de la crisis y el apoyo estatal.

Montes sostuvo que “en la época kirchnerista los apoyos son múltiples: (del Ministerio) de Trabajo, Desarrollo Social, Educación, el Inti, el Inta, Ciencia y Tecnología; pero falta una mesa que coordine todo en una política pública para el sector”.

El dirigente criticó, sin embargo, que estas experiencias tropiecen una y otra vez con “la patria judicial y la legislación restrictiva, porque la nueva situación rompe con aquello que tradicionalmente se entiende por propiedad privada, que para nosotros debe estar en función social”.

“A las empresas recuperadas lo que le da legitimidad es la razón y la justicia de su reclamo, y el Poder Judicial nos dio muchas veces la espalda”, se quejó.

Montes señaló también que, en estos procesos, el sindicalismo en general “está ausente, salvo excepciones como la Federación Gráfica Bonaerense, algunas seccionales de la Unión Obrera Metalúrgica o la vieja Central de Trabajadores Argentinos (CTA)”, y es escaso el apoyo “del movimiento cooperativo tradicional”.

“Del resto de la sociedad lo que llega es solidaridad. Nos sostienen las organizaciones del pueblo. Por eso, una fábrica recuperada es no solo de los trabajadores sino también del pueblo”, sostuvo.

En cuanto a las debilidades que colocan a unas pocas de estas experiencias a un callejón sin salida, Montes da mucha importancia a la organización previa de los trabajadores.

“Donde había comisión interna, más conciencia de clase, más práctica sindical, la salida fue más organizada y rápida, e incluso los intentos de algunos patrones para dividir a los trabajadores fallaron”, afirmó.

Por su parte, Caro dice que el riesgo de fracaso es alto “cuando no está bien consolidada la cooperativa, cuando falta compromiso de los trabajadores con el devenir de la fábrica”.

Pero sobrevivir no es sinónimo de éxito. Queda por delante asegurar el futuro, y eso requiere que esas experiencias sean capaces de cumplir con las expectativas de sus trabajadores, en cuanto a derechos e ingresos, y de actualizarse conceptual y tecnológicamente en favor de su competitividad.

Ya hay una docena de ferias agroecológicas en el conurbano

16 octubre 2012

Las ferias agroecológicas tienen sobrados merecimientos para que las apoyemos. Sus productos son más sanos y sabrosos, las transacciones son directas entre productor y consumidor, están formadas por asociaciones de huerteros que en muchos casos encontraron en ellas la solución para la desocupación y emplean técnicas que respetan la naturaleza.

Aprendí mucho en la nota que hice sobre estas experiencias. Ahí va:

Las ferias agroecolócias del conurbano

Doscientas familias del conurbano bonaerense, que producen verduras y frutas para autoconsumo con técnicas agroecológicas, dan vida con sus excedentes a una docena de ferias de venta directa al consumidor.

Se trata pequeños huerteros que, con capacitación y estímulo estatal, se fueron asociando para producir y vender a sus vecinos los productos que no llegan a consumir, y completar así los ingresos familiares, en general magros porque muchos de ellos vienen de situaciones de desocupación.

Las Ferias de Agricultura Familiar, Urbana y Periurbana constituyen una experiencia de economía social y solidaria. Funcionan con regularidad, una, dos o cuatro veces por mes, en lugares y horarios fijos, con aval de los respectivos municipios.

“Yo produzco verduras de hoja, alcauciles, melones, distintas variedades de zapallo, como calabazas, anco y plomo, muy cotizado éste para los locros”, contó María Albarracín, miembro de la feria de Los Polvorines, partido de Malvinas Argentinas.

Muchos de los huerteros también ofrecen miel y productos elaborados como dulces, conservas, panificados, pero únicamente de cocina domiciliaria.

Albarracín, que nació en San Juan, también produce alcayotas. “Es una fruta parecida a la sandía, fibrosa, con la que se hace un dulce muy rico que se come con queso. Me traje las semillas de mi provincia”, explicó.

La mujer tiene huerta hace unos siete u ocho años y recibió capacitación del Pro-Huerta, un programa conjunto del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta) y el Ministerio de Desarrollo Social que promueve la autoproducción comunitaria de alimentos con técnicas ecológicas.

“En la capacitación empezamos a conocernos con otros productores y primero llevábamos los productos al mercado de Bonpland (en el barrio porteño de Palermo), después, hace cuatro años, decidimos hacer esta feria”, historió María.

En Malvinas Argentinas, al igual que en General Rodríguez y Tigre (General Pacheco y Don Torcuato), los productores aplican concienzudamente un protocolo agroecológico, bajo supervisión del Inta y con participación, según los casos, de Bromatología del municipio o incluso la Secretaría de Agricultura Familiar.

Las otras ferias de este grupo todavía emplean técnicas tradicionales pero están en transición hacia esta forma de producir más armónica con la naturaleza.

“Las plagas se controlan con remedios naturales. Por ejemplo, jarabe de ajo (ajo machacado, alcohol y agua) para el pulgón; ceniza o cerveza en una latita, para los caracoles. Los dulces se preparan únicamente con la fruta y azúcar”, detalló la huertera de Malvinas Argentinas.

Sebastián Coll, técnico del Inta que trabaja con ese grupo de productores y con la feria de Escobar, explicó que “la idea es que vendan en el barrio los excedentes de lo que producen para consumir en familia, y esa es una de las garantías de estos productos, porque ellos venden lo mismo que comen y les dan a sus propios hijos”.

“Se aplican formas de producción que respetan los ciclos de la naturaleza, se asocian las plantas, hay rotación, se usan abonos orgánicos”, aseguró.
Como resultado obtienen productos saludables, inocuos, de muy buena calidad.

“Salen tomates riquísimos, frutillas riquísimas. También venden plantines de especies ornamentales, sin los químicos que les ponen los viveros, que sin ellos después se te mueren”, dijo Coll.

Otra característica de estos emprendimientos es que sus precios no los define la oferta y la demanda, ni la puja con acaparadores ni intermediarios.

“Los productos orgánicos suelen ser más caros. Aquí tratamos que el productor tenga su remuneración y que el precio sea justo para el consumidor. Así, productos de calidad, producidos en barrios populares, también pueden ser consumidos en barrios populares”, subrayó el técnico.

Mariana Morics, una profesional del Inta dedicada al rubro ferias en el Pro-Huerta, aclaró que “en ciertas localidades, los feriantes confluyen con programas estatales nacionales como ‘Pescado para todos’, y algunas ferias incluyen también puestos de artesanías, pero no reventa de artículos”.

La experta calculó que la docena que aproximadamente funcionan en el conurbano con técnicas agroecológicas o en transición hacia ellas, reúnen a unos 200 productores que venden en más de 300 puestos, reciben alrededor de 1700 visitantes, de los cuales casi 1000 compran regularmente.

Las familias participantes encuentran en esto una forma de diversificar sus ingresos. Tal vez algún miembro tiene un sueldo, otro una jubilación, alguien puede que cobre de un plan social y el grupo obtiene también ingresos de su producción hortícola, en forma de comida o por la venta de excedentes.

”Comprar en estas ferias es obtener alimentos frescos de calidad y también valorizar una forma de trabajo y organización social productiva y comunitaria”, subrayó.

Morics detalló que funcionan en la plaza Alvear, de Don Torcuato; la plaza Pacheco, de General Pacheco; en Mosconi y Perón, Los Polvorines; frente a la estación Maquinista Savio, de Escobar, y la plaza Martín Rodríguez, de General Rodríguez.

Otras están en la plaza Doctor Buján, de Paso del Rey; la Plaza de la Libertad de Francisco Álvarez; el Centro Alas, de Rafael Calzada; frente a la estación Marcos Paz; el parque San Martín, de Luján, y la Facultad de Veterinaria, de La Plata.

También existen, aunque con funcionamiento irregular, las ferias de la plaza San Martín, en el partido del mismo nombre y la de la plaza del barrio La Carolina, en Florencio Varela.

Subtes: a favor de los trabajadores y de la extensión de la red

9 agosto 2012

Ya seguiré contándoles sobre Tecnópolis, pero el conflicto en los subtes es insoslayable.Y tengo algo para decir, que fui pensando este miércoles mientras me caminaba 50 cuadritas desde Scalabrini Ortiz y Corrientes hasta la Plaza de Mayo.

1. Apoyo absolutamente el reclamo del personal, que a esta altura del año todavía no tuvo paritarias y, por lo tanto, sigue cobrando los sueldos sin ajuste alguno. Me resulta absurdo y muy injusto para los usuarios que se haya llegado a esta situación extrema porque los trabajadores, que están haciendo un reclamo salarial normal, no tengan con quién sentarse a negociar, que sus empleadores no se presenten a la negociación.

2. El paro me dio la dimensión del servicio que prestan los subtes. Cuando no andan se tarda el doble en viajar. Me lleva a imaginar cuánto más sencillo sería moverse por la ciudad si aquella promesa del actual jefe de gobierno, Mauricio Macri, de construir diez kilómetros de subte por año se hubiera encarado con seriedad. La red actual tiene algo menos de 50 kilómetros, en cinco años que lleva gobernando tendría que haberla duplicado.

Un saludo a los barrenderos en su día y la historia de un cura luchador

14 junio 2011

Hace rato que el cronista noctambulante quería escribir de los barrenderos. Los ve siempre en plena noche prestando su servicio en el centro de Buenos Aires, a despecho del frío y el mal tiempo. Son laburantes, trabajan de noche … la identificación es obvia, al menos para quienes valoran a quienes trabajan.

La excusa la dio la efemérides, porque hoy, 14 de junio, es el Día del Barrendero Porteño. Y así se gestó la nota siguiente, donde la foto fue obtenida por el colega reportero gráfico Leonardo Zavattaro:

http://www.telam.com.ar/vernota.php?tipo=N&idPub=225563&id=428052&dis=1&sec=4

Celebran el día del barrendero en homenaje a un sacerdote saleciano desaparecido